La Rioja

img
Plaza de Josef Mengele de Logroño
img
Marcelino Izquierdo | 13-09-2016 | 10:14| 2

 

No me quedó otro remedio que leer una y otra vez el comunicado que el pasado 30 de agosto hizo público el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Logroño sobre el cambio de nombre de seis calles franquistas porque no me lo podía creer. Al principio pensé que se trataba de un error o de un fake de mal gusto, tan habitual en las redes sociales. Pero no.

Permutar José Calvo Sotelo (ministro de la dictadura de Primo de Rivera, colaborador de Mussolini, protomártir de la ‘gloriosa cruzada’ y conspirador golpista) por el de Leopoldo Calvo Sotelo (presidente del Gobierno de la democracia durante el bienio 1981-82), aprovechando la coincidencia de apellidos, bien parece un broma pesada de bastante mal gusto. Y ya lo de cambiar las denominaciones del parque dedicado al general González Gallarza por parque Gallarza y la plaza Martín Ballestero por plaza del Barrio de Ballestero supone un insulto a la inteligencia de los logroñeses.

Lo cierto es que la noticia bien podría ser diana de chanzas, burlas y ocurrencias varias de no ser por la seriedad de su trasfondo. ¿Se imaginan si en vez de Juan Yagüe, José Sanjurjo o Jorge Vigón los nombres a debate fueran los de Josef Mengele, Nicolae Ceaucescu, Iñaki de Juana Chaos o Pol Pot? ¿De verdad se escudarían entonces, señores munícipes, tras la inoportunidad, el «trasnochado guerracivilismo» u otros motivos comerciales?

No es el huevo, sino el fuero, lo que está en entredicho. Son los pilares de nuestra democracia los que se resienten cuando se muestra ambigüedad frente a la dictadura y el totalitarismo, sean del color que sean. El tacticismo político, encaminado a acaparar el espectro electoral entre la extrema derecha y el centro, conlleva implícito el riesgo de legitimar lo que en el resto de la Europa civilizada ya fue superado más de hace siete décadas.

Ver Post >
El primer Palacio de Justicia de La Rioja
img
Marcelino Izquierdo | 13-09-2016 | 10:17| 0

Las obras arrancaron en 1946 y el edificio fue inaugurado por Gallarza y otros dos ministros el 10 de julio de 1952

 

A vueltas con el nuevo Palacio de Justicia de La Rioja, levantado en la zona de Murrieta y cuya inauguración está prometida para final de año –tras algún que otro aplazamiento–, llega hoy a esta Retina de la Memoria el todavía en funcionamiento edificio de los juzgados, puesto en marcha en el año 1952 y que, por primera vez, agrupaba todos los servicios jurídicos en una única sede centralizada en el Logroño moderno.

El Tribunal Superior de Justicia de La Rioja, que así se denomina en la actualidad, tiene su antecedente histórico en las antiguas Audiencias Territoriales nacidas con la Constitución de 1812, ley de leyes gaditana que otorgó las competencias de las causas civiles y penales a las Audiencias Territoriales, si bien la provincia de Logroño no quedó definitivamente constituida hasta 1833.

Diferentes ubicaciones

Durante los siglos XIX y XX, las diversas dependencias judiciales fueron recorriendo variopintos edificios de la ciudad, entre ellos el antiguo Ayuntamiento –conocido como El Portalón–, que fue derribado en 1914 para permitir la apertura de la calle Juan Lobo; el palacio la calle Rodríguez Paterna, frente a la Cocina Económica, que ahora ocupa el Archivo Histórico; o el Palacio de Espartero, en la plaza de San Agustín, décadas antes de convertirse en Museo de La Rioja.

Contaba el cronista Jerónimo Jiménez que la escritura de compra de los terrenos del Palacio de Justicia, en la esquina de Víctor Pradera y Bretón de los Herreros, tiene fecha de 30 de enero de 1946 y que, a finales de ese mismo año, echaban a andar las obras a cargo de la empresa constructora de José Díaz Herce, como bien atestigua el cartel que aparece en ambas fotografías.

 

 

Provocó cierto malestar social entre los logroñeses el hecho de que para levantar la nueva Audiencia, en plena posguerra, fuera preciso derribar las escuelas primarias, ubicadas en la misma esquina, de la que se beneficiaban niños y niñas de baja extracción social, lo que agravó el “problema escolar” que sufría la capital por aquel entonces. De hecho, antes de que fuera dedicada al dramaturgo de Quel y al teatro que lleva su nombre, la calle era conocida como Muro de las Escuelas.

El juicio de “Satanás”

Tras más de un lustro de trabajo, el Palacio de Justicia quedo oficialmente inaugurado el 10 de julio de 1952, en un solemne acto presidido por el entonces ministro de Justicia, Antonio Iturmendi, y al que también acudieron los ministros del Aire, el riojano Eduardo González Gallarza, y el de Obras Públicas, conde de Vallellano. Para un presupuesto total de 5 millones de pesetas, el Ayuntamiento logroñés contribuyó con 600.000 pesetas y la Diputación Provincial, con 400.000.

Coincidieron las obras de la actual edificio judicial con el proceso del denominado “crimen de Satanás”, ocurrido en 1946 y que desembocó en la última pena de muerte ejecutada en La Rioja. Como Logroño no contaba en aquel momento con una sala con la suficiente capacidad, las autoridades decidieron que la vista oral se llevara a cabo en la biblioteca del IES Sagasta (entonces Instituto de Segunda Enseñanza).

Ver Post >
Aviones del aeródromo de Agoncillo tomaron parte en el bombardeo contra la villa de Guernica
img
Marcelino Izquierdo | 13-09-2016 | 10:21| 0

 

El bombardeo que la Legión Cóndor lanzó sobre la villa foral de Guernica no fue ni el más salvaje ni el que más víctimas mortales provocó durante la Guerra Civil española. Baste recordar las masacres de Durango, Lérida o Belchite. Sin embargo, como afirma el hispanista Paul Preston, «por tratarse de la primera destrucción de una ciudad abierta mediante un bombardeo, Guernica quedó grabada a fuego en la conciencia europea como el gran crimen de Franco».

Coincidiendo con la fecha del ochenta aniversario de la Guerra Civil, acaba de estrenarse en todo el país la película ‘Gernika’, que retrata en celuloide uno de los episodios más negros de la reciente historia de España y en el que el aeródromo riojano de Agoncillo tuvo un papel muy importante.

La presencia fortuita de varios corresponsales de guerra extranjeros -tres reporteros británicos y uno belga- llevaron la catástrofe humanitaria de Guernica a las páginas de los influyentes The Times británico y The New York Times estadounidense, con la consiguiente repercusión mediática a nivel mundial. Si a esta circunstancia unimos el impacto que a nivel mundial causó el cuadro homónimo pintado por Pablo Picasso, apenas unos meses después, el bombardeo de Guernica quedó convertido en un hito de la contienda fratricida, antelasa de la Segunda Guerra Mundial que ya se estaba fraguando.

El 26 de abril de 1937, los aviones de la Legión Cóndor asignados al Frente del Norte se ensañaron con la localidad vizcaína provocando decenas de víctimas, que en un primer balance se cifraron en 300 muertos, si bien estudios más recientes y exhaustivos lo reducen a 126.

 

 

La operación militar

En cuanto a la procedencia de los aviones que descargaron sus bombas y su metralla sobre Guernica, siempre ha existido cierta controversia entre los historiadores. Sin embargo las últimas investigaciones apuntan que el primer ataque corrió a cargo de un Dornier Do 17 alemán y de tres Savoia S-79 italianos, que habían despegado de Soria. A continuación, intervinieron varios bombarderos germanos He-111 y Junkers JU 52 alemanes, que fueron los aparatos que verdaderamente redujeron a escombros Guernica.

Estos bombarderos Junkers, de enorme potencia destructiva, fueron escoltados por cazas italianos Fiat CR 32 -llamados popularmente ‘Chirris’-, pertenecientes al Gruppo XVI ‘La Cucaracha’ y formado por las escuadrillas 24ª, 25ª -con centro operativo en el aeródromo riojano de Agoncillo- y 26ª, que había partido de Vitoria.

Según explica el historiador Xabier Irujo Amezaga, varios aviones de reconocimiento también sobrevolaron Guernica ese mismo día antes del ataque, al menos tres IMAM Romeo Ro.37, aparatos de la ‘Aviazione Legionaria’ italiana adscritos a la base aérea de Logroño, así como un número indeterminado de aviones alemanes con base en los aeródromos de Burgos y Vitoria en tareas de apoyo.

 

Félix Guallar, testigo de la masacre

En uno de esos aviones viajaba Félix Guallar, entonces fotógrafo de reemplazo en la Legión Cóndor, que retrató el bombardeo desde el aire. A lo largo de casi toda su vida mantuvo Guallar el secreto del horror que presenció a través del objetivo de su cámara y sólo cuando le llegó la jubilación, ya en plena democracia, tuvo el arrojo de compartirlo con familiares y amigos.

Había nacido Félix Guallar, fotógrafo de la Legión Condor, el 20 de noviembre de 1914 en Zaragoza. Siendo un niño, se trasladó a Logroño junto a su padre Hilario Guallar, fotógrafo de profesión, quien abrió el estudio ‘Foto Luz’ en la calle del Mercado nº 4 -hoy bar ‘El Dorado’-. Ingresó Félix en la Caja de Reclutas de la capital riojana con fecha de 1 de agosto de 1935 y el 7 de noviembre fue destinado a la Escuadra de Aviación nº 1 de Getafe. La licencia provisional le llegaría el 6 de julio de 1936, según el expediente militar que se conserva en el Archivo Histórico del Ejército del Aire

Al estallar la guerra pocos días después de regresar a Logroño, fue llamado Guallar de nuevo a filas para ejercer como fotógrafo de las Fuerzas Armadas del Norte, enrolado en la Legión Cóndor, entre el 10 de agosto de 1936 y el 31 de octubre de 1937. Allí pudo fotografiar el bombardeo de Guernica. La misión de los fotógrafos no era otra que captar desde el aire los posibles objetivos de la Legión Cóndor para que los pilotos y los especialistas pudieran mejorar la puntería de sus ataques.

Durante el resto de la contienda, ‘Felisón’ recorrió media España con su cámara al hombro hasta que fue licenciado. Ya de civil, trabajó en la prensa (‘Norte Express’, ‘El Correo Español’…), sin olvidar la foto de carné, bodas y comuniones. Murió en el 2000, a los 86 años.

 

 

La importancia estratégica de Agoncillo

Dada la importancia estratégica del aeródromo riojano, en la primavera de 1937 la Legión Cóndor alemana y la ‘Aviazione Legionaria’ de la Regia Aeronáutica italiana ya habían radicado en Agoncillo un equipo operativo e integrado con las tropas al mando de Franco. La base riojana, a su vez, formaba parte de una red de aeródromos cercanos entre los que se hallaban Soria, Burgos o Zaragoza, que ejercieron un dominio aéreo en el norte de España.

No obstante, el primer ataque mortífero en el que participó el aeródromo logroñés había sido el bombardeo de Durango, el 31 de marzo de 1937. La localidad vizcaína fue el conejillo de indias elegido por el general Franco y sus aliados alemanes e italianos para lanzar el primer bombardeo «en alfombra» sobre población civil de toda la historia.

Dos escuadrillas del grupo de bombardeo pesado Savoia 81 despegaron de Soria, a las que se unieron otras dos más formadas por 18 cazas procedentes de Agoncillo en misión de escolta. En una ofensiva aérea, calificada por el ‘diario storico’ de la Aviazione Legionaria como «extremadamente mortífera», Durango sufrió cientos de víctimas mortales y de heridos.

Medio año después de Guernica, el 2 de noviembre de 1937, nueve aparatos italianos, procedentes de las bases de Logroño y de Soria, bombardearon Lérida, provocando al menos dos centenares de muertes, entre ellas 48 niños del Liceu Escolar, y más de 750 heridos.

 

 

Gernika, una película sobre el amor y la guerra

La película ‘Gernika’, que ahora se estrena en España, se desarrolla entre Bilbao y Guernica, a través de una historia de amor entre periodistas en tiempos de guerra, que coincide con el bombardeo de la villa vizcaína dentro de la Guerra Civil. El filme se preestrenó el pasado abril en Festival de Málaga con buena aceptación. Henry (James D’Arcy), un reportero norteamericano en horas bajas, está cubriendo el Frente Norte cuando conoce a Teresa (María Valverde), una editora de la oficina de prensa del Gobierno republicano. Teresa, cortejada por su jefe, Vasyl (Jack Davenport), un asesor ruso del gobierno republicano, se sentirá atraída por el idealismo durmiente de Henry y querrá despertar en él la pasión por contar esa verdad que un día fue su único objetivo.

El director de ‘Gernika’, Koldo Serra, destaca que la trama, siempre con la Guerra Civil de fondo, se desarrolla a través de «unos personajes ricos en matices (inspirados en nombres reales como Ernest Hemingway, Robert Capa, o George Steer) y con muchas aristas que la hacen muy apetecible». Producida por Pecado Films y Daniel Dreifuss en coproducción con Travis Produce, Sayaka Producciones y Gernika, The Movie AIE, la película tiene un presupuesto de seis millones de euros y está distribuida a nivel mundial por Sony Pictures.

 

Ver Post >
Centro de la Cultura del Rioja: ¿borrón y cuenta nueva en el CCR?
img
Marcelino Izquierdo | 30-08-2016 | 20:44| 1

 

Era más que evidente que el anuncio del cierre temporal del Centro de la Cultura del Rioja no fue sino una excusa que el Ayuntamiento se sacó de la chistera para poner punto y final a una contumaz metedura de pata. Y es que el tiempo siempre da y quita razones. Los dos meses de plazo anunciados para el arreglo de unas goteras –que, por cierto, ya existían desde antes de la reapertura– han transcurrido sin que nadie moviera un ladrillo ni una teja.

Y sólo después de que la prensa criticara la parálisis que sufría el CCR y la oposición denunciara robos y daños en su interior, ha salido a la palestra el equipo de Gobierno para dilatar el proceso de reforma hasta mayo.
Claro que lo del próximo mayo es un decir. Primero, porque las obras y los proyectos en esta ciudad suelen alargarse hasta el infinito… y más; segundo, porque ni el portavoz municipal tiene claro todavía si la empresa concesionaria va a seguir o no gestionando el Centro y, tercero, porque el propio Miguel Sáinz ha puesto sobre la mesa la apertura de un «proceso de reflexión». O, lo que es lo mismo, ha reconocido que muy bien no se hicieron las cosas

De acuerdo, señores munícipes. Hagan tabla rasa después de un lustro perdido para el CCR, dejen atrás el combate político -aunque alguien tendría que pagar, políticamente, los platos rotos- y céntrense en reflotar un proyecto que puede y debe dinamizar el Casco Antiguo logroñés. Mimbres hay. La reformada Casa de la Virgen atesora por sí misma un evidente valor patrimonial y la voluminosa memoria redactada por el arquitecto Jesús Marino Pascual aporta muchas claves de cómo poner en marcha el CCR.

Eso sí, el Ayuntamiento no debe apostar por el Centro de la Cultura del Rioja como si fuera un negocio privado al que sacar rédito, sino como una entidad pública que sea el coadyuvante de todos los atractivos que posee la ciudad.

Ver Post >
Poeta en Nueva York
img
Marcelino Izquierdo | 26-08-2016 | 11:03| 0

 

«Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir». Federico García Lorca

 

“Dale café, mucho café”, ordenó el general Queipo de Llano al gobernador civil de Granada cuando supo del arresto de García Lorca. Hace ochenta años, la intolerancia asesinó sin duelo a uno de los más grandes poetas en lengua castellana, cuyos restos siguen hoy en el limbo de la ignominia. Cuando las balas segaron el ingenio del escritor granadino en una barranca perdida, a punto estaba de ver la luz ‘Poeta en Nueva York’, reflejo de su experiencia en la metrópolis entre 1929 y 1930.

Deambulando este mes de agosto por la cuadrícula de la Gran Manzana, mis sentidos captaban mil y un estímulos de la que Federico denominó «Babilonia trepidante y enloquecedora», que me trajeron a la memoria ‘Poeta en Nueva York’, su arquitectura extrahumana, sus rascacielos más altos que la luna, sus ritmos furiosos preñados de mecánica y metal o las locuras eléctricas de Times Square, epicentro «de la ciudad más atrevida y más moderna del mundo».

Cuando al escudriñar las cumbres neoyorquinas rasgando las nubes, en ese incesante miracielos que es Manhattan, y surgió de pronto el Chrysler Building, releí mentalmente lo que la pluma de Lorca había plasmado cuando en 1930 fue testigo de su construcción: «(…) Un edificio enorme con cien pisos, blanco y negro, que es una verdadera maravilla».

De regreso a la tierra en la que ‘nunca pasa nada’, he vuelto a ‘Poeta en Nueva York’, publicado cuatro años después del asesinato del escritor: «Por el East River y el Queensborough / los muchachos luchaban con la industria, / y los judíos vendían al fauno del río / la rosa de la circuncisión / y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados / manadas de bisontes empujadas por el viento».

Ver Post >
El patriotismo de Donald Trump
img
Marcelino Izquierdo | 20-08-2016 | 17:57| 0

 

“Resulta muy fácil ser patriota cuando se manda a morir a otros”     (Augusto Boal)

La frase pronunciada por Samuel Johnson “el patriotismo es el último refugio de los canallas” le va a Donald Trump como anillo al dedo. Enfebrecido por el síndrome de las barras y las estrellas elevadas a su máxima potencia, al candidato republicano a la Casa Blanca no le han dolido prendas a la hora de arremeter contra los padres de Humayun Khan, un militar norteamericano de religión musulmana, caído en la guerra de Irak.

No deja de ser curioso el ardor guerrero que destila el magnate neoyorkino cuando, en su juventud, no dudó en buscar mil y una triquiñuelas para eludir la Guerra de Vietnam, entre ellas varias prórrogas por sus estudios universitarios. Gozaba Trump de una salud envidiable pero, en 1968, le detectaron un espolón calcáneo en el talón que lo libró de ser movilizado al frente, pese a ser una dolencia temporal. En su defensa, alega Trump que en realidad no fue a la guerra porque –digámoslo así- en el sorteo militar salió excedente de cupo, versión que cuestiona nada menos que The New York Times.

Algo parecido le ocurrió a otro irredento patriota, José María Aznar. Aprovechando las sucesivas prorrogas de estudios, el expresidente del Gobierno se licenció en Derecho y preparó las oposiciones para inspector de Hacienda mientras su esposa Ana Botella ya estaba trabajando. Destinado ya en Logroño como inspector, cuando en 1979 debía incorporarse a filas, Aznar argumentó como excusa que él era el único sustento económico de su familia. Pero el recurso fue una añagaza: Ana Botella, ahora empleada en el Gobierno Civil de la capital riojana, aprovechó el nacimiento de su hija Ana para tomarse una excedencia de tres años y permitir de esta manera a Aznar ser el único sostén de la familia.

Ver Post >
El Parador de Ganzábal
img
Marcelino Izquierdo | 20-08-2016 | 17:41| 0

 

El Parador del Norte ya no existe. Tan sólo queda una impersonal fachada, con los sillares deteriorados por el tiempo -y sobre todo por la dejadez-, así como cuatro letras carcomidas en las que apenas se lee “Escuela católica”. La piqueta, otra vez en verano, acaba de derribar otra seña de identidad del viejo Logroño. Al otro lado del Puente de Piedra, la magnífica casa con tejado a cuatro aguas y construida hace siglo y medio (c. 1870) por Alejandro Ganzábal fuera durante décadas el guardián que daba la bienvenida a quienes llegaban desde la margen izquierda del Ebro, peregrinos incluidos.

Con motivo del fallecimiento del cantero Ganzábal, una de las personas más queridas de la ciudad, la Corporación Municipal asistió en pleno al sepelio. “Cuando Logroño se hallaba en peligro de poder ser objeto de un audaz golpe de mano de los carlistas en la última guerra civil (1872-1876), encomendó la Junta de defensa al señor Ganzábal la construcción de murallas provisionales, y éste lo hizo con tal acierto en el brevísimo plazo de tres meses, que mereció justas alabanzas de las autoridades militares”, afirmaba nuestro periódico el 30 de octubre de 1906 en un extenso obituario.

El edificio ahora derribado, abandonado a su (mala) suerte durante las últimas décadas, sirvió como hospital de coléricos a finales del siglo XIX; fue Parador del Norte, posada que regentaba Segundo Rollo; albergó una fábrica de lejías, ‘Escuela Católica’ en la posguerra, comercio, café y hasta casa de citas

Además del Parador o las murallas de la capital riojana, Alejandro Ganzábal –íntimo amigo de Sagasta y de Amós Salvador- levantó el nuevo Puente de Piedra, las bodegas Marqués de Riscal en Elciego o la carretera de Peñacerrada, así como su propio panteón y el del doctor Zubía, que también amenazan ruina en la parte más antigua del cementerio logroñés.

Ver Post >
‘La Historia de Laguardia jamás contada’
img
Marcelino Izquierdo | 20-07-2016 | 21:29| 0

 

«Los animales, por lo general, no hablan. Los de esta historia, sí». De esta manera comienza el libro titulado ‘La historia de Laguardia jamás contada’, cuya presentación tendrá lugar el viernes 22 de julio en la Oficina de Turismo de Laguardia, situada en la Casa Garcetas. Los autores de la publicación son la pintora e ilustradora Judith Sáenz de Tejada Gorman, mientras que el texto corre a cargo de nuestro compañero Marcelino Izquierdo Vozmediano, jefe de Cierre de Diario LARIOJA

El volumen, publicado por Ediciones Másquerutas, tiene un esquema muy similar al de los anteriores proyectos sobre Logroño, La Rioja, Bilbao y Vitoria, si bien en esta ocasión el formato es más manejable y sale a la calle en castellano, inglés y euskera. A través de ‘La historia de Laguardia jamás contada’, publicación destinada a ‘niños’ «de entre 9 y 99 años», los autores describen e ilustran la villa de Laguardia con el propósito de «servir de entretenimiento, pero también de guía turística, histórica, cultural, festiva o gastronómica» asegura Izquierdo.

Tanto la pintora como el escritor ya habían colaborado conjuntamente en anteriores ocasiones. «El trabajo en equipo es muy gratificante, nos ayudamos y complementamos para que la obra sea un todo y, además, resulte divertida», afirma Judith Sáenz de Tejada.

Durante el presentación, que comenzará a las siete y media de la tarde, además de proyectar ilustraciones y fotografías, los autores irán desgranando algunas de las anécdotas y curiosidades de la villa riojano alavesa, al tiempo que dibujarán en directo a los principales personajes y las estampas más tradicionales. Tampoco faltará el turno de preguntas para los asistentes. Además de Judith Sáenz de Tejada y Marcelino Izquierdo, también estará presente el alcalde de Laguardia, Pedro León.

Ver Post >
¡Asco!
img
Marcelino Izquierdo | 20-07-2016 | 20:56| 0

 

Pamplona. 9 de julio de 1984. Tras haber agotado el fondo común en cervezas y algún que otro bocadillo de gran calibre, mis amigos y yo buscamos acomodo en los jardines de la plaza del Castillo. Había que descansar al menos un par de horas antes de intentar la aventura del encierro. Era tal el gentío tumbado sobre el césped, a las cinco de la madrugada, que optamos por emigrar a los jardines de la Taconera, frente al hotel Tres Reyes. Dormitábamos en el pasto tras una barrera de arbustos, cuando un murmullo, entremezclado con risotadas y algún grito más alto que otro, segó nuestra paz. A lo lejos, una chica rubia de buen ver se acercaba con caminar errabundo, perseguida por una gavilla de moscones. Eran, en su mayoría, mozos ataviados de blanco y con fajín rojo, que se estaban propasando con una chica indefensa. De pronto, la muchacha fijó su vista en uno de mis amigos como quien ve un salvavidas y, tras una carrerilla inesperada, se echó en sus brazos. Estaba tan aturdida y desesperada que le plantó un beso como si fuera su novio. Nos quedamos atónitos. Con nuestro limitado inglés –¡maldigo al ministro de Educación que nos obligó a estudiar francés!- supimos que era californiana, que se llamaba Belinda y que buscaba a tres amigas de las que se había extraviado. Los moscardones seguían revoloteando alrededor, por si surgía la ocasión de llevarse a la joven a un lugar más oscuro. Por suerte, una patrulla de la Policía Local pasó cerca y Belinda quedó a buen recaudo. Aún recuerdo cómo nos insultaron los abusadores cuando se dieron cuenta de que la chica nada tenía que ver con nosotros. “No la podíamos haber repartido”, espetó uno de ellos, como si Belinda fuera un trozo de carne.

Ver Post >
Sagasta, instituto desde hace 174 años
img
Marcelino Izquierdo | 05-07-2016 | 21:00| 0

 

El edificio del IES Sagasta, que ahora cierra sus puertas durante varios años para ser remodelado, se inauguró en 1900

 

El 21 de septiembre de 1900, festividad de San Mateo por más señas, era inaugurado el majestuoso edificio que acoge el actual IES Práxedes Mateo Sagasta, sobre el trazado del arquitecto Luis Barrón.
Casi 116 años después, el popular centro educativo acaba de cerrar sus puertas, en un emotivo acto de despedida, para poder ser rehabilitado y adaptado a las exigencias pedagógicas del siglo XXI.

Sin embargo, la historia del primer instituto que tuvo La Rioja se remonta al otoño de 1842, con la creación del denominado Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Logroño, que vio la luz por el empeño personal de Baldomero Espartero, en aquel tiempo regente del Reino de España.

Instalado en el antiguo convento de los Carmelitas Descalzos, la apertura del primer curso académico tuvo lugar el 1 de octubre de 1843 y así funcionó hasta finales del siglo XIX, cuando las autoridades, conscientes de las limitaciones para la docencia del viejo monasterio fundado en 1629, proyectaron el nuevo edificio en el mismo emplazamiento.

Cuando arranquen las obras de reforma del IES Sagasta –todavía sin fecha concreta–, técnicos y operarios se encontrarán bajo los cimientos alrededor de doscientas tumbas de religiosos carmelitas, inhumados entre 1629 y la Guerra de la Independencia (1808-1814), y que Barrón quiso respetar.

A lo largo de sus 164 años de vida, miles y miles han sido los alumnos y profesores que han pasado por sus aulas, de los que entresacamos a un puñado de ellos, seguros de que nos dejamos a muchos en el tintero por falta de espacio: los arquitectos Fermín Álamo, Quintín Bello y Agapito del Valle; los matemáticos Julio Rey Pastor, Sixto Cámara Tecedor y Olegario Fernández Baños; los académicos Emilio Alarcos Llorach y José María Lope Toledo; los profesores Ildefonso Zubía, Ignacio Zumeta y Tomás Mingot; los políticos Amós Salvador Rodrigáñez, Joaquín Elizalde y José María Gil-Albert; los escritores Paulino Masip y Rafael Sánchez Mazas; el cronista Jerónimo Jiménez; el ingeniero Carlos Fernández Casado; el oftalmólogo Ramón Castroviejo; el Premio Príncipe de Asturias Luis Díez del Corral; el religioso José María Escrivá de Balaguer, hoy Sanjosemaría, o los pintores Baldomero Sáenz y Emilio García Moreda.

La imagen que hoy contemplamos, y que pertenece al archivo del Instituto de Estudios Riojano (IER), fue tomada en 1934 por Manuel Arribas y publicada como postal por la imprenta Hijos de Alesón. Frente a la fachada principal, se erige la estatua de Práxedes Mateo Sagasta, político torrecillano que da nombre al instituto desde 1975. Al fondo, a la izquierda, el cuartel de Artillería, cuyo espacio ocupa ahora el Ayuntamiento capitalino.

Ver Post >