La Rioja

img
Centro de la Cultura del Rioja: ¿borrón y cuenta nueva en el CCR?
img
Marcelino Izquierdo | hace 1 hora| 0

 

Era más que evidente que el anuncio del cierre temporal del Centro de la Cultura del Rioja no fue sino una excusa que el Ayuntamiento se sacó de la chistera para poner punto y final a una contumaz metedura de pata. Y es que el tiempo siempre da y quita razones. Los dos meses de plazo anunciados para el arreglo de unas goteras –que, por cierto, ya existían desde antes de la reapertura– han transcurrido sin que nadie moviera un ladrillo ni una teja.

Y sólo después de que la prensa criticara la parálisis que sufría el CCR y la oposición denunciara robos y daños en su interior, ha salido a la palestra el equipo de Gobierno para dilatar el proceso de reforma hasta mayo.
Claro que lo del próximo mayo es un decir. Primero, porque las obras y los proyectos en esta ciudad suelen alargarse hasta el infinito… y más; segundo, porque ni el portavoz municipal tiene claro todavía si la empresa concesionaria va a seguir o no gestionando el Centro y, tercero, porque el propio Miguel Sáinz ha puesto sobre la mesa la apertura de un «proceso de reflexión». O, lo que es lo mismo, ha reconocido que muy bien no se hicieron las cosas

De acuerdo, señores munícipes. Hagan tabla rasa después de un lustro perdido para el CCR, dejen atrás el combate político -aunque alguien tendría que pagar, políticamente, los platos rotos- y céntrense en reflotar un proyecto que puede y debe dinamizar el Casco Antiguo logroñés. Mimbres hay. La reformada Casa de la Virgen atesora por sí misma un evidente valor patrimonial y la voluminosa memoria redactada por el arquitecto Jesús Marino Pascual aporta muchas claves de cómo poner en marcha el CCR.

Eso sí, el Ayuntamiento no debe apostar por el Centro de la Cultura del Rioja como si fuera un negocio privado al que sacar rédito, sino como una entidad pública que sea el coadyuvante de todos los atractivos que posee la ciudad.

Ver Post >
Poeta en Nueva York
img
Marcelino Izquierdo | 26-08-2016 | 11:03| 0

 

«Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir». Federico García Lorca

 

“Dale café, mucho café”, ordenó el general Queipo de Llano al gobernador civil de Granada cuando supo del arresto de García Lorca. Hace ochenta años, la intolerancia asesinó sin duelo a uno de los más grandes poetas en lengua castellana, cuyos restos siguen hoy en el limbo de la ignominia. Cuando las balas segaron el ingenio del escritor granadino en una barranca perdida, a punto estaba de ver la luz ‘Poeta en Nueva York’, reflejo de su experiencia en la metrópolis entre 1929 y 1930.

Deambulando este mes de agosto por la cuadrícula de la Gran Manzana, mis sentidos captaban mil y un estímulos de la que Federico denominó «Babilonia trepidante y enloquecedora», que me trajeron a la memoria ‘Poeta en Nueva York’, su arquitectura extrahumana, sus rascacielos más altos que la luna, sus ritmos furiosos preñados de mecánica y metal o las locuras eléctricas de Times Square, epicentro «de la ciudad más atrevida y más moderna del mundo».

Cuando al escudriñar las cumbres neoyorquinas rasgando las nubes, en ese incesante miracielos que es Manhattan, y surgió de pronto el Chrysler Building, releí mentalmente lo que la pluma de Lorca había plasmado cuando en 1930 fue testigo de su construcción: «(…) Un edificio enorme con cien pisos, blanco y negro, que es una verdadera maravilla».

De regreso a la tierra en la que ‘nunca pasa nada’, he vuelto a ‘Poeta en Nueva York’, publicado cuatro años después del asesinato del escritor: «Por el East River y el Queensborough / los muchachos luchaban con la industria, / y los judíos vendían al fauno del río / la rosa de la circuncisión / y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados / manadas de bisontes empujadas por el viento».

Ver Post >
El patriotismo de Donald Trump
img
Marcelino Izquierdo | 20-08-2016 | 17:57| 0

 

“Resulta muy fácil ser patriota cuando se manda a morir a otros”     (Augusto Boal)

La frase pronunciada por Samuel Johnson “el patriotismo es el último refugio de los canallas” le va a Donald Trump como anillo al dedo. Enfebrecido por el síndrome de las barras y las estrellas elevadas a su máxima potencia, al candidato republicano a la Casa Blanca no le han dolido prendas a la hora de arremeter contra los padres de Humayun Khan, un militar norteamericano de religión musulmana, caído en la guerra de Irak.

No deja de ser curioso el ardor guerrero que destila el magnate neoyorkino cuando, en su juventud, no dudó en buscar mil y una triquiñuelas para eludir la Guerra de Vietnam, entre ellas varias prórrogas por sus estudios universitarios. Gozaba Trump de una salud envidiable pero, en 1968, le detectaron un espolón calcáneo en el talón que lo libró de ser movilizado al frente, pese a ser una dolencia temporal. En su defensa, alega Trump que en realidad no fue a la guerra porque –digámoslo así- en el sorteo militar salió excedente de cupo, versión que cuestiona nada menos que The New York Times.

Algo parecido le ocurrió a otro irredento patriota, José María Aznar. Aprovechando las sucesivas prorrogas de estudios, el expresidente del Gobierno se licenció en Derecho y preparó las oposiciones para inspector de Hacienda mientras su esposa Ana Botella ya estaba trabajando. Destinado ya en Logroño como inspector, cuando en 1979 debía incorporarse a filas, Aznar argumentó como excusa que él era el único sustento económico de su familia. Pero el recurso fue una añagaza: Ana Botella, ahora empleada en el Gobierno Civil de la capital riojana, aprovechó el nacimiento de su hija Ana para tomarse una excedencia de tres años y permitir de esta manera a Aznar ser el único sostén de la familia.

Ver Post >
El Parador de Ganzábal
img
Marcelino Izquierdo | 20-08-2016 | 17:41| 0

 

El Parador del Norte ya no existe. Tan sólo queda una impersonal fachada, con los sillares deteriorados por el tiempo -y sobre todo por la dejadez-, así como cuatro letras carcomidas en las que apenas se lee “Escuela católica”. La piqueta, otra vez en verano, acaba de derribar otra seña de identidad del viejo Logroño. Al otro lado del Puente de Piedra, la magnífica casa con tejado a cuatro aguas y construida hace siglo y medio (c. 1870) por Alejandro Ganzábal fuera durante décadas el guardián que daba la bienvenida a quienes llegaban desde la margen izquierda del Ebro, peregrinos incluidos.

Con motivo del fallecimiento del cantero Ganzábal, una de las personas más queridas de la ciudad, la Corporación Municipal asistió en pleno al sepelio. “Cuando Logroño se hallaba en peligro de poder ser objeto de un audaz golpe de mano de los carlistas en la última guerra civil (1872-1876), encomendó la Junta de defensa al señor Ganzábal la construcción de murallas provisionales, y éste lo hizo con tal acierto en el brevísimo plazo de tres meses, que mereció justas alabanzas de las autoridades militares”, afirmaba nuestro periódico el 30 de octubre de 1906 en un extenso obituario.

El edificio ahora derribado, abandonado a su (mala) suerte durante las últimas décadas, sirvió como hospital de coléricos a finales del siglo XIX; fue Parador del Norte, posada que regentaba Segundo Rollo; albergó una fábrica de lejías, ‘Escuela Católica’ en la posguerra, comercio, café y hasta casa de citas

Además del Parador o las murallas de la capital riojana, Alejandro Ganzábal –íntimo amigo de Sagasta y de Amós Salvador- levantó el nuevo Puente de Piedra, las bodegas Marqués de Riscal en Elciego o la carretera de Peñacerrada, así como su propio panteón y el del doctor Zubía, que también amenazan ruina en la parte más antigua del cementerio logroñés.

Ver Post >
‘La Historia de Laguardia jamás contada’
img
Marcelino Izquierdo | 20-07-2016 | 21:29| 0

 

«Los animales, por lo general, no hablan. Los de esta historia, sí». De esta manera comienza el libro titulado ‘La historia de Laguardia jamás contada’, cuya presentación tendrá lugar el viernes 22 de julio en la Oficina de Turismo de Laguardia, situada en la Casa Garcetas. Los autores de la publicación son la pintora e ilustradora Judith Sáenz de Tejada Gorman, mientras que el texto corre a cargo de nuestro compañero Marcelino Izquierdo Vozmediano, jefe de Cierre de Diario LARIOJA

El volumen, publicado por Ediciones Másquerutas, tiene un esquema muy similar al de los anteriores proyectos sobre Logroño, La Rioja, Bilbao y Vitoria, si bien en esta ocasión el formato es más manejable y sale a la calle en castellano, inglés y euskera. A través de ‘La historia de Laguardia jamás contada’, publicación destinada a ‘niños’ «de entre 9 y 99 años», los autores describen e ilustran la villa de Laguardia con el propósito de «servir de entretenimiento, pero también de guía turística, histórica, cultural, festiva o gastronómica» asegura Izquierdo.

Tanto la pintora como el escritor ya habían colaborado conjuntamente en anteriores ocasiones. «El trabajo en equipo es muy gratificante, nos ayudamos y complementamos para que la obra sea un todo y, además, resulte divertida», afirma Judith Sáenz de Tejada.

Durante el presentación, que comenzará a las siete y media de la tarde, además de proyectar ilustraciones y fotografías, los autores irán desgranando algunas de las anécdotas y curiosidades de la villa riojano alavesa, al tiempo que dibujarán en directo a los principales personajes y las estampas más tradicionales. Tampoco faltará el turno de preguntas para los asistentes. Además de Judith Sáenz de Tejada y Marcelino Izquierdo, también estará presente el alcalde de Laguardia, Pedro León.

Ver Post >
¡Asco!
img
Marcelino Izquierdo | 20-07-2016 | 20:56| 0

 

Pamplona. 9 de julio de 1984. Tras haber agotado el fondo común en cervezas y algún que otro bocadillo de gran calibre, mis amigos y yo buscamos acomodo en los jardines de la plaza del Castillo. Había que descansar al menos un par de horas antes de intentar la aventura del encierro. Era tal el gentío tumbado sobre el césped, a las cinco de la madrugada, que optamos por emigrar a los jardines de la Taconera, frente al hotel Tres Reyes. Dormitábamos en el pasto tras una barrera de arbustos, cuando un murmullo, entremezclado con risotadas y algún grito más alto que otro, segó nuestra paz. A lo lejos, una chica rubia de buen ver se acercaba con caminar errabundo, perseguida por una gavilla de moscones. Eran, en su mayoría, mozos ataviados de blanco y con fajín rojo, que se estaban propasando con una chica indefensa. De pronto, la muchacha fijó su vista en uno de mis amigos como quien ve un salvavidas y, tras una carrerilla inesperada, se echó en sus brazos. Estaba tan aturdida y desesperada que le plantó un beso como si fuera su novio. Nos quedamos atónitos. Con nuestro limitado inglés –¡maldigo al ministro de Educación que nos obligó a estudiar francés!- supimos que era californiana, que se llamaba Belinda y que buscaba a tres amigas de las que se había extraviado. Los moscardones seguían revoloteando alrededor, por si surgía la ocasión de llevarse a la joven a un lugar más oscuro. Por suerte, una patrulla de la Policía Local pasó cerca y Belinda quedó a buen recaudo. Aún recuerdo cómo nos insultaron los abusadores cuando se dieron cuenta de que la chica nada tenía que ver con nosotros. “No la podíamos haber repartido”, espetó uno de ellos, como si Belinda fuera un trozo de carne.

Ver Post >
Sagasta, instituto desde hace 174 años
img
Marcelino Izquierdo | 05-07-2016 | 21:00| 0

 

El edificio del IES Sagasta, que ahora cierra sus puertas durante varios años para ser remodelado, se inauguró en 1900

 

El 21 de septiembre de 1900, festividad de San Mateo por más señas, era inaugurado el majestuoso edificio que acoge el actual IES Práxedes Mateo Sagasta, sobre el trazado del arquitecto Luis Barrón.
Casi 116 años después, el popular centro educativo acaba de cerrar sus puertas, en un emotivo acto de despedida, para poder ser rehabilitado y adaptado a las exigencias pedagógicas del siglo XXI.

Sin embargo, la historia del primer instituto que tuvo La Rioja se remonta al otoño de 1842, con la creación del denominado Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Logroño, que vio la luz por el empeño personal de Baldomero Espartero, en aquel tiempo regente del Reino de España.

Instalado en el antiguo convento de los Carmelitas Descalzos, la apertura del primer curso académico tuvo lugar el 1 de octubre de 1843 y así funcionó hasta finales del siglo XIX, cuando las autoridades, conscientes de las limitaciones para la docencia del viejo monasterio fundado en 1629, proyectaron el nuevo edificio en el mismo emplazamiento.

Cuando arranquen las obras de reforma del IES Sagasta –todavía sin fecha concreta–, técnicos y operarios se encontrarán bajo los cimientos alrededor de doscientas tumbas de religiosos carmelitas, inhumados entre 1629 y la Guerra de la Independencia (1808-1814), y que Barrón quiso respetar.

A lo largo de sus 164 años de vida, miles y miles han sido los alumnos y profesores que han pasado por sus aulas, de los que entresacamos a un puñado de ellos, seguros de que nos dejamos a muchos en el tintero por falta de espacio: los arquitectos Fermín Álamo, Quintín Bello y Agapito del Valle; los matemáticos Julio Rey Pastor, Sixto Cámara Tecedor y Olegario Fernández Baños; los académicos Emilio Alarcos Llorach y José María Lope Toledo; los profesores Ildefonso Zubía, Ignacio Zumeta y Tomás Mingot; los políticos Amós Salvador Rodrigáñez, Joaquín Elizalde y José María Gil-Albert; los escritores Paulino Masip y Rafael Sánchez Mazas; el cronista Jerónimo Jiménez; el ingeniero Carlos Fernández Casado; el oftalmólogo Ramón Castroviejo; el Premio Príncipe de Asturias Luis Díez del Corral; el religioso José María Escrivá de Balaguer, hoy Sanjosemaría, o los pintores Baldomero Sáenz y Emilio García Moreda.

La imagen que hoy contemplamos, y que pertenece al archivo del Instituto de Estudios Riojano (IER), fue tomada en 1934 por Manuel Arribas y publicada como postal por la imprenta Hijos de Alesón. Frente a la fachada principal, se erige la estatua de Práxedes Mateo Sagasta, político torrecillano que da nombre al instituto desde 1975. Al fondo, a la izquierda, el cuartel de Artillería, cuyo espacio ocupa ahora el Ayuntamiento capitalino.

Ver Post >
Centro de la Cultura del Rioja o el que avisa no es traidor
img
Marcelino Izquierdo | 05-07-2016 | 16:00| 0

«El mejor profeta del futuro es el pasado» (Lord Byron)

 

Hace justo un año, vaticinaba en este mismo ‘Crisol’ y en el blog ‘Historias Riojanas’ el futuro incierto del Centro de la Cultura del Rioja (CCR) nada más abrir sus puertas: «(…) deprisa y corriendo, el CCR se ha querido poner en marcha al calor de las urnas a través de un proyecto errático, cortoplacista y de consumo interno o, lo que es lo mismo, de autopropaganda».

¡Cuánto me fastidia haber sido profeta… y en mi tierra!

Pese a que el Ayuntamiento de Logroño acaba de anunciar el cierre y la suspensión temporal del contrato del Centro de la Cultura del Rioja, con la excusa de reparar las goteras de la cubierta y otras deficiencias añadidas, se antoja evidente que esta medida –que llega en lo más álgido de la temporada turística– no responde, ni de lejos, a las causas apuntadas. De hecho, la reapertura es una quimera sin fecha ni intención. Las goteras y otros desperfectos de la cubierta son anteriores a la apertura del Centro, de lo que puedo dar fe.

Lo que Logroño necesita, y desde hace muchos años, es un museo de calidad y no una suerte de vídeos superfluos e instalaciones minimalistas. Lo de la cafetería, el winebar, la sala de cata, la tienda de vinos o el escenario de música y teatro con copa incluida lleva años ofertándose a través de la iniciativa privada.

El problema no radica en si la UTE (formada por Osga y Sapje) que gestiona el CCR incumple o no el pliego de condiciones redactado por el Consistorio; el problema, en sí, es el propio pliego de condiciones, que no apostó por un centro de titularidad pública, que contribuya a dinamizar el Casco Antiguo y que amalgame los vínculos de la capital con la enología y su cultura.

Ver Post >
Hooligans
img
Marcelino Izquierdo | 27-06-2016 | 15:53| 0

«El patriotismo es la virtud de los depravados» (Oscar Wilde)

 

Define el diccionario de la RAE el término hooligan como «hincha británico de comportamiento violento y agresivo». Era Edward Hooligan, allá por 1877, un tipo canalla, borrachín y pendenciero, que todos los fines de semana armaba la marimorena – en versión inglesa, claro– en su barrio del sur de Londres, cuando su hígado y su escaso cerebro estaban bañados en cerveza. Fueron tan sonadas sus ‘hazañas bélicas’ que el apellido quedó muy pronto vinculado a cualquier hecho violento que salpicara calles, pubs o parques de la capital británica.

Cuentan también que, al arrancar el siglo XX, una familia irlandesa de apellido Hooligan sembraba el terror en los campos de fútbol londinenses. El padre, la madre y su caterva de retoños se dedicaban a insultar ruidosamente a cuantas aficiones se enfrentaban a los equipos en los que jugaba alguno de los miembros del clan. La franquicia Hooligan, por desgracia, acabó extendiéndose por el planeta y adaptándose a cada lugar con apelativos como ultras, barras bravas, tiffosi o torcidas.

Tras el frenazo que supuso la tragedia de Heysel, que en 1985 dejó 39 muertos y 500 heridos, ha ido reflotando con fuerza de manera intermitente hasta llegar a la actual Eurocopa de Francia. Ingleses y rusos, sobre todo, están dejando un rastro de asquerosa y execrable sinrazón, amparados en un patrioterismo futbolero que, en resumen, no esconde sino una realidad mucho más peligrosa: la intolerancia.

Thomas Mair, asesino de la diputada laborista Jo Cox, no deja de ser un hooligan llevado a la máxima expresión de la crueldad, un intolerante fanático del Brexit que, envuelto en la ‘Union flag’, odia hasta la muerte a quienes no piensan como él.

Pese a todo, el Brexit triunfó respaldado por millones de hooligans, que prefirieron apostar por la cerrazón y el ombliguismo cateto.

Ver Post >
‘Discorso di Logrogno’
img
Marcelino Izquierdo | 19-06-2016 | 10:27| 0

 

 

Cuando apenas queda un lustro para conmemorar el V centenario del Sitio de Logroño y el Voto de San Bernabé –del que hoy celebramos su festividad por todo lo alto–, bueno sería recordar cómo el viento fresco del Renacimiento comenzó a soplar en esta zona del valle del Ebro, en los albores del siglo XVI, cambiando el destino de un villorrio medieval alrededor de un puente por el de una próspera ciudad. Diez años antes de la gesta de 1521, el pensador e historiador Francesco Guicciardini  fue nombrado embajador de la República de Florencia en la Corona de Aragón, que entonces gobernaba Fernando el Católico.

La importancia estratégica de la ahora capital riojana, en relación al conflicto que Navarra mantenía con castellanos y aragoneses y que desembocó en la conquista del reino pamplonés, obligó al diplomático italiano a residir en Logroño durante largas temporadas. Seguro que Guicciardini rindió visita a Viana, donde pocos años antes había perdido la vida y estaba enterrado César Borgia, protagonista de ‘El príncipe’ (1513), obra cumbre de su paisano y amigo Nicolás Maquiavelo.

Pero entre los servicios políticos a su república y la curiosidad por el arte y la cultura de la zona, Francesco Guicciardini todavía tuvo tiempo de redactar uno de los muchos ensayos políticos y filosóficos que publicó a lo largo de su vida y que, en honor a la ciudad que le dio cobijo, tituló ‘Discorso di Logrogno’ (1512). Alejado de la vorágine del Cinquecento fiorentino, el entonces joven filósofo pudo juzgar desde la lejanía, y con mayor independencia, los conflictos que afloraban en la ciudad toscana. En su ‘Discorso di Logrogno’, Guicciardini ofrece una visión escéptica y desencantada de la política y de la capacidad humana para intervenir en la realidad. ¿Les suena?

Ver Post >