{"id":904,"date":"2022-09-11T11:24:25","date_gmt":"2022-09-11T09:24:25","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=904"},"modified":"2022-10-03T19:09:15","modified_gmt":"2022-10-03T17:09:15","slug":"mi-reino-por-un-bolso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2022\/09\/11\/mi-reino-por-un-bolso\/","title":{"rendered":"Mi reino por un bolso"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/70119614_2644289562249512_3795349096374468608_n.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-916\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/70119614_2644289562249512_3795349096374468608_n.jpeg\" alt=\"\" width=\"2048\" height=\"1366\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/70119614_2644289562249512_3795349096374468608_n.jpeg 2048w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/70119614_2644289562249512_3795349096374468608_n-300x200.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/70119614_2644289562249512_3795349096374468608_n-768x512.jpeg 768w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2022\/09\/70119614_2644289562249512_3795349096374468608_n-1024x683.jpeg 1024w\" sizes=\"(max-width: 2048px) 100vw, 2048px\" \/><\/a>Isabel II fue metiendo un siglo en bolsos. En peque\u00f1as di\u00f3cesis. Y a ella misma. Sus pensamientos, emociones y ejecutoria. S\u00f3lo el d\u00eda en que su colecci\u00f3n de bolsos se desclasifique, empezaremos a saber qui\u00e9n era realmente. Esos bolsos, aparentemente modestos, como de <em>outlet<\/em>, podr\u00edan haber sido ingeniados, al tratarse de un instrumento altamente inteligente, por un \u2018Q\u2019 \u00a0\u2013siempre al servicio de su majestad\u2013 para custodiar en su doble fondo secretos de Estado y de estado. Ahora cabe imaginarlos almacenados en un lineal de la armer\u00eda del Servicio Secreto Brit\u00e1nico. Y es que todo ha ido archiv\u00e1ndose ah\u00ed, bolso a bolso. Cada uno de ellos constituye una caja negra \u2013un modelo Traviata Launer negro, en concreto\u2013 que atesora, al d\u00eda y al bolso, informaci\u00f3n desde 1952 hasta 2022, encriptada. Sellada con un cierre de bolitas de pl\u00e1stico o de n\u00e1car. Como los monederitos de la se\u00f1orita Pepis. Donde otras usuarias guardaban una polvera, una pitillera o un pintalabios, Isabel II guardaba conversaciones privadas con Churchill, Diana de Gales o el oso Paddington. Isabel II eligi\u00f3 un bolso de mano para atravesar la Historia como si fuera de compras por Oxford Street. Un complemento corriente. Al modo de un tercer brazo, testigo y secreter. Para asegurarse de que aquello que no quedara en su memoria, quedara salvaguardado en el <em>backup<\/em> de su bolso, pegado a ella, como si llevara un micr\u00f3fono o una microc\u00e1mara. Isabel II ha sido la \u00fanica monarca con un bolso como corona. No me extra\u00f1ar\u00eda que, en breve, su primer Traviata encontrara su ubicaci\u00f3n final junto a las joyas de la Corona, en la Torre de Londres.<\/p>\n<p>Para reinar, Elizabeth Alexandra Mary se disfraz\u00f3, pero no de reina. La estrategia de que se sirvi\u00f3 era en vez de parecer la reina parecer la se\u00f1ora que iba a visitar a la reina, con su bolsito de calle, a tomar el t\u00e9, chafardear los tabloides y\u2026 hablar de la reina. Vestida como una se\u00f1ora de las comedias de la Ealing de los a\u00f1os cincuenta. Con su mismo aspecto de clase popular, como si acabara de salir del vecindario de <em>Pasaporte a Pimlico<\/em>, por ejemplo. O haci\u00e9ndose pasar por la t\u00eda Elizabet, o por la t\u00eda Agatha. En su \u00faltima aparici\u00f3n, saludando a la nueva primera ministra, era ya la se\u00f1ora Wilberforce de <em>El quinteto de la muerte<\/em>. De hecho, Buckingham pareci\u00f3 siempre \u2013en versi\u00f3n casopl\u00f3n\u2013 como esa vivienda fuera del tiempo, cerca de la Estaci\u00f3n, a punto de ser rodeada por nuevas edificaciones, en las que viv\u00eda Louise Wiberforce, tras la guerra. Al no desprenderse Isabel II del bolso, daba la impresi\u00f3n de que la hab\u00edan pillado, qui\u00e9n fuera, un Papa o Paul McCartney, a punto de salir de casa, y que s\u00f3lo ten\u00eda un ratito para atenderles. Y se sentaba, sin soltar el Traviata, ya como con un pie en la calle. Esa especie de provisionalidad, de que estaba para salir y no esperaba visitas, ha sido clave en su permanencia decana. La ve\u00edas el otro con Liz Truss y no se sab\u00eda si era un despacho oficial o iba a sacar del bolso un billete de cinco libras para darle la paga. Un extraterrestre, en fin, que viera fotograf\u00edas de las recepciones de Isabel II, se preguntar\u00eda qui\u00e9n era esa se\u00f1ora del bolso, que se trataba con todos los notables de los siglos XX y XXI, incluido James Bond. No costar\u00eda nada ahora, por cierto, gracias a la imagen virtual, realizar cameos de Isabel II en pel\u00edculas o informativos; o que incluso su holograf\u00eda siguiera recepcionando a mandatarios y <em>celebrities<\/em>. \u00a0En el bolso le cabr\u00eda un disco externo con la informaci\u00f3n digital necesaria.<\/p>\n<p>Isabel II falleci\u00f3 el jueves, pero tuvo d\u00edas peores. Cuando esto suced\u00eda, met\u00eda el d\u00eda en el bolso de turno. Lo guardaba en el armario y a la ma\u00f1ana siguiente buscaba un bolso nuevo, todav\u00eda vac\u00edo, para colg\u00e1rselo de la flexura del brazo izquierdo, durante d\u00e9cadas la viga maestra de su reinado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Isabel II fue metiendo un siglo en bolsos. En peque\u00f1as di\u00f3cesis. Y a ella misma. Sus pensamientos, emociones y ejecutoria. S\u00f3lo el d\u00eda en que su colecci\u00f3n de bolsos se desclasifique, empezaremos a saber qui\u00e9n era realmente. 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