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	<title>Las cebollas de mi tío Genaro y las casitas | La plazuela perdida - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI</description>
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		<title>Las cebollas de mi tío Genaro y las casitas | La plazuela perdida - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Jul 2006 10:38:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alonsochavarri</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p></p><p>A mi tío Genaro le han robado todas las cebollas; las veinte o treinta que cultivaba en la huertecita, junto al gallinero, y que regaba, a pesar del reuma, llevando el cubo de agua desde su casa. Los tomates y los pimientos no, aún están pequeños, pero todo se andará. Mi tío dice que lo esperaba, que es lo de todos los años, y que, como han construido unas casitas cerca, que ya conoce el instinto de hombre.</p><div class="p-SAP" id="story-texto">Lo insólito de la naturaleza humana es la terquedad con que los palos se dirigen hacia el débil, y cómo esa persecución a la debilidad acaba tomando carta de naturaleza en la memoria colectiva. Este robo, sin mucha importancia, es, desgraciadamente, cotidiano en los pueblos riojanos, y parece formar parte de ese paquete turístico, en el que prácticamente todos los valles riojanos y algunos de sus montes están en venta -o en especulación, que viene a ser lo mismo- en forma de parcelas o de adosados con vistas al más allá; este hecho cotidiano del robo de frutas, hortalizas y similares, con la más absoluta normalidad -ya no digo impunidad- es de lo más natural: se han dado casos de robos delante del dueño, simplemente haciendo oídos sordos a sus protestas.<br><br>Lo chocante del caso es que, al lado de la huerta de mi tío Genaro, hay piezas con cientos de miles de cebollas, lechugas, pimientos , y, no obstante, los amigos de lo ajeno recolectan las treinta cebollas o la terrera de pimientos de la pequeña huerta, sin duda por esa persecución al débil, de que hablaba antes, fijada en la memoria colectiva. <br><br>Puedo explicarme estas situaciones por esa terquedad que comentaba al principio: los palos han de ir al débil, a fin de cuentas hasta existe una frase bíblica que dice, poco más o menos: <span class="span-SAP" id="ITALICAXXXX">«Al que tiene mucho, se le dará, y, al que tiene poco, aun lo poco que tiene, se le quitará.»</span> Lo que me cuesta más entender es por qué suelen desaparecer los productos en las proximidades de las nuevas construcciones: esas filas de casitas adosadas, que destrozan los valles riojanos, comiéndose las mejores zonas de regadío, con jardín para el perro -si no es muy grande- y con vistas al infinito, al tiempo casi infinito que se tardan en pagar.</div>
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