{"id":811,"date":"2021-12-24T12:07:21","date_gmt":"2021-12-24T11:07:21","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=811"},"modified":"2021-12-24T12:07:21","modified_gmt":"2021-12-24T11:07:21","slug":"ay-veronica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2021\/12\/24\/ay-veronica\/","title":{"rendered":"\u00a1Ay, Ver\u00f3nica!"},"content":{"rendered":"<p>Yo no cuento nunca historias de mi mili, excepto \u00e9sta: en la primavera de 1988, la semana anterior a la Santa, yo me encontraba de permiso en Sevilla. Me quedaban a\u00fan unos pocos d\u00edas de Campamento en San Fernando, C\u00e1diz, lo que supon\u00eda estar ya con un pie en Melilla, mi destino. Yo ten\u00eda 27 a\u00f1os y varias pr\u00f3rrogas. Desayunando, de civil, en un Caf\u00e9 de las Sierpes, caf\u00e9 con leche en vaso largo, como en Madrid, y barrita untada con mantequilla, le\u00ed en el peri\u00f3dico que en el Teatro Lope de Vega se representaba hasta el domingo <em>\u00a1Ay, Carmela!<\/em> Yo ya estaba muy envenenado con el teatro. Y desde luego con el teatro de Sanchis-Sinisterra. Porque entretanto iba prorrogando, en los primeros Festivales de Teatro de esta ciudad, ya hab\u00eda visto su <em>\u00d1aque, o de piojos y actores<\/em>, para no olvidar <em>(\u00a1Ay, Carmela!<\/em> era otro <em>\u00f1aque<\/em>, claro). Sal\u00ed del Caf\u00e9 a paso ligero \u00ad\u2013de algo ten\u00eda que servir la instrucci\u00f3n\u2013 en direcci\u00f3n a la Pensi\u00f3n donde me alojaba, que era como sacada de una comedia de los \u00c1lvarez Quintero. Su patio, su pozo, sus puertas verdes. La idea era ponerme el \u2018traje de bonito\u2019 por si pod\u00eda dar una idea de mi circunstancia y mover a compasi\u00f3n. De cara a la taquilla, me refiero. Sal\u00ed pitando hacia la Avenida de Mar\u00eda Luisa, donde est\u00e1 el Lope de Vega, dispuesto a llorar, arrastrarme o lanzarme a fundir la ultima transferencia de casa en la reventa. Al final s\u00f3lo tuve que \u2013aunque no me gusta nada, ya digo\u2013 contarle mi mili a la taquillera y alejarme un metro para que comprobara mi aspecto. Y me solt\u00f3 la \u00faltima localidad del Teatro, para esa misma noche. Arriba del todo, en el Para\u00edso, que lo ser\u00eda de verdad, porque abajo, en el escenario, Carmela era Ver\u00f3nica Forqu\u00e9. Y Paulino, Jos\u00e9 Luis G\u00f3mez. Se turnaba con Manuel Galiana en el papel, seg\u00fan la (doble) sesi\u00f3n de tarde y noche. Y esa noche le tocaba a G\u00f3mez. Era la primera vez que iba a ver en vivo a Ver\u00f3nica Forqu\u00e9, a la que adoraba por una trilog\u00eda cinematogr\u00e1fica: la Cristal de <em>\u00bfQu\u00e9 he hecho para merecer esto?<\/em>, la Chusa de <em>Bajarse al Moro<\/em> y la Ana de <em>La vida alegre<\/em>. Su gracia, su estado de gracia, era el de una Shirley MacLaine: una dulzura sexy, una comicidad tr\u00e1gica, una elegancia apayasada. La c\u00f3mica Carmela era ella, desde luego. Como del Teatro me tendr\u00eda que ir directo al autob\u00fas que me devolviera a San Fernando, fui tambi\u00e9n uniformado a la funci\u00f3n. Y de esa guisa me sub\u00ed al Para\u00edso. El Lope de Vega de Sevilla estaba reci\u00e9n restaurado, gracias al bendito plan del MOPU de reforma de los teatros p\u00fablicos. Fue un destino extraordinario para Carmela, el personaje, el que lo tocara reinaugurar muchos de estos coliseos rehabilitados. Pura justicia po\u00e9tica: Carmela, que se hab\u00eda hecho corrales, plazas, tabernas y teatros de mala muerte (tan mala como la suya). Sin ir m\u00e1s lejos, \u00e9se teatro en el que se desarrolla el drama, y que, como el resto de la acci\u00f3n, \u2018no\u2019 ocurre en el Belchite de marzo de 1938. Carmela, en los a\u00f1os ochenta, en Espa\u00f1a, inauguraba teatros p\u00fablicos. Y all\u00ed estaba yo, en el Para\u00edso, vestido de soldadito, convertido sin saberlo en uno de los figurante de la funci\u00f3n, a medida que \u00e9sta avanzaba. Figurantes a los que se dirig\u00edan Paulino y Carmela: los italianos, los polacos, los milicianos. Soldados. Yo, en la distancia, no le quitaba ojo a Ver\u00f3nica\/ Carmela. E iba de escalofr\u00edo en escalofr\u00edo. Hoy, incluso, aquel escalofr\u00edo se reconstruye cuando pienso que Carmela ya estaba muerta, y la vez no muerta, y que regresaba en cada funci\u00f3n. Sobre todo, me sobrecogieron las escenas del doctor toquemetoda, en el que personaje, la mujer Carmela, sufr\u00eda una humillaci\u00f3n insoportable; la escena del desnudo, desprendida de la bandera republicana, con el cuerpo expuesto, en bragas. Y la lecci\u00f3n final a los polacos tambi\u00e9n muertos, ense\u00f1\u00e1ndoles, desde la embocadura del teatro, a decir Espa\u00f1a, Arag\u00f3n y Belchite. \u00abPor lo menos, as\u00ed ya sabr\u00e9is decir d\u00f3nde hab\u00e9is muerto\u00bb. Y hasta el Oscuro Final. Esa funci\u00f3n, con Ver\u00f3nica en bater\u00eda, es una raz\u00f3n de la existencia del Arte Dram\u00e1tico. Y me fui al autob\u00fas, de soldado, con Ver\u00f3nica\/ Carmela de madrina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo no cuento nunca historias de mi mili, excepto \u00e9sta: en la primavera de 1988, la semana anterior a la Santa, yo me encontraba de permiso en Sevilla. 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