{"id":858,"date":"2022-04-25T18:04:23","date_gmt":"2022-04-25T16:04:23","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=858"},"modified":"2022-04-25T18:04:23","modified_gmt":"2022-04-25T16:04:23","slug":"el-cuerpo-del-libro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2022\/04\/25\/el-cuerpo-del-libro\/","title":{"rendered":"El cuerpo del libro"},"content":{"rendered":"<p>Siempre me ha fascinado el libro como objeto. Como \u2018volumen\u2019. De hecho, denominamos vol\u00famenes a los libros: el primer volumen de tal o cual obra. O \u2018tomo\u2019: \u00abcuerpo grueso o bulto de una cosa\u00bb, as\u00ed define tomo la RAE. Pues eso: el libro como cuerpo, como algo que presenta, que tiene un tomo. Que ocupa un espacio (continente, a la vez, de otros espacios, materiales o virtuales). Como bulto. Considerado sospechoso en muchos momentos de la Historia, y por eso incinerado, triturado o directamente prohibido. Hay m\u00e1s alusiones al libro en su condici\u00f3n de pieza: el lomo, el lomo del libro. Una especie de columna vertebral. Las estanter\u00edas con libros, de casa o de las librer\u00edas, son lineales de lomos, que mantienen en pie al libro, ese ser, ese pedazo. Los textos: los libros son textos; es decir: tejidos. Palabras tejidas, trabadas. Hablo del libro original, f\u00edsico, de antigua planta, cuya textura de junco albergaba el infinito, como titulara Irene Vallejo su maravilloso volumen. Las tapas: los libros tienen tapas que custodian su interior. Como las cajas o los cofres preservan tesoros o enseres. Hemos vivido \u2013desde las casas de nuestra infancia hasta las actuales\u2013 en habitaciones con paredes de libros, y con baldas como aut\u00e9nticas vigas maestras de la vivienda (maestras en tantas cosas y asuntos). Qu\u00e9 palabra, \u2018balda\u2019, s\u00f3lo tras muchos a\u00f1os de leer los libros que \u00edbamos respaldando en las baldas que montaba pap\u00e1 supe que era una marca de estante met\u00e1lico, con el tiempo sustanciado en estructura esencial. A los libros, en la casas, se les tiene que hacer hueco, como a los muebles y a las vajillas. Vivimos, por ejemplo, en Logro\u00f1o, estas dos semanas, la que sale y la que entra, entre la memoria f\u00edsica y l\u00edrica de dos pasillos po\u00e9ticos \u00ad\u2013literalmente, sus casas eran en gran medida la versi\u00f3n de una biblioteca; una versi\u00f3n en residencia, en estancia, del inventario de herramienta y \u00fatiles que es el obrador de la literatura, incluida\u2013: los de Roberto (Iglesias) y Manolo (de Las Rivas). En unos tiempos en que, en el mundo exterior, arrecian las parejas art\u00edsticas del comisionismo m\u00e1s obsceno, he aqu\u00ed, muy al contrario, a dos fraternos para los que cuales la poes\u00eda era su econom\u00eda \u00edntima, entra\u00f1ada, vital; la que siempre te hace vivir y sobrevivir al m\u00e1ximo de tus posibilidades. Con luz y mecanograf\u00eda (la m\u00e1quina de escribir libros o el atril de leerlos: instrumental imprescindible de esta manifactura del cuerpo encuadernado y entintado). Cada una de las palabras y sonidos de la literatura \u2013las de Roberto y Manolo, por supuesto\u2013 como un NFT, como un inmaterial o piedra de toque \u00fanica. Sin precio. Roberto y Manolo eran, en s\u00ed mismos, dos vol\u00famenes extraordinarios y poderosos. Dos cuerpos de letra y voz. El d\u00eda del libro, en fin, siempre vuelvo al objeto, al real e incluso al simulacro: los libros falsos que llenan escaparates, escenograf\u00edas o bibliotecas en tiendas de muebles (falsos y verdaderos: yo ya entrado alguna vez a interesarme por alguno digno de lance, pero que no te lo vend\u00edan si no comprabas todo el mueble; alguno lo hubiera merecido, desde luego). Los libros envueltos \u00ad\u00ad\u2013en generaciones de abuelos y a\u00fan padres\u2013 en peri\u00f3dicos; mitad para preservar su estado de conservaci\u00f3n (sobre todo si era prestado o hab\u00eda que prestarlo: el libro era un bien escaso), mitad para \u2013siempre lo sospech\u00e9\u2013 preservar el secreto de lo que se le\u00eda, por si estuviera en el \u201c\u00cdndice\u201d. El libro como adorno, con una botella de co\u00f1ac en su interior en vez de p\u00e1ginas, o el que serv\u00eda de pie de l\u00e1mpara o de tope de puerta. Siempre me acuerdo, el d\u00eda del libro, de los cr\u00e9ditos iniciales de <em>El inocente<\/em> de Visconti, en los que la mano del realizador, un hombre que, por la enfermedad, era ya incapaz de sujetarse en su propio cuerpo y rodaba en silla de ruedas y no lleg\u00f3 ni a ver la pel\u00edcula acabada, pasaba con su propia mano, a c\u00e1mara, las p\u00e1ginas de la novela de D\u2019Annunzio, deteni\u00e9ndose en las mellas, manchas y huellas del libro que se dispon\u00eda a filmar, s\u00ed, pero tambi\u00e9n el \u00faltimo cuerpo en el que se iba a encarnar. O a mudarse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre me ha fascinado el libro como objeto. Como \u2018volumen\u2019. De hecho, denominamos vol\u00famenes a los libros: el primer volumen de tal o cual obra. O \u2018tomo\u2019: \u00abcuerpo grueso o bulto de una cosa\u00bb, as\u00ed define tomo la RAE. Pues eso: el libro como cuerpo, como algo que presenta, que tiene un tomo. 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