{"id":969,"date":"2023-02-07T17:17:14","date_gmt":"2023-02-07T16:17:14","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/?p=969"},"modified":"2023-02-07T20:32:42","modified_gmt":"2023-02-07T19:32:42","slug":"la-ensenanza-en-el-centro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/material-escolar\/2023\/02\/07\/la-ensenanza-en-el-centro\/","title":{"rendered":"La ense\u00f1anza, en el centro"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2023\/02\/27MAYO2007_ELECAUTO_TRMBAJA_9170-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-full wp-image-973\" src=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2023\/02\/27MAYO2007_ELECAUTO_TRMBAJA_9170-1.jpg\" alt=\"\" width=\"1944\" height=\"2592\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2023\/02\/27MAYO2007_ELECAUTO_TRMBAJA_9170-1.jpg 1944w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2023\/02\/27MAYO2007_ELECAUTO_TRMBAJA_9170-1-225x300.jpg 225w, https:\/\/static-blogs.larioja.com\/wp-content\/uploads\/sites\/59\/2023\/02\/27MAYO2007_ELECAUTO_TRMBAJA_9170-1-768x1024.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1944px) 100vw, 1944px\" \/><\/a>Yo no fui alumno del Sagasta. Pero eso no quita. Entraba en ocasiones: a la Porter\u00eda, a saludar a la madre de mi amigo Ferm\u00edn; con mi novia, que s\u00ed que estudiaba all\u00ed, a escuchar conferencias en su Sal\u00f3n de Actos, bien una sobre los trilobites \u2013ella iba para bi\u00f3loga\u2013 o una, para no olvidar, de Az\u00faa y Gil de Biedma, mano a mano, en la que \u00e9ste detall\u00f3 verso por verso c\u00f3mo hab\u00eda escrito <em>Pand\u00e9mica y Celeste<\/em>; a su m\u00edtica Biblioteca, a buscar alg\u00fan libro antiguo \u2013yo iba para letras\u2013; a ver alguna representaci\u00f3n de su grupo de teatro cl\u00e1sico; \u00a1ah! y a examinarme, eso s\u00ed, de la Selectividad, en aquel mismo sal\u00f3n de los poetas, los f\u00f3siles y el repertorio grecolatino. Era el tiempo de las carpetas historiadas. Y a votar, claro, cuando curs\u00e1bamos Primero de democracia. Mis padres y mi abuela tambi\u00e9n votaron en sus estancias. A\u00fan, a\u00f1os m\u00e1s tarde, ya al final, fui a tomar prestado para alguna Exposici\u00f3n (creo que la del centenario del Cinemat\u00f3grafo) alg\u00fan objeto <em>julioverniano<\/em> de los que se conservaban en aquellos grandes armarios acristalados, como del British, de los pisos superiores: que yo recuerde, un estere\u00f3scopo, un proyector de opacos y una linterna m\u00e1gica. Objetos, todos ellos, de la misma edad del cinemat\u00f3grafo, en la bisagra entre los siglos XIX y XX, y de la era del museo de reproducciones y de los animales disecados. Y un d\u00eda tambi\u00e9n, hablando de im\u00e1genes impresas, pude ver las placas del doctor Zub\u00eda. Estas visitas tard\u00edas coincidieron, es curioso, con el inventario de las primeras vidas del edificio. A m\u00ed, que Bachillerato lo hac\u00eda en la Laboral, un edificio moderno de principio de los setenta, de ladrillo rojo y un piso de altura, me fascinaba del Sagasta, en el sentido espacial y cerebral, su dimensi\u00f3n unamuniana o machadiana. Era para m\u00ed el Sagasta, ya de antes, un horizonte familiar, pr\u00e1cticamente infantil. Lo ve\u00eda siempre al final del repecho de la calle San Juan con el Muro del Carmen. Y sobre todo, era para m\u00ed, de ni\u00f1o, una especie de fortaleza que, en San Mateo, se ve\u00eda rodeada y oculta por la Feria de la Flor y de la Planta: una foresta de pel\u00edcula, de las de Tarz\u00e1n o de Allan Quatermain, escenografiada con cascadas, estanques y puentes artificiales, y luces de colores y los primeros enanitos de jard\u00edn y plantas ex\u00f3ticas que tapaban las ventanas del Instituto. Me fascinaba aventurarme en aquella expedici\u00f3n cada a\u00f1o. Tambi\u00e9n me gusta cuando sale en <em>Calle Mayor<\/em>; cuando don Tom\u00e1s, el intelectual, el fil\u00f3sofo, mira el Sagasta desde la Biblioteca del C\u00edrculo, a trav\u00e9s de las ventanas y le dice a Federico aquello de: \u00abHay m\u00e1s. Est\u00e1 el Instituto de segunda ense\u00f1anza\u00bb. Y se entrev\u00e9 al fondo, en la bruma del blanco y negro. Pero lo que m\u00e1s gusta del Sagasta, lo que me esperanza cuando lo veo, es que una arquitectura por y para la ense\u00f1anza, para formarse e interpretar y ver el mundo, est\u00e1 situada en el centro de la ciudad. Y no s\u00f3lo urban\u00edsticamente. Es una edificaci\u00f3n que en s\u00ed misma constituye una ciudadela en el coraz\u00f3n de la ciudad. \u00a0Es como si la ciudad fuese generada por el Sagasta y a la vez la ciudad protegiera al Sagasta, como un dep\u00f3sito de conocimiento primordial, destinado a los herederos del futuro. En su centro. Neur\u00e1lgico, o sea: que ata\u00f1e a lo decisivo, la transmisi\u00f3n de la ciencia y el placer del saber. Un centro. Educativo. La clave de una sociedad. Cuando viajo suelo visitar colegios e institutos como si fueran catedrales o museos. Escucho los ecos de las voces de sus pasillos, los timbres de inicio y fin de sesi\u00f3n, \u00a1perd\u00f3n, de clase!, me asomo a sus Patios. Pues lo mejor del Sagasta, ya no es nada de esto que cuento, ya no nos pertenece a quienes podemos contar cosas parecidas o paralelas a las que acabo de recordar. Lo importante es que ma\u00f1ana lunes comienza a labrarse la siguiente memoria del Sagasta. La ciudad recupera ma\u00f1ana muchos metros cuadrados de vida joven y de inteligencia renovada. Y la ciudad vuelve a valer por dos ciudades. La primera lecci\u00f3n de ma\u00f1ana ha de ser que las alumnas y los alumnos sepan en qu\u00e9 sitio est\u00e1n. Y que es suyo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo no fui alumno del Sagasta. 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