{"id":902,"date":"2022-09-11T11:23:34","date_gmt":"2022-09-11T09:23:34","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=902"},"modified":"2022-09-28T17:38:41","modified_gmt":"2022-09-28T15:38:41","slug":"mira-como-me-tiro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2022\/09\/11\/mira-como-me-tiro\/","title":{"rendered":"\u00a1Mira c\u00f3mo me tiro!"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/Varea-2015_TRM_4101.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-907\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/Varea-2015_TRM_4101.jpg\" alt=\"\" width=\"1244\" height=\"829\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/Varea-2015_TRM_4101.jpg 1244w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/Varea-2015_TRM_4101-300x200.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/Varea-2015_TRM_4101-768x512.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/Varea-2015_TRM_4101-1024x682.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1244px) 100vw, 1244px\" \/><\/a>Era el momento decisivo de la jornada en la piscina. Y uno de los del verano infantil. El momento de m\u00e1xima exposici\u00f3n. Cuando te dispon\u00edas a demostrar que eras capaz de saltar al agua t\u00fa solito, donde m\u00e1s cubr\u00eda, y al grito de \u00ab\u00a1Mira c\u00f3mo me tiro!\u00bb, dirigido a tus padres, que desde las sillas de lona no te quitaban ojo, cog\u00edas carrerilla, atravesabas las aguas procelosas del lavapi\u00e9s y justo en el l\u00edmite, al borde de la piscina, te impulsabas hacia arriba apretando el culo y abriendo los ojos \u2013yo, incluso con gafas, no de bucear sino de \u00d3ptica\u2013 y tras unas d\u00e9cimas de segundo que parec\u00edan una eternidad quedabas suspendido en el aire hasta que, despu\u00e9s de volver a intentar recuperar, por un miedo s\u00fabito y el cese del ataque de valent\u00eda, el eje de mirada de tus padres, una vez que ya no hab\u00eda marcha atr\u00e1s y la ca\u00edda era inminente, pero recuperarlo era imposible porque ya hab\u00edas perdido el equilibrio y, en fin, ya te encontrabas solo t\u00fa all\u00ed arriba, en la perpendicular sobre el estanque azul, con el ba\u00f1ador infl\u00e1ndose como un paraca\u00eddas, entonces, en ese trance, o bien a) haciendo \u201cel bomba\u201d, b) haciendo \u201cel gamba\u201d, c) de bruces o d) como cayeras, impactabas contra el agua hasta sumergirte un par de metros en medio de un chorro de hidromasaje, a una profundidad en la que a trav\u00e9s del eco de la m\u00fasica de la megafon\u00eda exterior te llegaba Adamo cantando como si hiciera g\u00e1rgaras, y el mundo se quedaba sordo, no se o\u00eda m\u00e1s que la respiraci\u00f3n de un batiscafo, y no era raro que coincidieras en la inmersi\u00f3n con otro que como t\u00fa se hab\u00eda lanzado en plan misil y casi te torpedeaba o estuviera ya de vuelta, ascendiendo como Namor hacia la superficie. En mi caso, adem\u00e1s, las gafas sol\u00edan aparecer lejos de m\u00ed, como el pecio de un naufragio. Namor s\u00ed que era un s\u00faper h\u00e9roe, de la flota de M\u00e1rvel. Namor nadaba en un mar en blanco y negro. Yo lo compraba en lo de Balmes, puerto seguro del tebeo. La madera gastada de sus mostradores parec\u00eda, por cierto, de una carabela. Pero nosotros, los alevines de la Sociedad Recreativa, a diferencia de Namor, \u00e9ramos s\u00f3lo unos intr\u00e9pidos, pero no los capitanes intr\u00e9pidos de Kipling y de Spencer Tracy, sino las pescadillas, como el chaval, Freddie Bartholomew. Y ten\u00edamos red. Porque si te tirabas era porque ten\u00edas la seguridad de que la mirada de tus padres era el flotador, el salvavidas. Que con ellos mir\u00e1ndote, nunca te hundir\u00edas y siempre volver\u00edas a asomar la cabeza. De hecho, lo m\u00e1s emocionante de esta haza\u00f1a pisc\u00edcola, en lo \u00fanico en lo que pensabas cuando estabas boqueando en la sima de la piscina, era en ascender r\u00e1pidamente para recuperar la mirada de tus padres y hallar su aplauso y su aprobaci\u00f3n, tras lo que, de una forma humilde y familiar, hab\u00eda constituido una prueba inici\u00e1tica. Y sin poder saberlo todav\u00eda, el ensayo de eso que en la edad adulta ya conoceremos \u2013y practicamos a diario\u2013 por \u201ctirarse a la piscina\u201d. El arco de nuestras vidas bien se podr\u00eda definir por estas dos pruebas de valor, entre las que media el tiempo y el cambio de curso de las aguas en que nadamos, muchas veces a contracorriente, como los salmones, con riesgo, lucha, sacrificio; eso que caracteriza los empe\u00f1os humanos, guiados por una fuerza motriz que se alimenta, a partes iguales, de la necesidad, de la voluntad y del absurdo. Me pasa siempre, cuando el verano va acabando y el dinosaurio sigue aqu\u00ed, que vuelvo a sentir ese instante indefinido de suspensi\u00f3n y v\u00e9rtigo del ni\u00f1o tir\u00e1ndose a la piscina, detenido unos segundos en el aire, con el agua profunda bajos sus pies, lo reconozco. Ese miedo. Comienza septiembre con todos los frentes abiertos y a medio gas (ruso) y vuelvo a contener la respiraci\u00f3n, a punto de \u2013como no puede ser de otra forma\u2013 tirarme, claro a la piscina de lo que venga. La diferencia es que ya no hay nadie en las sillas de lona, en el c\u00e9sped, vigilando tu resurgimiento. Pero la vida es este arrojo continuo. \u00a0As\u00ed, que, si son tan amables, miren c\u00f3mo me tiro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era el momento decisivo de la jornada en la piscina. Y uno de los del verano infantil. El momento de m\u00e1xima exposici\u00f3n. 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