{"id":840,"date":"2022-03-08T18:21:11","date_gmt":"2022-03-08T17:21:11","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=840"},"modified":"2022-03-08T18:21:11","modified_gmt":"2022-03-08T17:21:11","slug":"la-escalera-de-odessa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2022\/03\/08\/la-escalera-de-odessa\/","title":{"rendered":"La escalera de Odessa"},"content":{"rendered":"<p>Comienzo a escribir esto \u2013lo digo como si fuera un diario de campa\u00f1a\u2013 el viernes por la tarde, cuando se anuncia un ataque directo sobre Odessa. Desde hace una semana, todo lo que escribimos o decimos tiene la urgencia y la provisionalidad de un diario de campa\u00f1a. Nos despertamos con el parte de guerra de lo acontecido la noche anterior, en Ucrania; temiendo lo que puede suceder a la luz del d\u00eda, y temiendo lo que pueda suceder a la noche siguiente, hacia la que corren, cel\u00e9ricas, las horas. En las guerras se va de noche en noche, todo es noche. En la televisi\u00f3n de campa\u00f1a, pues, veo, una imagen de la escalera de Odessa, de la escalera de <em>El Acorazado Potemkin<\/em>, de la escalera de las escaleras: de la Escalera. El espacio que mejor ha contado en el cine una tragedia, la Tragedia. S\u00f3lo aparece en la televisi\u00f3n una l\u00ednea, la superior, la de su primer descansillo, de los diez que tiene, la que traza el horizonte sobre el Mar Negro. Tras esa l\u00ednea, se abre un abismo vertiginoso que se hunde en la memoria de unas im\u00e1genes por las que transcurre una secuencia de coreograf\u00eda infernal, que resume, que graba, que pauta, que filma, que pinta, que esculpe el orden cerrado de la laceraci\u00f3n que somos capaces de infligirnos la especie. S\u00f3lo veo en la pantalla esa l\u00ednea de la Escalera, mientras el gobierno ucraniano anuncia que en horas, los cosacos de Putin podr\u00edan entrar en la ciudad. La l\u00ednea me parece un tel\u00f3n que podr\u00eda estar a punto de levantarse de nuevo para desplegar los 192 escalones que compusieron en 1925 una cinta mec\u00e1nica, un <em>stacatto<\/em> pesadillesco del horror y de la represi\u00f3n. Eisenstein articul\u00f3 una pieza, una acci\u00f3n, que desde hace d\u00e9cadas es indistinguible de un documental, de la realidad. Y a la vez de un sue\u00f1o con todas las caracter\u00edsticas m\u00e1s desasosegantes del sue\u00f1o: los 192 escalones podr\u00edan ser 192. 000 escalones; se reproducen, son infinitos. La c\u00e1mara, el montaje, y en sus costuras los personajes y los espectadores, descienden, descendemos, incesantemente. Y volvemos a subir, porque la Escalera no tiene fin, no tiene fondo. Es un siniestro continuo, agotador. Pero a la vez parece que nada avanza, que no acabamos de caer. Y la descargas, que son una cortina de disparos, sin embargo no suenan. El silencio del cine de 1925 convierte en atronadores los disparos de los soldados; amplifica el aullido de la madre con su hijo muerto en sus brazos, atravesado por las balas; logra que escuchemos, hasta hacerlas ensordecedoras, las ruedas del cochecito con el beb\u00e9; as\u00ed como su llanto. Y todo esto mientras la maquinaria interna e invisible de los 192 escalones remueve por dentro los bloques de piedra arenisca. La Escalera se comprime y se despliega. Los soldados descienden y reeditan su descenso. Y s\u00f3lo un plano general desde lo alto de la escalinata, justo en el punto en que la televisi\u00f3n mostraba ahora el puerto de Odessa, se ve la totalidad del escenario, con el mar al fondo. Y parec\u00eda, en <em>El Potemkin<\/em>, que una vez consumada la masacre, toda la Escalera se ocultar\u00eda, tragada como el escenario de una \u00f3pera. Un gigantesco pante\u00f3n. Dejando la mirada del espectador como un campo de batalla arrasado. Y esta noche, cuando escucho noticias sobre Odessa y vuelve a resurgir la Escalera en pantalla, se me aparece, se reactiva, inevitablemente el fantasma del pueblo barrido, en sus incontables escalones y descansillos, por las armas de un nuevo zar. Y pienso que esta vez un dron sustituir\u00e1 a la teor\u00eda del montaje de Eisenstein, y que los planos que en \u00e9sta desglosaban los rostros y elementos de la tragedia \u2013ojos, manos, bocas, pies\u2013 ser\u00e1n sustituidos por un \u00f3culo electr\u00f3nico, omnisciente y distanciado, que mirar\u00e1 desde arriba la Escalera y a sus figuras. Todas las guerras, la Guerra, son como la escalera de Odessa, como en <em>El Potemkin<\/em>, como en Ucrania: no sabes desde, c\u00f3mo y d\u00f3nde se desbocan y hacia d\u00f3nde se precipitan. S\u00f3lo sabemos que son un pozo oscuro que emerge y traga. Una fauce. Acabo de escribir esto ayer s\u00e1bado y no s\u00e9 ahora mismo qu\u00e9 estar\u00e1 pasando hoy domingo, cuando ustedes lo lean. Pero vuelven a la memoria, y \u2013\u00f3jala no\u2013 a los 192 escalones, un coro de civiles amenazados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comienzo a escribir esto \u2013lo digo como si fuera un diario de campa\u00f1a\u2013 el viernes por la tarde, cuando se anuncia un ataque directo sobre Odessa. Desde hace una semana, todo lo que escribimos o decimos tiene la urgencia y la provisionalidad de un diario de campa\u00f1a. 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