{"id":30,"date":"2017-03-01T10:58:22","date_gmt":"2017-03-01T09:58:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.larioja.com\/testigo-de-cargo\/?p=30"},"modified":"2017-03-01T10:58:22","modified_gmt":"2017-03-01T09:58:22","slug":"superproducciones-penales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.larioja.com\/testigo-de-cargo\/2017\/03\/01\/superproducciones-penales\/","title":{"rendered":"Superproducciones penales"},"content":{"rendered":"<p>El derecho penal vuelve a marcarle el tempo a las rutinas informativas, como un metr\u00f3nomo sordo que suena insoportable en la cabeza de algunos periodistas y pol\u00edticos. Y es que ponerse ante un micr\u00f3fono para valorar la sentencia de Urdangar\u00edn o la posici\u00f3n de la Fiscal\u00eda en relaci\u00f3n con un se\u00f1or de Murcia (o de La Rioja) es ya casi un acto reflejo medi\u00e1tico. No ser\u00eda mala cosa si las ondas y los diarios se llenasen de sesudos alegatos t\u00e9cnico-jur\u00eddicos; pero suele suceder que las claves de valoraci\u00f3n resbalan por pendientes morales o aun est\u00e9ticas. Visto y o\u00eddo: qu\u00e9 pensar\u00e1n de nosotros en, no s\u00e9, Dinamarca, cuando vean que hemos dejado libre a la Infanta por esa sangre azul suya; \u00a0o mal debe de estar Espa\u00f1a cuando el cu\u00f1ad\u00edsimo a\u00fan no ha pisado la c\u00e1rcel; o qu\u00e9 pasar\u00eda conmigo si fuera yo el acusado\u2026<\/p>\n<p>Y es que el derecho penal es un producto demasiado valioso como para dej\u00e1rselo a los juristas. En el derecho penal, en el castigo al antih\u00e9roe, parecen enjuagarse nuestras miserias y rabias; como pasa cuando nos sumergimos en una pel\u00edcula y nos emocionamos -como se emocionan los protagonistas- para luego sonre\u00edr de satisfacci\u00f3n en los cr\u00e9ditos. El espect\u00e1culo de h\u00e9roes y villanos llevan al derecho penal a la tele, y da buenas audiencias y le deja moralejas al personal, como el cine. As\u00ed es que algunas sentencias penales intentan condicionarse, como se condiciona una superproducci\u00f3n, para que el espectador pueda colmar sus anhelos en la historia: imaginemos a un fiscal o a un juez subsumiendo hechos en previsiones legales, determinando penas\u2026 imagin\u00e9mosles en sus despachos, luego y\u00e9ndose a descansar, con los expedientes en la mesilla de noche\u2026 imagin\u00e9mosles conectando la radio, el televisor\u2026 Unas voces de ultratumba \u2013o quiz\u00e1s las de Susana Griso y Ana Rosa Quintana\u2013 les advierten, susurrantes, de las necesidades de la gente, de lo que el Pueblo espera que suceda en el juicio. Los jueces y los fiscales se quedan traspuestos, pero el Ministro de Justicia se les aparece en sue\u00f1os diciendo que la prisi\u00f3n provisional no, que cuidado que te quito y pongo a otro, y entonces el portavoz de la oposici\u00f3n \u2013sea quien sea\u2013 exige una condena ejemplar. Y el juez, o el fiscal, se despierta repentinamente empapado en sudor, con el expediente desparramado sobre la cama.<\/p>\n<p>El derecho penal, como el cine, se nos mete en el inconsciente y nos comunica subrepticiamente c\u00f3mo le va a nuestro mundo. Es el relato de nosotros mismos a trav\u00e9s de nuestras infamias. Por eso hay mucha gente interesada en que las sentencias reflejen su imagen del mundo. Eso es lo que hacen con las pel\u00edculas el productor o, en su caso, el censor que, conscientes del poder performativo del cine, les susurran a gritos a los realizadores el margen de maniobra con el que cuentan para contar. Y si se salen de quicio, se les enquicia: Cuando Hawks finaliz\u00f3 el rodaje de <em>Scarface<\/em>, la Universal le dijo que ni hablar, que con esa estampa del sindicato del crimen en las pantallas, el personal se iba a meter a mafioso, as\u00ed que le incrustaron unos cr\u00e9ditos iniciales en los que se anunciaba que la pel\u00edcula era una denuncia contra el gangsterismo. En <em>The Big Sleep<\/em>, algunos a\u00f1os despu\u00e9s, le mataron al malo en una escena final injertada, no fuera a ser que a los espectadores les diera por hacerse villanos. En versi\u00f3n castiza \u2013que durante mucho tiempo fue una versi\u00f3n franquista\u2013 el censor le dec\u00eda al director de turno lo que s\u00ed y lo que no, por aquello de que el espectador sintiera lo debido ante la pantalla. El padre Garau le dec\u00eda a Berlanga que en <em>Los jueves milagro<\/em> no pod\u00eda decirse esto y aquello. Berlanga, con ese gracejo levantino que hace de la necesidad virtud, contaba que hab\u00eda que poner al cura en los t\u00edtulos de cr\u00e9dito, que se lo hab\u00eda ganado, vaya. Y el padre Garau, para legitimar los cambios que exig\u00eda, dejaba caer que s\u00ed, que \u00e9l era cura, pero un cura muy moderno, sensible a las gentes y a sus ansias de visionado. Mira si soy moderno, dicen que dec\u00eda, que soy el primer cura en Espa\u00f1a que lleva reloj de pulsera.<\/p>\n<p>Susana Griso y Ana Rosa, el Ministro y el l\u00edder de la oposici\u00f3n \u2013sea quien sea\u2013, llevan reloj de pulsera y son muy sensibles a lo que la gente quiere, as\u00ed que tal vez los magistrados de turno deban plantearse, como Berlanga, anotar sus comentarios a modo de votos particulares en la sentencia. Otra alternativa es mandarles al cine de vez en cuando, para que critiquen a gusto esos otros relatos del mundo que nos toca y para que, as\u00ed, el derecho penal sea sobre todo derecho, que no es poco.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El derecho penal vuelve a marcarle el tempo a las rutinas informativas, como un metr\u00f3nomo sordo que suena insoportable en la cabeza de algunos periodistas y pol\u00edticos. 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