La Rioja

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Portales de posguerra en una mañana de lluvia
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Marcelino Izquierdo | 20-07-2014 | 10:26| 3

 

No fueron tiempos amables los sufridos en los años 40. En lo más crudo de la cruda posguerra, una capital de provincias como Logroño trataba de sobrevivir, acuciada por la escasez, por la miseria humana y, sobre todo, por el hambre. Cartillas de racionamiento, trapicheo, estraperlo y filas en los cuarteles mendigando el rancho contrastaban con lujosos bailes y fiestas de postín, que las familias bien avenidas disfrutaban con manjares como pato flambeado, langosta, champán francés y gin-fizz. La imagen que hoy llega a esta Retina de la Memoria corresponde a la entonces calle General Mola –actual Portales–, fechada en el año 1946 y publicada por E. Sicilia.

Esa Calle Mayor que, una década más tarde, plasmaría en celuloide Juan Antonio Bardem; una grisalla que, además de adquirir la categoría de obra maestra del cine mundial, se convirtió en un fiel retrato de la España profunda del franquismo.

En la fotografía, tomada con la colegiata de La Redonda –aún no había alcanzado el rango de concatedral– y el palacio de los Chapiteles de fondo, puede observarse la calle semivacía, con un único vehículo aparcado, un ciclista perdido y otro coche que avanza a la altura de la plaza del Mercado, por aquella época plaza de los Héroes del Alcázar. Y el asfalto, abrillantado por la lluvia, que más bien parece un espejo. Portales conservó la estructura de vía al tráfico hasta su peatonalización, impulsada por Manuel Sáinz y Pilar Salarrullana en la década de los 80.

Calle de tiendas y paseos

Contrasta la soledad de la instantánea –quizás tomada a primera hora de la mañana– con el bullicio que la calle Portales albergada, y todavía conserva, como una de las arterias más comerciales y de más agradable paseo de la capital riojana. Bien entrada la tarde, sobre todo sábados y domingos, centenares de logroñeses –jóvenes en su mayoría– caminaban bajo los soportales en un carrusel interminable de ida y vuelta, en el que todos los procesionantes quería ver y ser vistos.

Casi en primer término de la foto, puede leerse el letrero ‘Casa Barajas. Comidas’, uno de los establecimientos habituales en el que riojanos y forasteros podían evadirse de la descarnada realidad. Un poco más atrás se ve un coche apartado tipo ‘haiga’. ¿Que qué marca es esa? Cuando los nuevos ricos, a costa del estraperlo y el chanchullo, iban a adquirir un vehículo, siempre pedían al vendedor “el más grande que ‘haiga’”

A la izquierda, se encuentra la bocacalle que accede a la plaza Martínez Zaporta, donde el café Moderno ya era un local de referencia, así como el cine de igual nombre en el que triunfaban casposas películas españolas –con alguna excepción– y las de hazañas bélicas. A la derecha, la calle Gallarza abría un sinfín de posibilidades: bar Chaval, calle Laurel… y, en los alrededores, el café Los Leones,  La Granja, el Círculo La Amistad o el café Comercio, en el Espolón.

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El NODO del siglo XXI
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Marcelino Izquierdo | 15-07-2014 | 09:52| 1

 

Estoy a 800 kilómetros de La Rioja. Entro en una taberna y pido un pulpo a feira, unos berberechos al vapor y unas navajas a la plancha, todo regado con Albarino, que no es Rioja pero, fresquito, está muy bueno. Al fondo, el televisor desmenuza el Mundial de Brasil. De pronto, el deporte pone su punto y final con el Tour y la actualidad -la de verdad, vamos- regresa a la pantalla: El beatífico y nada teocrático Ejército israelí bombardea a los malvados integristas palestinos; El Gobierno firma con Rusia el convenio de adopciones internacionales dejando a las parejas homosexuales sin posibilidad alguna, pese a que la legislación nacional española, por ahora, les otorga los mismos derechos. Blesa, uno de los detonantes de la crisis económica que sufre el país -sólo Cajamadrid ha costado decenas de miles de millones de euros del maltrecho erario público-, sigue en libertad mientras el juez Silva, por una cuestión de forma, se sienta en el banquillo…

De pronto, aparece en la pantalla la imagen de Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España. Habla encaramado a un atril con un fondo que más parece un plasma que un paisaje real.  El plano se abre y, junto a él, aperecen varias autoridades riojanas. Está inaugurando, asegura TVE, el último tramo de la autovía del Camino a su paso por La Rioja. Recuerdo, días atrás, cuanto estaba todavía en Logroño, cómo la ministra de Fomento, Ana Pastor, acudía a la colocación de un tablero sobre el río Ebro del enlace que comunica con Navarra. ¿El último tramo? Me suena a mentira. Entre Santo Domingo de la Calzada y Grañón todavía queda trecho que infraestructurar. La imagen de Rajoy con un atril, en mitad de una autovía desierta, me huele a déjà vu, a NODO. El NODO del siglo XXI. Para Colmo, esta visita es la primera oficial que Rajoy lleva a cabo a La Rioja. De verdad: ¿es que Rajoy no tiene nada mejor que hacer que inaugurar una autovía, al ‘estilo caudillo’, con un retraso abochornante?

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Arnedillo, balneario de salud y de ocio
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Marcelino Izquierdo | 15-07-2014 | 11:19| 0

De posible origen romano, las aguas de Arnedillo eran muy apreciadas en el siglo XVIII en la Corte de Madrid

“Constan estos baños de azufre, de salitre o nitro, y de vitriolo y así serán útiles para todas las enfermedades que aprovechan estos ingredientes”. De esta manera explicaba, en el año 1745, el doctor Félix Eguía, las propiedades de las aguas termales de Arnedillo, en su ‘Escrito abstracto de los mejores autores, de las virtudes, y para qué enfermedades son útiles, y de sus ingredientes, las aguas minerales de Trillo, del Molar, de Arnedillo, de Sacedón, y de Buendía, que son las que regularmente practican los cortesanos de esta Corte de Madrid, para libertarse de sus respectivas dolencias, y lo que deben executar antes, en el baño, y después de él’.

La tradición balnearia de esta localidad riojabajeña puede remontarse a la época romana, basándonos en ciertos vestigios hallados en la zona, si bien los primeros escritos sobre sus propiedades medicinales datan del año 1068. No sería hasta el siglo XIX cuando junto al famoso balneario se levantara un hotel que, tras diferentes lagunas históricas, todavía sigue funcionando a pleno rendimiento.

Durante el reinado de Fernando VII, en 1816, fue redactado el primer reglamento de aguas y baños minerales, dado el interés de la Administración por el control de la sanidad. Fue por aquel entonces cuando los balnearios, además de como centros terapéuticos, también adquirieron fama lúdica y cultural para los más privilegiados.

En 1847, el calagurritano Florencio Martínez de Pinillos –que había adquirido gran experiencia en las aguas termales de Cestona (Guipúzcoa)– compró al Gobierno el balneario de Arnedillo, mejorando sus instalaciones y levantando un hotel.

Las aguas termales de Arnedillo nacen gracias a la existencia de una falla geológica, que hace descender la caliza del jurásico a más de dos kilómetros de profundidad. Abajo, la temperatura alcanza los 100 grados, por lo que el agua de lluvia de Cameros eleva su temperatura y suben a la superficie a través de la citada falla conservando los 40 grados centígrados.

En la fotografía publicada por la Imprenta Hauser y Menet –una de las más prolíficas de la época a nivel nacional–, vemos cómo el vecindario de Arnedillo contempla uno de esos primeros vehículos a motor que, a buen seguro, acababa de trasladar hasta el balneario a alguna familia pudiente. Era mediados de los años 10 y la I Guerra Mundial estaba permitiendo el despegue industrial de La Rioja, gracias sobre todo a las conservas. Incluso el balneario abrió sus servicios a los militares que combatían en África para curar así sus heridas y dolencias.

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Hace 200 años, el rey Fernando VII restauró la Inquisición
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Marcelino Izquierdo | 03-07-2014 | 16:59| 0

 

Hace 200 años, el 1 de julio de 1814, Fernando VII recuperó el trono tras la Guerra de la Independencia. Conocido como ‘El Deseado’ por el pueblo que se había dejado el alma en la lucha contra el francés, el más tarde motejado ‘rey felón’ se convirtió en el monarca más nefasto de la historia de España. No sólo derogó la Constitución de Cádiz y fusiló y expulsó a los más granado de la intelectualidad de la época; también desencadenó la primera guerra civil de la Edad Contemporánea –de cuyos polvos todavía sufrimos estos lodos– y, para más inri, restauró la Inquisición.

Sabido es que el Santo Oficio tuvo en Logroño una de sus sedes más poderosas y sanguinarias –no hay más que recordar el Auto de fe de 1610 contra las brujas de Zugarramurdi–, tribunal que fue abolido por José I Bonaparte, alias Pepe Botellas. Fue por aquel entonces cuando el monumental edificio de la Inquisición, situado junto convento de Valbuena, fue «quemado y demolido, y su piedra la utilizó el enemigo para sus fortificaciones», según explicaba en un escrito el inquisidor Fernando Antonio de Sisniega, quien el 3 de septiembre de 1814 reclamaba que le fueran devueltos el hierro y otros efectos de castigo y tortura del Santo Oficio.

La lucha de dos riojanos ilustres contra la Inquisición, en el primer tercio del siglo XIX, fue clave para que la regente María Cristina –madre de Isabel II– la aboliera definitivamente en 1834. Se trató del político de San Román Manuel García Herreros y Saénz de Tejada, y del clérigo de Rincón de Soto Juan Antonio Llorente, autor de la ‘Historia crítica de la Inquisición española’.

Y, mientras, Logroño sigue desperdiciando la Casa del Inquisidor, en cuyo interior podría exponer historias como ésta y cien más que, a buen seguro, tendrían su tirón turístico y cultural.

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Sarajevo: ¡Qué chapuza de atentado!
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Marcelino Izquierdo | 28-06-2014 | 09:00| 0

 

Hoy, 28 de junio, hace cien años del atentado de Sarajevo, espoleta que desencadenó la I Guerra Mundial. El ataque segó las vidas del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero de la corona del Imperio Austrohúngaro, y de su esposa, la condesa Sofía Chotek. El magnicidio, sin embargo, fue una concatenación de chapuzas y decisiones erróneas que acabó, al igual que Europa en 1918, como el rosario de la Aurora.

El 28 de junio de 1914, Francisco Fernando visitaba la capital bosnia, ignorante de que una gavilla de la facción proserbia Mano Negra iba a asesinarle. Cuando el séquito llegó al Ayuntamiento, el primer terrorista (Mehmedbašic) no fue capaz de lanzar la bomba que ocultaba, y lo mismo le ocurrió al segundo terrorista (Cubrilovic). El tercero (Cabrinovic) arrojó su artefacto con tan poca pericia, que éste rebotó en la capota del vehículo y estalló bajo otro coche. Pese a que Cabrinovic ingirió cianuro y se arrojó al río Miljacka, no murió ni envenenado ni ahogado. El cianuro se hallaba en mal estado y, además, el cauce del río apenas tenía 15 centímetros de profundidad.

Mientras el archiduque pronunciaba su discurso, los responsables de seguridad tomaban medidas: suspender varios actos y acudir al hospital evitando el centro de la ciudad. Todo perfecto, excepto que no se acordaron de informar al chófer de los cambios.

Para olvidar el fracaso del plan, el terrorista Gavrilo Princip se consolaba almorzando en una delicatessen cuando, al salir, se topó de frente con el coche de Francisco Fernando atascado en mitad de la calle. El conductor –sudoroso– maniobraba para encarar la nueva dirección elegida. A tan sólo cinco metros, Princip disparó dos veces. El primer proyectil seccionó la yugular del archiduque y el segundo penetró en el abdomen de la duquesa. Murieron casi en el acto.

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Los Rolling Stones no abdican
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Marcelino Izquierdo | 27-06-2014 | 17:05| 0

 

Los Rolling Stones no abdican. Sus Satánicas Majestades ofrecieron en Madrid un concierto –sin duda el concierto del año– que, no sólo les mantiene en lo más alto del Olimpo de los dioses del rock sino que, además, agranda el mito de una banda casi inmortal, tan longeva que entre sus cuatro miembros suman nada menos que ¡280 años!

Hay quien había calificado la gira mundial de los Stones como una retahíla de bolos con el único afán de ganar dinero. Otros acudían al Santiago Bernabéu entre la curiosidad y el morbo de ver si los Rolling estarían a la altura. El suspense apenas duró unos segundos.

Cuando Keith Richards y Ron Wood rasgaron con sus guitarras los primeros acordes de ‘Jumpin’ Jack Flash’, unidos a la voz de Mick Jagger y al compás de Charlie Watts, los 54.000 espectadores se dejaron llevar por la magia.

Estos Rolling no tienen las facultades físicas de antaño, y se les nota, pero su espíritu se mantiene incólume, siguen llevando la música inyectada en vena, así como el sentido del espectáculo dentro de su ADN. Arropados por músicos brillantes, como el bajista Darryl Jones o la vocalista Lisa Fischer, los Stones deslizaron su repertorio por el soul de ‘Tumbling dice’, una versión quizá demasiado emotiva de ‘Angie’, el cover de Bob Dylan ‘Like a rolling stone’, tema elegido por el público a través de las redes sociales, y un ‘Out of control’ aderezado por la armónica de Jagger.

Tras un bien traído unplugged de ‘You got the silver’, cantado por Richards, llegó la apoteosis: ‘Midnight rambler’ sonó de fábula con la guitarra amiga de Mick Taylor, ex componente de la banda.

Y, como un imparable carrusel, desfilaron ‘Sympathy for the devil’, ‘Brown sugar’… En el tintero quedó ‘Paint It Black’, pero, como dice la canción del bis, ‘You can’t always get what you want’ (‘No siempre se puede conseguir lo que quieres’). Un ‘Satisfaction’ inenarrable, guitarrero y canalla puso colofón en el bis a un concierto inolvidable.

Sus Satánicas Majestades siguen al pie del cañón. Los Rolling Stones no abdican.

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Alumnos de Pío Moa
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Marcelino Izquierdo | 27-06-2014 | 07:20| 1

«La actual democracia, que llegó cuando pudo, se la debemos a la obra del franquismo» (Pío Moa)

¿Qué se puede esperar de quiénes tienen como paradigma histórico a Pío Moa? Recordemos que Moa pasó de militar en la banda terrorista GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre) a defender «los logros de Franco», que «lo convierten en el personaje político de mayor envergadura en la historia de España de los dos últimos siglos». Pero, más allá de la II República y de la Guerra Civil, el rigor histórico de Pío Moa queda retratado, por ejemplo, en este impagable argumento: «La existencia nacional de España puede remontarse a Leovigildo, pues él dio fin a la fase del reino godo como simple imposición de un grupo dominante, no identificado con el pueblo sobre el que dominaba. Con Leovigildo empieza la unidad política y consciente de España sobre la base cultural creada por Roma; y empieza también el sentimiento patriótico español, claramente expresado por Isidoro de Sevilla».

¡Tócate las narices! Este razonamiento, para quien se autoplocama historiador, es como para un filólogo defender que burro se escribe con ‘v’ o para un matemático, que 2+2 son 7.

Claro que, visto lo visto, no es extraño que, sin el menor rubor, alumnos aventajados de Moa hablen de la «proclamación ilegal de la República» o de que «el PSOE asesinó a la II República en octubre de 1934 en Asturias, porque era un partido leninista y quería una España revolucionaria y bolchevique». Por favor, señores, lean algo más que las invectivas de su maestro y gurú.

Sin ir más lejos, tenemos en La Rioja a un historiador contrastado, el profesor Carlos Gil Andrés, quien en su último libro, ‘Españoles en guerra’ (Ariel, 2014), reflexiona así, sin blancos ni negros: «La II República fue un régimen conflictivo poblado de luces y sombras, pero su destrucción fue una desgracia para la causa de la democracia».

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La Rioja festeja el Corpus Christi desde el año 1318
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Marcelino Izquierdo | 22-06-2014 | 08:55| 0

 

¿Quién no ha escuchado alguna vez este aforismo?: «Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión». Y es que el Corpus Christi es, en el rito católico, una de las fiestas más notables del calendario, si bien un tanto venida a menos por culpa de los ‘puentes’ y de los calendarios laborales.

En La Rioja, como en la mayoría de las autonomías españolas, hace ya algunos años que la fecha se trasladó del jueves al domingo, y que este año coincide con el 22 de junio. La festividad del Cuerpo de Cristo –traducción literal del latín– proclama la presencia real de Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía, y se celebra sesenta días después del Domingo de Resurrección o, lo que es lo mismo, el jueves siguiente al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera, que señala el tiempo de la Semana Santa.

Según las investigaciones del sacerdote e historiador Fermín Labarga, «el Corpus se introdujo en la diócesis de Calahorra en 1318, a raíz del sínodo provincial celebrado en Zaragoza el año anterior, siendo obispo D. Miguel Romero de Yanguas». De hecho, a finales del siglo XIV el Breviario Diocesano señalaba el Corpus Christi como una de las siete fiestas principales  y la procesión, en la más solemne de todo el año.

En su libro ‘Logroño Histórico’ (1893), Francisco Javier Gómez, afirmaba que la festividad era celebrada «con música, juegos, danzas y otros entretenimientos». Al igual que en otras fechas principales, los ministriles (músicos y juglares) recorrían las calles animando a los vecinos. Gómez deja claro que, en 1594, «la fiesta del santissimo Sacramento es la principal que se açe», según acredita el documento original.

Portales, años 60

La imagen que hoy llega a esta Retina de la Memoria muestra la procesión del Corpus en Logroño en los años 60, avanzando por la calle Portales, con La Redonda al fondo, una alfombra floral casi enfrente del palacio de los Chapiteles (entonces Ayuntamiento) y, más al fondo, bajo palio, la custodia con el Cuerpo de Cristo.

Fue por aquella época cuando la procesión de la capital dejó de contar con los niños que habían hecho ese año la primera comunión entre su cortejo, una tradición que, sin embargo, todavía se conserva en algunas localidades de La Rioja.

Las calles se llenaban de público –algunos vecinos se traían de casa banquetas de madera para estar cómodos– y, desde primera hora de la mañana, el recorrido estaba flanqueado cada 50 metros por soldados de reemplazo. Más de uno de estos ‘sorchis’ fue relevado, afectados por el calor de junio.

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Los mejores 40 años, sin duda, de la historia de España
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Marcelino Izquierdo | 19-06-2014 | 10:12| 0

«En tiempo de tribulación, no hacer mudanza» (San Ignacio de Loyola)

 

Recuerdo muy bien, pese al mucho tiempo transcurrido, el día en el que murió Franco. Casi de noche, llegamos al colegio con la incertidumbre que palpábamos en nuestras
casas; el profesor de turno nos sermoneó con una filípica inextricable y, con el regocijo propio de la edad, celebramos los siete días de fiesta que nos acababan de regalar.

Al día siguiente, en el primer partido de fútbol de la semana, un compañero de clase se descolgó con el siguiente chiste:

–¡Papá! ¡Papá! –pregunta Felipe de Borbón y Grecia, que entonces contaba con apenas siete años–. Cuando te coronen rey, ¿tendremos una semana de vacaciones?

–Sí, hijo, sí –responde el monarca don Juan Carlos.

A lo que el niño, pensativo, vuelve a las andadas:

–Oye, papá. ¿Y cuando dejes la corona, tendremos otra semana de vacaciones?

Sí, hijo, sí –contesta.

–Entonces –exclama el pequeño Felipe–, ¡menudo mes sin colegio nos vamos a pegar!

Y es que, después de casi 40 años de reinado, este chiste resulta tan anecdótico como el chascarrillo que pululó en aquel otoño de 1975, lanzado por la nostálgica extrema derecha, y que motejaba al nuevo monarca como ‘Juanito El Breve’.

Durante cuatro décadas –Estado de las Autonomías incluido– España ha vivido los momentos de mayor bonanza de toda su historia y ha pasado de ser un país tercermundista a situarse en la élite. La crisis, sin embargo –en realidad la gestión de la crisis–, ha puesto en cuestión durante los últimos años todo lo conquistado, que es muchísimo.

Son tiempos de cambio –es verdad–, de plantearse qué se ha hecho bien y qué se ha hecho mal. España tiene la obligación de ser valiente y de afrontar el futuro sin complejos. De acuerdo. Pero con las exorbitantes cifras del paro que sufren -valga la redundancia- sus sufridos ciudadanos, el veloz desmantelamiento de los servicios públicos, o la perpetuación de las clases extractivas sin visos de remoción… ¿De verdad que ahora lo más importante que debe afrontar España es decidir entre monarquía parlamentaria o república?

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El Museo de La Rioja atribuye a Andrés de Melgar dos obras de Alonso Gallego
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Marcelino Izquierdo | 17-06-2014 | 17:23| 0

 

Diez años después de una rehabilitación trufada de problemas, divergencias arquitectónicas y rifirrafes políticos, el Museo de La Rioja reabrió sus puertas con bastantes lagunas. Según expertos consultados por este diario, tanto el hilo conductor como el planteamiento museográfico carecen de un discurso coherente. Es cierto que la rehabilitación del edificio del Palacio de Espartero ha puesto en valor el continente, sin embargo, la estructura del contenido –señalan– deja mucho que desear.

Las vitrinas, por ejemplo, incluyen materiales tan diversos como cerámica, metal, hueso, madera o piedra y, además, carecen de reguladores electrónicos que midan temperatura y humedad, lo que no ayuda a una idónea conservación de piezas tan singulares.

También critican los especialistas la instalación de luces halógenas para iluminar las obras de arte, en vez de emplear luces led, mucho menos dañinas. Tras las primeras críticas recibidas, la Dirección del Museo optó por alejar los focos que alumbran las Tablas de San Millán –una de sus joyas– y enfocar el haz de luz de manera indirecta.

Meses después, Diario LA RIOJA denunció la falsa atribución –a sabiendas– del lienzo de ‘San Francisco de Asís’ a El Greco cuando, en realidad, procede del Taller de Domenikos Theotokopoulos y no de un único pincel. Las cartelas tuvieron que ser corregidas hasta dos veces.

Además, el Museo de La Rioja atribuye al pintor Andrés de Melgar (Benavente, Zamora, c. 1500) dos obras, que el prestigioso profesor Gabriel Moya Valgañón asigna a Alonso Gallego (Medina del Campo, Valladolid, c. 1473). Se trata de ‘Calvario’ y de ‘Virgen de los Ángeles’.

Andrés de Melgar –conocido como el maestro de Támara–  contrató las pinturas del retablo de la catedral de Santo Domingo junto con Alonso Gallego, residente en Nájera desde finales del siglo XV. Las mencionadas pinturas se hallan en la actualidad en los muros exteriores del coro, en el lado de la Epístola las que narran la vida de Santo Domingo de la Calzada, y en el trascoro las que se refieren a la Pasión.

Hace décadas, Gabriel Moya –antiguo jefe del Área de Conservación de Patrimonio Nacional– atribuyó diferentes obras que se encuentran en La Rioja a la mano de Andrés Melgar, debido a su afinidad con las pinturas de la catedral calceatense. Sin embargo, en posteriores investigaciones, el experto riojano comenzó a discriminar cuáles correspondían a Melgar y cuáles a Alonso Gallego, lo que le ha llevado muchos años de minucioso estudio.

En su último libro, ‘Alonso Gallego y Andrés de Melgar, pintores’ (IER, 2013), Moya Valgañón deja bien claro que los cuadros ‘Calvario’ y ‘Virgen de los Ángeles’ fueron creados por Gallego y no por Melgar, como informan las cartelas del Museo.

Quizá algunos de estos errores sean fruto de que el Museo de La Rioja reabrió sin haber catalogado algunas de las obras que expone, punto que ha sido negado por la Dirección. Sin embargo, ocho meses después, todavía no hay fecha para la presentación de un catálogo, pese a que ha habido tiempo más que suficiente para acabarlo, sobre todo si tenemos en cuenta que el Museo ha estado una década cerrado al público, pero no a los trabajos internos de investigación y catalogación.

 

 

Calvario. La tabla fue pintada por Gallego en la etapa central de su obra

 

Esta gran tabla (2,30 x 2,10 m.) se encontraba en el monasterio de Santa María de La Estrella, en San Asensio. Así lo confirmó en 1848 el artista aragonés Valentín Carderera, que recorrió y pintó el patrimonio riojano en aquella época. Ese mismo año, el arquitecto e intelectual logroñés Maximiano Hijón logró el traslado de la obra a Logroño para el futuro museo de la Comisión de Monumentos. Explica Moya Valgañón: «Es la típica Crucifixión de gran espectáculo, presidida por el centro por Cristo muerto al que flanquean los dos ladrones cuyas cruces marcan líneas de fuga, dispuestos los tres en un amplio paisaje que, en su mitad inferior, se llena de una multitud de figuras formando corro y cerrándolo». Como conclusión, añade que el ‘Calvario’ que expone el Museo de La Rioja –que atribuye su autoría a Andrés de Melgar– «correspondería a su etapa central», al igual que el retablo mayor que pintó en el monasterio cisterciense de Cañas.

Virgen de los Ángeles. Una de las obras más interesantes de la pintura quinientista en La Rioja

 

También la tabla titulada ‘Virgen de los Ángeles’ (1,31 x 107) –que cuelga el Museo de La Rioja– formó parte de la colección reunida por la Comisión Provincial de Monumentos en el siglo XIX, «una de las más interesantes producciones de la pintura quinientista en La Rioja», según Gabriel Moya. El experto destaca su curiosa iconografía, «al reunir en una misma composición la Virgen de la Misericordia, del Amparo, de la Merced, Auxiliadora o Mediadora con la Reina de los Ángeles». Destaca también el experto «cómo el mayor trazo de unión entre ambos grupos (los de las partes superior e inferior) puede ser el angelito que, bajo la Virgen, alarga su mano hacia la corona imperial, quién sabe si para entregarla a su señora». Sobre la corona imperial que aparece en el suelo, Moya señala que es probable que «aluda al emperador Carlos, aunque el prognatismo familiar parece menos acusado que en la mayor parte de los personajes de Gallego».

«En arte no hay nada definitivo, todo está sujeto a revisión»



José Luis Pérez Pastor. Director general de Cultura

El responsable de la Consejería asegura que el Museo de La Rioja está ultimando la publicación del catálogo de obras.

–El Greco que no era El Greco y, ahora, obras de Alonso Gallego atribuidas a Andrés de Melgar. ¿Le parece normal?

–Hasta el siglo XIX pocas obras habían sido adscritas a un autor concreto. A veces le damos más importancia a la firma que a la calidad de la obra.

–Quizá por eso mismo era innecesario atribuir a El Greco un cuadro que no lo era.

–La cartela es la misma que había cuando la actual directora se hizo cargo del Museo.

–Pero desde entonces han pasado más de treinta años…

–Lo importante es que se han tomado las medidas, se ha subsanado y ahora está bien.

–¿Y qué me dice de los cuadros atribuidos por el Museo a Andrés de Melgar cuando el profesor Moya Valgañón defiende que fueron pintados por Alonso Gallego?

–Es un debate interesante en el que hay que seguir profundizando. En arte no hay nada definitivo; todo está sujeto a revisión.

–Es verdad. Sin embargo, Moya no es cualquiera. Fue jefe de conservadores de Patrimonio Nacional y lleva muchos años estudiando a estos dos artistas.

–Lo cierto es que hasta ahora no existe ningún documento que atestigüe que estos cuadros sean de Alonso Gallego.

–Tampoco los hay que atestigüen que son de Melgar. Sin embargo hay rasgos característicos, colores, iconografía…

–El libro que escribió Moya, ‘Alonso Gallego y Andrés de Melgar, pintores’, fue publicado en el IER el año pasado y es una tesis a tener en cuenta, pero no la única.

–Este periódico tiene constancia de que el Museo de La Rioja reabrió sin tener catalogadas buena parte de sus obras.

–No, no. De hecho se está preparando la edición de un catálogo.

–¿Saldrá pronto a la calle?

–Todavía no hay una fecha concreta. Estas cosas siempre llevan su tiempo.

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