{"id":851,"date":"2022-04-08T13:41:12","date_gmt":"2022-04-08T11:41:12","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=851"},"modified":"2022-04-08T13:41:12","modified_gmt":"2022-04-08T11:41:12","slug":"una-historia-de-violencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2022\/04\/08\/una-historia-de-violencia\/","title":{"rendered":"Una historia de violencia"},"content":{"rendered":"<p>Una de las cosas m\u00e1s interesantes del bofet\u00f3n de Will Smith a Chris Rock es que casi ni se oy\u00f3. El cachetazo, me refiero. S\u00f3lo un impacto sordo, un palmetazo apagado, como cuando aplaudes mal. Pero as\u00ed suena un hosti\u00f3n en la realidad. De pronto, en una gala en la meca de la hip\u00e9rbole, que es Hollywood, una torta suena as\u00ed de vulgar, de fea. Con el lucimiento y la sonoridad que, en cambio, tienen en pantalla las bofetadas y los pu\u00f1etazos. Muchos de ellos, propinados por Will Smith en algunas de sus pel\u00edculas. Y sin embargo, llegada la hora del bofet\u00f3n natural, sin el refuerzo del efecto sonoro sincronizado con el gesto, que es a su vez un \u2018no impacto\u2019, una simulaci\u00f3n de impacto; es decir que la mano no toca el rostro del contrincante, porque la acci\u00f3n \u00e9sta coordinada por especialistas y el sonido, que es como de un disparo, como la antigua estaca de Gorgorito, es de librer\u00eda, insertado a partitura en el momento del golpe; pues en el trance, digo, de propinar una bofetada en su formato y dimensi\u00f3n reales no tiene ning\u00fan lucimiento, e incluso le cuesta a Smith mantener el equilibrio del tr\u00edpode de las piernas. Sale, en fin, pat\u00e9tica la cosa, sin espectacularidad ni ritmo. Como otras tantas acciones ordinarias que el cine amplifica hasta el <em>show<\/em>, hasta el c\u00f3digo, hasta la talla XXL, pero que en su talla menor es naturalmente prosaica. Desde un \u00f3sculo hasta una languarina \u2013como dec\u00eda mi padre\u2013 que le metes o te meten. De hecho, uno de los logros del cine, de la versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica de las cosas cotidianas \u00ad\u2013muchas tienen que ver con el sexo o con la muerte\u2013 es aliviar su perfil bajo mediante un plus coreogr\u00e1fico, luminot\u00e9cnico y ac\u00fastico. Pero tambi\u00e9n atenuar su contorno m\u00e1s triste, o \u00e1spero o vulgar. La representaci\u00f3n de la violencia, en concreto, incluso de la m\u00e1s sucia a la m\u00e1s encarnizada, especialmente en g\u00e9neros como el <em>western<\/em> o el polic\u00edaco, dispone de sus herramientas, de sus instrumentos, de sus trucos para convertir en una mitolog\u00eda ic\u00f3nica la bofetada de Johnny Farrel a Gilda o en un ballet contempor\u00e1neo la masacre del <em>Grupo salvaje<\/em> o en un n\u00famero de payasos una bronca en un <em>Saloon<\/em>. Yo, por ejemplo, que soy de la generaci\u00f3n de la saga de Trinidad (y sus \u00e9mulos en el convento: Providencia, Reverendo Colt, Tedeum, el Padre Murray, etc\u2026 ) crec\u00ed viendo y divirti\u00e9ndome, como en un circo de tres pistas, con aquellos metralleos de tortas supers\u00f3nicas que Bud Spencer y Terence Hill administraban a diestro y siniestro, como de tac\u00f3n, en las tascas, en las ventas, en los ranchos, destrozando mobiliarios de madera de balsa. Era, de hecho, mucho m\u00e1s el ruido que las propias tortas. Parec\u00eda que el ch\u00e1s-clas-plas lo produjeran con la boca en vez de con las manos. No era tanto que abofetearan como que dirigieran el concierto de bofetadas. Y pasaba lo mismo con los pedos \u2013recu\u00e9rdese el coro flatulento de <em>Sillas de montar calientes <\/em>de Mel Brooks\u2013, o con los disparos: una artiller\u00eda que se simula a posteriori, en una mesa de efectos de sonido, ya catalogados. Casi todo en el cine tiene algo o todo de efecto especial. Y las tortas fueron herederas de las tartas, las del circo y las de la primera comedia cinematogr\u00e1fica, que \u00e9stas s\u00ed que no ten\u00eda sonido, s\u00f3lo merengue montado. El sonido lo pon\u00edamos nosotros, y las carcajadas: exportados, sonido y risas, desde las carpas de los Tonettis de nuestra infancia. Y hasta jug\u00e1bamos a darnos tortas como en las de Trinidad, y al jugar nos costaba mucho m\u00e1s imitar el sonido con la boca que con la mano. Y va y es en la noche reina de la ficci\u00f3n audiovisual, en el templo de los Oscars, cuando la m\u00e1scara cae y el bofet\u00f3n es s\u00f3lo un bofet\u00f3n, sin relieve sonoro, y el g\u00e9nero caballeresco se deval\u00faa hasta el grotesco. Y no se le ocurri\u00f3 a Will Smith, ni a los guionistas, ni a nadie, que hubiera sido preferible que se hubiera escuchado \u2018a lo Trinidad\u2019 el tortazo, pero que no se hubiera dado. O que hubiera salido un especialista. Incluso Chris Rock pod\u00eda haber imitado el ruido con la boca, para redondear el efecto. Todo menos recurrir a la violencia f\u00edsica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una de las cosas m\u00e1s interesantes del bofet\u00f3n de Will Smith a Chris Rock es que casi ni se oy\u00f3. El cachetazo, me refiero. S\u00f3lo un impacto sordo, un palmetazo apagado, como cuando aplaudes mal. Pero as\u00ed suena un hosti\u00f3n en la realidad. 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