{"id":813,"date":"2021-12-31T17:46:44","date_gmt":"2021-12-31T16:46:44","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=813"},"modified":"2021-12-31T17:46:44","modified_gmt":"2021-12-31T16:46:44","slug":"el-fantasma-de-la-navidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2021\/12\/31\/el-fantasma-de-la-navidad\/","title":{"rendered":"El Fantasma de la Navidad"},"content":{"rendered":"<p>Cuando antes de anoche, a\u00fan me encontraba, de madrugada, borrando del m\u00f3vil videos de las Navidades desde el 2019 en adelante, de entre la niebla tintada por el amarillo de las farolas, se me present\u00f3 el Fantasma de la Navidad, zum, zum, zum. Y empez\u00f3 a darle a la manivela: sac\u00e1bamos la lavadora del ba\u00f1o, una peque\u00f1a de \u00e9sas de ojo de buey como carga frontal, con una manguera gris para el agua, y tap\u00e1ndola con un cuadrado de madera la coloc\u00e1bamos de mesa supletoria pegada a la mesa-camilla, en el cuarto de estar (pues no llegaba al rango de \u2018sal\u00f3n\u2019 de estar), para las cenas y comidas. As\u00ed que si no te tocaba \u2018pata\u2019, te tocaba lavadora. Bajo la mesa-camilla, colgaba una l\u00e1mpara que nos daba calor. Siempre estuvo, hasta el final. Cuando alcanzaba temperatura recalentaba la alfombra y ascend\u00eda un perfume de hogar caliente. Tardes enteras fabricando pompones de papel de celof\u00e1n. Rojos, azules. Y cadenetas de papel seda. Tras la cena de nochebuena, inauguraci\u00f3n del Bel\u00e9n. Lo empez\u00e1bamos a montar, mis hermanos y yo, el d\u00eda de la loter\u00eda. Primero el cielo, como tel\u00f3n de fondo; luego requis\u00e1bamos la mesa de trabajo de mi padre como escenario. Esta mesa cojeaba y produc\u00eda, a bel\u00e9n puesto, movimientos s\u00edsmicos y fajanas de musgo. Para la inauguraci\u00f3n repart\u00edamos entradas y mont\u00e1bamos un <em>son et lumi\u00e8re<\/em>: en un Sanyo cuya obsolescencia no parec\u00eda estar programada, grab\u00e1bamos a huevo, con micro pegado al tocadiscos, cortes musicales entre estelares y sinf\u00f3nicos, de Oldfield a Morricone pasando por Wagner y procur\u00e1bamos al respetable una experiencia inmersiva, que se dice ahora: exhal\u00e1bamos bocanadas de humo de cigarrillo, a modo de niebla primordial; \u00edbamos conectando los manojos de luces uno a uno en un ladr\u00f3n, para iluminar por zonas; colg\u00e1bamos nubes, estrellas, lunas y la corte celestial con hilos de coco, para que pareciera que flotaban en el aire. Familia de belenistas: mi padre y sus hermanos montaban de chavales uno mec\u00e1nico en su casa de la Calle del Norte. Mi padre nos lo contaba siempre y nuestra ilusi\u00f3n era imaginar ese bel\u00e9n e intentar que algunas figuras o cosas del nuestro se medio movieran, o parecieran vivas, o se aparecieran y desaparecieran por efecto de la luces: el \u00e1ngel de la cueva de los pastores, por ejemplo. A la estrella de Bel\u00e9n le pon\u00edamos un im\u00e1n, y desde la tramoya del cielo, con otro im\u00e1n, movido a mano, la desplaz\u00e1bamos por la noche de azul oscuro casi negro, para asombro general. Mi t\u00edo Fernando a\u00fan conservaba algunas de aquellas figuritas, fabricadas con corcho, ruedecillas de juguetes rotos y motorcitos. Sub\u00edamos a verlas a su casa. Desde entonces, me fascina el mundo de los aut\u00f3matas. Harina para nieve. Trozos de espejo como fondo de lago. Papel de plata para el curso del r\u00edo. Purpurina en suspensi\u00f3n para que todo brillara en la oscuridad. Un poco de agua estancada en la tapita de alguna crema de mam\u00e1, para que flotara alg\u00fan pato, o lavara alguna lavandera. Me gustaban siempre m\u00e1s los belenes de los dem\u00e1s. La monta\u00f1as del de nuestro t\u00edo Fernando, duras, s\u00f3lidas, no como las nuestras, que eran de papel marr\u00f3n de envolver. En el nuestro, me obsesionaba la proporci\u00f3n y la perspectiva, eso de que no se viera que el pozo era m\u00e1s grande que el Castillo de Herodes. Una nochebuena, se nos ocurri\u00f3 culminar el teatrito de la inauguraci\u00f3n con una lluvia de estrellas realizada con bengalas y a poco nos arde toda la Cisjordania. Con el primer extintor que entr\u00f3 en casa, produjimos un temporal de nieve y se sofoc\u00f3. Aquel a\u00f1o, el Bel\u00e9n nos dur\u00f3 un d\u00eda. El olor de las figuritas de pl\u00e1stico. Los a\u00f1os las iban consumiendo. Una Navidad se le rompi\u00f3 la pata a un camello de Gaspar y le pusimos una pr\u00f3tesis de alambre. Era como un cibercamello. As\u00ed aguant\u00f3. La fruta escarchada, turr\u00f3n del blando y del duro, por todo turr\u00f3n, Sidra El Gaitero, Karpy, caf\u00e9 con una cucharada de leche condensada, mi t\u00eda y mi madre, un mentolado, un Piper. Para la comida de Navidad, quedaban los pimientos rellenos, que hac\u00eda mi abuela. En el balc\u00f3n, a la intemperie, unos cardos y algunas botellas. Y sobre la cama de matrimonio, los abrigos de mi abuela y de mi t\u00eda. Un <em>Fanny Alexander <\/em>en la medida de nuestras posibilidades y bolsillo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando antes de anoche, a\u00fan me encontraba, de madrugada, borrando del m\u00f3vil videos de las Navidades desde el 2019 en adelante, de entre la niebla tintada por el amarillo de las farolas, se me present\u00f3 el Fantasma de la Navidad, zum, zum, zum. 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