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	<title>Volviendo a la plazuela | La plazuela perdida - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI</description>
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		<title>Volviendo a la plazuela | La plazuela perdida - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Sep 2005 13:11:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alonsochavarri</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A mi primo José Antonio  Chávarri, in memoriam Es bien conocido que la especie humana es la única que planifica su vida sin demasiado sentido: abandona en general, la norma natural de las especies, de tomar del medio lo necesario para subsistir y dejar el resto para los demás y para futuras generaciones, y se [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div style="text-align: right;"><span style="font-style: italic;">A mi primo José Antonio  Chávarri, in memoriam<br></span>
<div style="text-align: left;">Es bien conocido que la especie humana<br>
es la única que planifica su vida sin demasiado sentido: abandona en<br>
general, la norma natural de las especies, de tomar del medio lo<br>
necesario para subsistir y dejar el resto para los demás y para futuras<br>
generaciones, y se lanza, en una loca carrera a ningún sitio, a<br>
acumular bienes, a destrozar el medio y a esquilmar el planeta sin<br>
miramiento y sin ninguna visión de futuro, haciendo buena la frase:<br>
«Después de mí, el diluvio».<br>
Extraña, que siendo la persona tan frágil y con tan temprana fecha de<br>
caducidad, nos empeñemos en vivir como inmortales y planifiquemos<br>
nuestra vida como si fuéramos eternos, embarcándonos en aventuras<br>
personales de dudosa sensatez, en busca de esa patria individual que no<br>
se encuentra, de llenar el recipiente agujereado, cada vez más vacío.<br>
Alguien dijo que la patria del hombre es la niñez; Rafael Azcona,<br>
corroborando esto, me decía en una carta, a propósito de una de mis<br>
novelas: «Me cuentas fragmentos de mi infancia y eso ciega el<br>
entendimiento»; quizás debiéramos buscar en nuestras raíces, en aquella<br>
niñez desabrigada, en los antiguos lugares amigos que jamás dejan<br>
nuestros sueños, esa patria desaparecida que alivie nuestra desazón.<br>
Hace algunos días, una penosa enfermedad se llevó a un familiar, que<br>
había vivido los 38 años de su corta vida pegado a sus raíces, a la<br>
tierra gris del valle, al agua del Tirón, al verde de la huerta, a la<br>
mies dorada del verano, a los sarmientos retorcidos de las viñas<br>
riojanas… a los rostros amigos y queridos de cada día. Cuando le<br>
comunicaron la gravedad de su situación, reflexionó en voz alta,<br>
diciendo: «Menos mal que me ha pasado a mi, que soy el soltero de la<br>
familia»..<br>
Esta desprendida aceptación, que en realidad era un acto de amor a los<br>
suyos, me recordó, con rara analogía, los versos del poeta latino<br>
Claudiano que dicen:<br>
«Feliz aquel que pasa la vida en los campos propios… / a él no lo<br>
zarandea la fortuna con incómodas aventuras / ni le sacian la sed,<br>
siempre extranjero en sus viajes, / aguas desconocidas».<br>
Quizás, haciendo caso a estos versos, podamos encontrar el camino que<br>
buscamos, la patria individual que se resiste, esa paz interior que nos<br>
alivie la ansiedad por rellenar lo irrellenable.<br><span style="font-style: italic;"></span></div>
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