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	<title>¿NI MORAL CATÓLICA NI ÉTICA LAICA? | La plazuela perdida - Blogs larioja.com</title>
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	<description>Por Jesús Miguel ALONSO CHÁVARRI</description>
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		<title>¿NI MORAL CATÓLICA NI ÉTICA LAICA? | La plazuela perdida - Blogs larioja.com</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Mar 2008 12:31:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>alonsochavarri</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una jota riojana, escuchada de niño en las rondas festivas de las cuadrillas de mozos, decía así: “Caminito de la iglesia,/ cuántas medias habré visto,/ cuántos pecados mortales/ habré cometido a Cristo.” Hoy no tendría sentido esta jota, pues, afortunadamente, el concepto de pecado ha cambiado mucho; y digo “afortunadamente” porque aquel concepto de pecado, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p></p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; LINE-HEIGHT: 150%; FONT-FAMILY: Verdana">         Una jota riojana, escuchada de niño en las rondas festivas de las cuadrillas de mozos, decía así: “<b style="mso-bidi-font-weight: normal"><u>Caminito de la iglesia,/ cuántas medias habré visto,/ cuántos pecados mortales/ habré cometido a Cristo</u></b>.”<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><p></p></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p> </p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; LINE-HEIGHT: 150%; FONT-FAMILY: Verdana">         Hoy no tendría sentido esta jota, pues, afortunadamente, el concepto de pecado ha cambiado mucho; y digo “<i style="mso-bidi-font-style: normal">afortunadamente</i>” porque aquel concepto de pecado, impuesto a la niñez en la educación católico-franquista de la posguerra inacabable, amargó la vida a muchos, especialmente a quienes eran de conciencia escrupulosa, creían firmemente y seguían las normas de <?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" /><personname w:st="on" productid="la Iglesia. No"><personname w:st="on" productid="la Iglesia.">la Iglesia.</personname> No</personname> fue tan malo para los transgresores, aquellos capaces vulnerar, sin mucho remordimiento, las reglas impuestas por la religión católica y arreglarlo, en su momento, con una mecánica confesión. Estos últimos tuvieron suerte; no los otros, los cumplidores de los preceptos a que su escrupulosa conciencia obligaba, pues sufrieron innecesariamente y, en muchos casos, vieron amargadas su infancia y su juventud por cuestiones ridículas: Un amigo de infancia vivió muchos años con el imaginario estigma del sacrilegio, por haber comido una hoja de lechuga, antes de su primera comunión, y haberlo callado, para poder participar en la ceremonia –era necesario permanecer en ayunas “<i style="mso-bidi-font-style: normal">desde las doce de la noche antecedente hasta después de haber comulgado</i>”-; otro joven amigo abandonó <personname w:st="on" productid="la Iglesia">la Iglesia</personname>, con gran disgusto de su director espiritual, por incompatibilidad entre la doctrina y sus sentimientos como novio de su pareja, pues los naturales deseos le hacían vivir en perpetuo pecado.<p></p></span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p> </p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; LINE-HEIGHT: 150%; FONT-FAMILY: Verdana"><span style="mso-tab-count: 1">         </span>A pesar de estas contradicciones entre doctrina y vida, aquella mala educación tuvo efectos positivos en otros aspectos, por ejemplo: ayudó a que los adolescentes se formasen en la renuncia a ciertas cosas, en el trabajo y en el sacrificio, como medio para conseguir un fin –no confundir con el sacrificio inútil, difícil de entender-. El sustituir aquella moral obligada por una ética laica fue el gran reto de la democracia, pero hay que reconocer que no se ha conseguido: hemos pasado de aquella dominación, de aquel absurdo intento de controlarlo todo, hasta los sentidos, al hedonismo como forma de vida; las nuevas generaciones no aceptan con facilidad que no todo se puede conseguir, y la ética personal brilla por su ausencia. Tampoco <personname w:st="on" productid="la Iglesia">la Iglesia</personname> ha conseguido cambiar aquella moral obligada por otra más “<i style="mso-bidi-font-style: normal">natural</i>” y, aunque repite incansable a los niños, en las catequesis y funciones religiosas: “<i style="mso-bidi-font-style: normal">hay que compartir</i>”, nunca una sociedad compartió menos.<span style="mso-tab-count: 1">  </span>Parece que estos tiempos no son los mejores para la moral ni para la ética. Yo hubiera jurado que ambas, una u otra, eran consustanciales al hombre, pero tal vez estuviese equivocado.<p></p></span></p>
<p> </p><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%; TEXT-ALIGN: justify"><span style="FONT-SIZE: 11pt; LINE-HEIGHT: 150%; FONT-FAMILY: Verdana"><span style="mso-spacerun: yes">                                                              </span>“ALONSO CHÁVARRI”<p></p></span></p>
</body></html>
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