Logroño 1521
10 de mayo de 1521; Un jinete galopa como el viento por los caminos que usan los peregrinos que recorren Navarra hasta la frontera con Castilla, donde se erige Logroño, imponente fortaleza castellana. En su saya lleva un mensaje para el capitán de fronteras y corregidor de la ciudad de Logroño Don Pedro Vélez de Guevara. El muchacho llegó al vado donde se pasa al puente de piedra que cruza el Ebro, y que lleva a la puerta norte. Pronto, el corregidor atendió al muchacho, que decía venir de parte del capitán de las tropas castellanas de Carlos I apostadas en Navarra para parar al ejército francés.
"Al señor corregidor de la muy noble y muy leal ciudad de Logroño: sepa vuescencia que los pocos recursos que nos quedan no son los suficientes para contener el avance de las tropas de Asparrot. Las huestes comuneras y algunos navarros ayudan al enemigo y nosotros poco más podremos aguantar; el avance hacia Viana es inminente, enseguida el ejército llegará a Logroño. Prepare la ciudad para resistir ante el enemigo."
-¡Me cagon mis muelas! Gracias chico.- dijo don Pedro al leer el papel amarillento que le había entregado el chaval -¡Alguacil! Llame a Concejo en Santiago. ¡Venga ostia!- La tarde iba pasando, y uno a uno entraban por la puerta de la iglesia el concejo de la localidad. Burgueses y artesanos en Santiago reunidos, decidieron hacer frente a las tropas francesas. La ciudad se puso manos a la obra. Se reforzaron los puntos débiles de la muralla y se enviaron oteadores hasta Viana para ver cómo se desarrollaba el combate. La mañana del 23 de mayo, el cura de Santiago, desde la torre vio que el agitado paso de las tropas francesas se acercaba desde Viana. Pronto subió el corregidor a la torre a ver el espectáculo que las hordas galas estaban montando. -Mi capitán, pa´mi que estos quien quedarse.- dijo el cura. -Que se queden- musitó Pedro. -Y sabrá este porqué nos llaman nobles y leales.-
Frente a las murallas viejas de Logroño un centenar, más quizá, de tiendas de campaña se establecieron, como intuyó el cura, para quedarse, al menos apostadas unos días. Las mañanas de mayo frescas en el norte, hacen que a André de Foix se le alegre el ánimo. Agh! El aigge navaggo me sienta bien.- dijo Asparrot –Mejog sentagá el castellanou, mon capitain- dijo un suboficial francés. Las tropas que bajo su mando salieron de París habían tomado ya Pamplona, Estella y Viana. Pero pronto el puro aire de Navarra se le va a atravesar al francés, justo, cuando la mañana del 25 de mayo, tras estar unos cuantos días carteándose con el corregidor de Logroño, le llegaron estas líneas: “…que aunque vuescencia me asegure que va a passar con sus tropas por esta villa sin façer danno e respetando haciendas e vidas, le repito que Logroño no abrirá sus puertas al enemigo francés habiendo en ella uno solo de sus habitantes con vida para defender la plaça. Nos defenderemos hasta la muerte.” -Peggo, Françiose, esto, que´est que çe?- -Que la ciudad no se rinde, mon capitain-. -D´accord, ellos lo han queggido.- Ahoga, pgonto, toca a comabate-.
El fulgor de las tropas francesas fue paliado con la astucia de aquellos logroñeses, que primero inundaron con las aguas del Ebro el campamento francés y con escaramuzas nocturnas hacían estragos entre las filas francesas. -Condenados loggonieses- Los días pasaban y la ciudad resistía al mando de don Pedro Vélez de Guevara, los ciudadanos distribuidos en grupos atacaban al enemigo, reforzaban la muralla, ayudaban a los heridos. Los ánimos franceses no decaían, pero previsor, el capitán mandó una carta al merino de Nájera, don Antonio Manrique de Lara, para que viniese a ayudar a los logroñeses que desde hace 17 días aguantaba el envite francés como podía. –Señor, dicen las mujeres que casi ya no queda comida en las despensas nada más que unos corruscos de pan y odres de vino, que merman cada día. Pues ya sabes, prepara un grupo de diez hombres y esta noche baja al Ebro y pescad cuanto podáis para comer. La mañana del 10 de junio, sin duda alguna los logroñeses embistieron al enemigo con más fuerza. A lo lejos y a pesar del ruido de los cañonazos franceses y logroñeses, se oyeron las trompetas de socorro, las huestes de Carlos I al mando de Antonio Manrique de Lara llegaban desde Nájera para ayudar a Logroño. Un total de 20.000 hombres que arremetieron y persiguieron a los franceses, con lo que Asparrot tuvo que cejar en su empeño de dominar Logroño y marchar en desbandada hacia su casa.
Al ver los logroñeses que los franceses abandonaban sus puestos, salieron todos de sus casa gozosos de alegría. Al día siguiente, la ciudad mudó su cara y se volvió alegre y festiva. –Cura, ¿qué santo es hoy?-, -San Bernabé, creo señor- -Bien, pues a él haremos voto y tendremos por patrón, ya que ha sido hoy cuando nos hemos librado de esos malditos franceses- Y el pueblo salió a la calle, que recorrió la ciudad, parándose en cada puerta de la muralla, donde el corregidor de la villa, con el pendón del sitio, daba un banderazo como señal de domino a la ciudad, ciudad que resistió el asedio francés durante 18 días; ciudad muy noble y muy leal, a la corona de Castilla.
Este es el homenaje que hoy yo rindo a Logroño. Tras la ascensión al trono imperial alemán, Castilla sufre la invasión de las tropas francesas de Francisco I, mientras Carlos V estaba en Flandes. Estas tropas contaron con el apoyo de algunos comuneros y de los navarros, que tras la anexión de Fernando II, pertenecían a Castilla. En este contexto als tropas mandadas por André de Foix, conde de Foix y señor de Asparrot (más conocido como Asparrot) llega a las murallas de Logroño, viejas conocidas para la famila de Fiox, ya que en 1336, tampoco habían sucumbido a las tropas de Gastón de Foix, siendo los logroñeses dirigidos por Ruiz Díaz de Gaona. Para 1521, Logroño contaba con unas ventajas fiscales heredadas del fuero de Alfonso VI y ampliadas sucesivamente con el título de ciudad en 1431, por Juan II, dándosele el 20 de julio de 1444 los títulos de “Muy noble y muy leal” ciudad de Logroño. Fueros ampliados tras esta batalla, siendo rey Carlos I de Castilla que en 1523 llega a Logroño, otorgando al escudo de la ciudad las tres flores de lis, insignia del ejército francés al que habían resistido. Este es sin duda uno de los pasajes de la historia de Logroño que todos sabemos, pero que a la vez todos desconoces. Espero que les haya gustado.
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Historias de un botijo en alta mar
Jesús Murillo SagredoLa idea de tener un blog, al principio no me terminaba de convencer. He de reconocerlo, no me manejo muy bien con los ordenadores, aunque poco a poco veo mis progresos. Me llamo Jesús Murillo y estudio Filología Hispánica en la Universida de La Rioja. Me llaman romántico, será porque lo soy. No me puedo describir, porque como me dijeron un día, soy indescriptible. ¿Mas sobre mi? Esperad a las sucesivas entradas del blog.
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