{"id":889,"date":"2022-07-19T13:40:45","date_gmt":"2022-07-19T11:40:45","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=889"},"modified":"2022-07-19T13:40:45","modified_gmt":"2022-07-19T11:40:45","slug":"peter-brook-y-el-almohadon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2022\/07\/19\/peter-brook-y-el-almohadon\/","title":{"rendered":"Peter Brook y el almohad\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Nunca llegu\u00e9 a conocer personalmente a Peter Brook (1925-2022), pero s\u00ed he visitado varias veces su casa: el Th\u00e9\u00e2tre des Bouffes du Nord, en el 10\u00ba de Par\u00eds, al Norte, Boulevard de la Chapelle. Un coliseo del \u00faltimo tercio del XIX al que el tiempo fue destruyendo hasta dejarlo en los huesos. Su esqueleto, que soporta el interior desconchado de una gran ballena varada, es monumento hist\u00f3rico nacional. Y \u2018espacio cero\u2019 del teatro universal; el espacio que Brook, m\u00e1gico prodigioso como el Pr\u00f3spero de <em>La Tempestad<\/em>, fue vaciando hasta hallar el tu\u00e9tano de la naturaleza teatral. El s\u00e1bado pasado, d\u00eda 2, Brook rompi\u00f3 su varita, como Pr\u00f3spero, al final del final de Shakespeare. Pero ha quedado su isla, el Bouffes du Nord, un hueco desnudo que convierte en teatro puro todo lo que aparece en su escena, consistente en las meras paredes del edificio y una embocadura que de suelo a techo alberga y transustancia palabras, objetos y cuerpos. En la mayor parte de los espect\u00e1culos que han tenido lugar bajo su b\u00f3veda, todo ello se ha asentado sobre una alfombra o sobre una playa de arena. Y sin embargo, habr\u00eda que remontarse hasta el Globo para encontrar una caja que como el Bouffes du Nord refundado por Brook en los a\u00f1os setenta, prescindiendo del estilismo del teatro burgu\u00e9s, fuera capaz de recoger el Mundo. El Bouffes du Nord se parece al barrio que lo contiene. La Chapelle no es glamouroso ni f\u00e1cil. Para muchos resulta, sencillamente, peligroso. Atravesado por las v\u00edas de las Estaciones del Este y del Norte y pr\u00f3ximo a Barb\u00e8s, est\u00e1 habitado por un elenco que podr\u00eda ser el de cualquier espect\u00e1culo multirracial de Brook. Las fachadas de sus calles acusan la misma falta de lucimiento o de decoraci\u00f3n que las \u2018no escenograf\u00edas\u2019 que han iluminado por dentro, desde el <em>Mahabharata <\/em>a <em>La Tempestad<\/em>, las creaciones de Brook. Tambi\u00e9n el sonido de algunas funciones y el del barrio continente han sido indistinguibles. La desnudez y el riesgo de la Chapelle han contagiado al teatro que se ha hecho de puertas para adentro del coliseo. Son dos textos contiguos. Entrar en el Bouffes du Nord es ingresar en un templo apenas tocado, apenas restaurado. De hecho, te preguntas si realmente est\u00e1 abierto o te has colado en un pante\u00f3n ruinoso donde no hay nada para representar nada. Una platea a la misma altura que el suelo de la caja, sin foso y con pocas filas de butacas, casi en c\u00edrculo, a ras, a pie de tierra, abriendo en medio un \u00e1rea a la vez profana y sacra. La iluminaci\u00f3n justa, la comparecencia cercana de los actores, casi cuerpo a cuerpo con los espectadores. La \u00faltima vez era invierno y ya noche cerrada. Baj\u00e1bamos de Montmartre, mi mujer, Teresa, y mi cu\u00f1ado, Justo, de comprar unas telas de Vichy para hacer manteles y (Justo) un gran almohad\u00f3n. Ten\u00edamos entradas para ver el mon\u00f3logo <em>La mujer rota<\/em> (<em>La femme rompue<\/em>), de Simone de Beauvoir, dirigida por H\u00e9l\u00e8ne Fill\u00e8res y encarnada por una descomunal Josiane Balasko. Si fue la doble m\u00e1scara de la tragedia y de la comedia que alterna la gran Balasko o el propio refugio invernal, o la copa de vino anterior a la funci\u00f3n, o todo a la vez, el caso es que vivimos los tres un entrem\u00e9s de Corral de comedias, cosa que es tambi\u00e9n el Bouffes du Nord. De pronto, unos polic\u00edas que estaban a la entrada de la sala nos cachearon el almohad\u00f3n y tras re\u00edrse y dudar nos permitieron entrar, hasta el primer anfiteatro, donde ten\u00edamos las localidades: unas butacas de hierro con no menos de medio siglo. Justo coloc\u00f3 el gran almohad\u00f3n bajo su butaca y en \u00e9sas, en la pista, sali\u00f3 la Balasko. Sin duda, hubo momentos, por lo estremecedor del mon\u00f3logo, la ubicaci\u00f3n en la sala y la hora y el <em>atrezzo<\/em> del almohad\u00f3n, que parec\u00eda estuvi\u00e9ramos so\u00f1ando. Finaliz\u00f3 el mon\u00f3logo, entre aplausos inacabables que cort\u00f3 la actriz para saludar y agradecer su asistencia \u2013he aqu\u00ed la raz\u00f3n de la polic\u00eda\u2013 a\u2026 Fran\u00e7ois Hollande. Salimos del Bouffes du Nord a la vez que el Presidente de la Rep\u00fablica, con el almohad\u00f3n y las telas, como si fu\u00e9ramos los encargados de los ba\u00fales de la Compa\u00f1\u00eda de Shakespeare. O sea, de Brook.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca llegu\u00e9 a conocer personalmente a Peter Brook (1925-2022), pero s\u00ed he visitado varias veces su casa: el Th\u00e9\u00e2tre des Bouffes du Nord, en el 10\u00ba de Par\u00eds, al Norte, Boulevard de la Chapelle. Un coliseo del \u00faltimo tercio del XIX al que el tiempo fue destruyendo hasta dejarlo en los huesos. 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