La Rioja
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El Sitio de Logroño se acerca a su V Centenario y no queda mucho tiempo
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Marcelino Izquierdo | 26-06-2017 | 16:59| 0
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Con la vista puesta en el  2021, la alcaldesa ha reunido en junio a su equipo de gobierno y a los portavoces de los grupos municipales para poner en marcha la conmemoración del V Centenario del Sitio de Logroño. Más que una mesa de trabajo, el Ayuntamiento se limitó a dar el pistoletazo de salida y a convocar una segunda cita para septiembre, quizá sin ser consciente de que apenas quedan poco más de tres años para la efeméride de 1521. Es posible que a quien no conozca cómo se organizan estos eventos, le parezca que aún queda tiempo suficiente hasta el 2021, pero si la ciudad pretende encarar uno de sus principales hitos históricos con garantías de calidad y éxito, no hay un minuto que perder.

Para empezar, Logroño carece de un ensayo histórico, riguroso y actualizado, de lo que ocurrió antes, durante y después de que el general Asparrot cercara la capital, una publicación que separe el grano de la paja, la realidad de la leyenda, capaz de contextualizar el siglo XVI. Por suerte, tenemos en La Rioja historiadores, arqueólogos y otros expertos en la época renacentista, capaces de afrontar este desafío. Sin embargo, para acometer con garantías este tipo de investigación, se necesita tiempo y, por supuesto, dinero.

Tienen los logroñeses la gran oportunidad de encarar una fecha que les permita conocer mejor sus señas de identidad y, al mismo tiempo, darse a conocer fuera de la comunidad autónoma. Hay que huir del autobombo, del oropel y del consumo interno –que con tanto ahínco persigue cierta clase política– y, por una vez, que sean la ciudad y sus vecinos los verdaderos beneficiados de su acervo histórico y cultural.

Todavía estamos a tiempo.

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González de Mendoza, de Torrecilla en Cameros a la China del siglo XVI
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Marcelino Izquierdo | 21-06-2017 | 21:50| 1
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Cuando en el año 1581 aprovechó Felipe II la muerte del rey Sebastián para anexionarse el reino de Portugal y sus posesiones de ultramar, pronto germinó en El Escorial la idea de establecer relaciones diplomáticas con China, la exótica Catay, y su posterior evangelización. Con el propósito de conocer mejor los territorios comprendidos entre los ríos Yangtsé y Amarillo, entonces bajo la dinastía Ming, fue encargado fray Juan González de Mendoza, agustino natural de La Rioja, de recopilar toda la información sobre aquel lejano país y sus habitantes.

Así fue como la ‘Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del Gran Reyno de la China’ vio la luz en 1585, se convirtió en la obra más influyente del siglo XVI y logró una gran difusión por Europa gracias a las decenas de reediciones impresas en varios idiomas. Lo más curioso es que su autor jamás pisó China –ni tan siquiera Asia–, pero el rigor de sus fuentes y el minucioso trabajo de documentación hicieron del libro una referencia indispensable para genios como Montaigne, Francis Bacon o Walter Raleigh. El desastre de la Armada Invencible, sin embargo, y la convicción de Felipe II sobre lo intrincado de la empresa abortaron la “conquista de China”.

Juan González de Mendoza había nacido en Torrecilla en Cameros hacia 1545 en el seno de una familia hidalga de escasa fortuna. Quizá por ello marchó a México con 17 años e ingresó en la orden de agustina, donde adquirió la fama de hombre culto. Ya entrado el siglo XVII, tras el éxito de su monografía sobre China, fue nombrado arzobispo de las Islas Eolias (Sicilia), Chiapas (México) y Popayán (Colombia), donde falleció en 1618.

¡Ah!, se me olvidaba. Tampoco tiene calle en Logroño.

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Kurosawa y los papanatas
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Marcelino Izquierdo | 12-06-2017 | 16:24| 1
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Narra ‘Dersu Uzala’ el encuentro de un cazador nómada de raza hezhen, allá a comienzos del siglo XX, con una expedición militar rusa que topografía una remota zona de la taiga siberiana. Aunque la película presenta al solitario Dersu como a un viejo tosco y malencarado, poco a poco irá descubriendo que tras ese hombrecillo hay un ser humano sabio, inteligente, compasivo y, sobre todo, leal. Así comienza la entrañable aventura de amistad y de amor por la naturaleza realizada por Akira Kurosawa, cuyo original lenguaje cinematográfico ha influido y sigue influyendo en el devenir del séptimo arte.

Cuando la revista ‘Tiempo’ desveló que a la Princesa Leonor le encantaba ‘Dersu Uzala’ o ‘El viaje de Chihiro’, de Hayao Miyazaki, y que leía a Carroll, Stevenson o Tolkien, las redes sociales comenzaron a incendiarse con descerebrados ‘memes’, de los que tanto aplaude esta sociedad pazguata que nos ha tocado sufrir. Fuera miembro de la realeza o de clase media, a nadie le hubiera extrañado, sin embargo, que una niña de 11 años escuchara reguetón a todas horas, estuviera enganchada a la consola o no se perdiera el más estrafalario de los ‘reality show’ que pululan en las parrillas televisivas.

Es lo que tiene aceptar, sin un mínimo de rebeldía, un mundo cada vez más acrítico y embrutecido, donde el arte, la filosofía, la literatura o el buen cine son denostados por sistema; donde la educación es un mero instrumento para formar mecánicos, economistas o camareros que encajen sin fisuras en el universo orwelliano y, por supuesto, para perpetuar el statu quo.

Seguro que a estos papanatas Kurosawa les suena más a una marca de motos que a uno de los grandes directores de la historia.

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Territorios históricos
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Marcelino Izquierdo | 09-06-2017 | 21:31| 1

La disposición adicional primera de la Constitución española reconoce la existencia de «territorios forales» en el País Vasco y Navarra, si bien el Estatuto de Autonomía de Euskadi torna la expresión por la de «territorios históricos». Es cierto que la Carta Magna consensuada en 1978 se redactó en plena Transición, intentando esquivar las amenazas involucionistas, cuando lo prioritario pasaba por alejarse de la dictadura cuanto antes y abrazar la anhelada democracia. Cuarenta años después, cada vez es más chocante escuchar o leer la manida frase de «territorios históricos», como si otras regiones, La Rioja por ejemplo, carecieran de historia.

Presentó Nájera el lunes 5 de junio el sello de curso legal ‘Milenario del Fuero de Nájera (1017-2017)’, editado por Correos y tras la iniciativa de ACONA, con el objetivo de seguir reivindicando el ilustre pasado de una tierra, desconocido incluso hasta para sus propios habitantes.

Aunque se desconoce la fecha exacta, investigadores como Martínez Marina apuntan a que hace ahora un milenio –año arriba, año abajo–, el rey de Nájera-Pamplona Sancho III el Mayor otorgó a la ciudad un fuero especial, que sería confirmado por el monarca castellano Alfonso VI en 1076 y, con posterioridad, por Alfonso VII, Fernando IV y Pedro I el Cruel.

Este conjunto de privilegios y exenciones jurídicas de las que gozaba Nájera en los albores del siglo XI constituyen nada menos que el origen de la legislación navarra, al tiempo que sirvieron de base para el desarrollo de un derecho nacional. Es más, la mayoría de las cartas pueblas otorgadas a Vitoria, San Sebastián, Bilbao y otras villas vascas se inspiraron en los fueros municipales de Jaca, Nájera y Logroño.

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Humo sobre la Villanueva de Logroño
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Marcelino Izquierdo | 04-06-2017 | 22:14| 1
Quizá el único fruto cosechado por el plan director de la Villanueva, cuyo expediente inició el Ayuntamiento capitalino hace ya ¡doce años!, sea que los logroñeses ya denominan al barrio por su nombre adecuado y no por el erróneo de la Judería. Desde entonces llevan los munícipes vendiendo humo, con el prestigioso arquitecto Alvaro Siza como bandera de enganche, sin que nada se haya movido desde entonces. Y lo que no mejora, siempre empeora.
Para más inri, por segundo año consecutivo, el programa europeo ‘Estrategias de Desarrollo Sostenible e Integrado’ ha dejado a Logroño sin los casi dos millones de euros de los fondos FEDER solicitados para el plan de la Villanueva. El Casco Antiguo de Calahorra se ha llevado el botín, aunque según el equipo municipal de gobierno no se trata de un fracaso. En efecto. Al menos en esta ocasión la capital ha quedado segunda; en la convocatoria anterior, el proyecto no fue ni seleccionado, al «no llegar a la nota mínima de 50 puntos».
Sin duda, vamos progresando.
No quiere entender este Ayuntamiento que, al margen de rimbombantes planes arquitectónicos y paletadas de dinero europeo, lo que la Villanueva necesita, y de forma urgente, pasa por más limpieza, mayor iluminación, calles asfaltadas y sensación de seguridad. Les recomiendo que visiten, una a una, las siete calles paralelas situadas entre avenida de Navarra y Rodríguez Paterna. Sentirán vergüenza.
Por suerte, el Consistorio parece tener ahora más claro que el barrio no es Judería sino Villanueva y, también, que no «fue reconstruido por los judíos en el siglo XIV después de que los cristianos lo incendiasen», palabras textuales, y sin ningún rigor histórico, del primer proyecto oficial presentado en la Alcaldía en el año 2005.
Algo es algo.
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El diario de Hamlet García, la gran novela de Paulino Masip
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Marcelino Izquierdo | 22-05-2017 | 22:10| 2

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«Estoy pariendo. Todos estamos pariendo. La guerra es el parto gigantesco de un útero múltiple y monstruoso. Madrid es la alcoba de una parturienta (…) El 18 de julio a España se le rompió la bolsa de las aguas»

 

Era Paulino Masip un escritor superlativo; novelista, dramaturgo, guionista de cine, traductor y periodista comprometido. Aunque natural de Granadella (Lérida), desde los seis años residió en Logroño junto a sus padres y sus cuatro hermanos. Inquieto desde crío, cursó Bachillerato y Magisterio en la capital, donde dirigió ‘El Heraldo de La Rioja’ y ‘El Heraldo Riojano’, muy críticos ambos con la dictadura de Primo de Rivera. Fue igualmente uno de los puntales del Ateneo Riojano.

Desarrolló en Madrid Paulino Masip una notable carrera periodística y literaria, donde además de dirigir diferentes diarios, se codeó con lo más granado de la intelectualidad española, desde Ortega y Gasset hasta Manuel Azaña, desde Alejandro Casona hasta José Bergamín. Huyó al exilio tras la Guerra Civil con México como destino, donde prosiguió su carrera literaria, que pronto enfocó hacia el cine como guionista. Había que comer caliente.

Acaba de reeditar Visor Libro en este 2017 la novela ‘El diario de Hamlet García’, que Masip acabó de escribir en 1941 y publicó en México tres años después. A España no llegó hasta 1987, con un atinado prólogo de Muñoz Molina.

Este diario, sin duda una de las mejores novelas jamás escritas sobre la Guerra Civil, narra la atribulada existencia de un tipo singular: «Me llamo Hamlet. Soy profesor ambulante de metafísica. Mi profesión me proporciona honra suficiente y provecho escaso».

No se lo van a creer, pero el riojano de adopción Paulino Masip tampoco tiene una calle en Logroño que le recuerde.

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Franco, ese hombre
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Marcelino Izquierdo | 17-05-2017 | 15:44| 1
Franco, Mussolini y Hitler

 

Dirigió José Luis Sáenz de Heredia dos películas claves en la hagiografía fílmica de Francisco Franco, tan en boga esta semana por la polémica sobre su permanencia (o no) en el Valle de los Caídos. De la primera, titulada ‘Raza’, se cumplen ahora 75 años del estreno, un 1942 preñado de nacionalcatolicismo y en el que Hitler todavía jugaba con ventaja en el tablero bélico de la Segunda Guerra Mundial.

El argumento, escrito por el dictador bajo el seudónimo de Jaime de Andrade, se sitúa en una guerra civil donde los nacionales son candorosos angelitos y los rojos, el mismísimo demonio con cuernos y rabo.

Tras la caída del Eje, se afanó la dictadura en borrar cualquier vestigio que la vinculara con el nazismo y el fascismo y, así, con la excusa de resincronizar el sonido, ‘Raza’ pasó a denominarse ‘Espíritu de una raza’ en 1950. Pero la cosa tenía trampa. También se modificó el guión, se eliminaron escenas, así como las referencias a la Falange o al saludo fascista brazo en alto. Por transmutar, hasta se suavizaron las críticas al bando aliado en la Gran Guerra y, sobre todo, a Estados Unidos.

La mayoría creyó –o quiso creer– que ‘Raza’ y ‘Espíritu de una raza’ eran la misma película. Todas las copias de la primera versión fueron destruidas por la censura y sólo años después de la muerte del caudillo pudo la Filmoteca Nacional localizar la original fuera de España y comparar la patética metamorfosis.

Ya en 1964, trató el régimen de dulcificar aún más la figura de su amadísimo líder a través de la campaña ‘25 años de paz’, que incluyó un documental de visión obligatoria, titulado ‘Franco, ese hombre’, que finalizaba con un truco final: una secuencia del propio Franco contemplando ‘Franco, ese hombre’.

El publirreportaje también lleva la firma José Luis Sáenz de Heredia, primo, por cierto, de José Antonio Primo de Rivera, y cuyos restos mortales reposan en el camposanto de Alfaro.

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El conquistador Hernán Cortés y los hermanos Hircio
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Marcelino Izquierdo | 08-05-2017 | 21:41| 1

 

Televisión Española prepara una ambiciosa serie de ficción sobre el conquistador Hernán Cortés, que producirá junto a las cadenas TV Azteca y Telemundo, y que nace con vocación internacional. También Extremadura, tierra natal del militar y aventurero, recordará a su ilustre paisano con motivo de cumplirse los 470 años de su fallecimiento, mientras Medellín acoge actualmente una exposición sobre su hijo más insigne y proyecta una futura casa museo del que fuera marqués del Valle de Oaxaca.

Caminando por la logroñesa calle Hermanos Hircio, recordé la importancia que estos dos riojanos tuvieron en la expedición liderada por Cortés en la conquista de México. Pedro y Martín de Hircio, nacidos en Briones a finales del siglo XV, viajaron a las Américas en busca de fortuna y, ya en Cuba, embarcaron rumbo a tierras aztecas, en 1519, a las órdenes de Hernán Cortés. Y fue tan importante su papel, que Pedro de Hircio fue designado primer  Justicia y gobernador de la ciudad de México. De hecho, varias cartas suyas propiciaron el encarcelamiento del líder local Moctezuma, quien moriría en extrañas circunstancias en 1520.

Martín de Hircio, por su parte, contrajo matrimonio con María de Mendoza, hija del conde de Tendilla, lo que le proporcionó, además de haciendas y dineros, un elevado estatus social en las colonias de América. Los restos de ambos hermanos Hircio reposan en el sepulcro labrado por Pedro de Arbulo –aventajado alumno de Alonso Berruguete–, que puede contemplarse en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de Briones, joya del patrimonio artístico riojano.

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N-232: Un calvario hasta el año 2026
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Marcelino Izquierdo | 03-05-2017 | 22:10| 0

La carretera N-232 tiene su nacimiento en un cruce semafórico a las afueras de Vinaroz (Castellón) y, tras recorrer la Comunidad Valenciana, Aragón, Navarra, La Rioja y Castilla-León, va a morir en la localidad burgalesa de Cabaña de Virtus. Precisamente de muertos va esta columna. Alrededor de 200 personas se han dejado la vida, sin saber por qué, en esta siniestra calzada durante los últimos dieciséis años a su paso por La Rioja.

Se trata de más víctimas mortales que las provocadas por las bombas yihadistas del 11-M, el atentado más grave ocurrido en suelo europeo. Es como si Treviana, Berceo, Bergasa o Cihuri se quedaran sin vecinos de golpe y porrazo.

Resulta que en febrero del año 2000, siendo presidente José María Aznar y ministro de Fomento Rafael Arias-Salgado, se le ocurrió al Gobierno la feliz idea de prorrogar 15 años más la concesión de la autopista AP-68 a la empresa privada que la gestionaba. Y lo hizo a cambio de que determinados peajes resultaran más baratos al tráfico. ¿Por un plato de lentejas o por otros manjares más apetitosos?

En definitiva, que si la autopista iba a ser ya gratuita en el 2011, tras la rumbosa ampliación concedida por el Ejecutivo ‘popular’ a golpe de decreto ley, los automovilistas deberían esperar hasta el 10 de noviembre del 2026 para poder circular libremente por una carretera más segura.

La medida fue contestada por las autonomías de Aragón y del País Vasco, aunque La Rioja, sin embargo, con su entonces presidente Pedro Sanz a la cabeza, comulgó con ruedas de molino.

Y así estamos, con muertos y más muertos en terribles accidentes de tráfico en la atestada N-232, mientras en la AP-68 la circulación fluye sin aglomeraciones.

Ya que nadie va a pagar por tan deplorable gestión pública, al menos alguien debería frenar este calvario antes del año 2026.

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Cuando Fernando VII se hundió en el lodo del balneario de Arnedillo
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Marcelino Izquierdo | 24-04-2017 | 20:50| 3

Un grave accidente sufrido por el monarca, al caer en una de las pozas de barro de la terma riojana, propició la creación del Cuerpo de Médicos Directores de Baños en toda España.
Fue a través de un decreto real en 1816

 

El reinado de Fernando VII pudo tener su final en los baños riojanos de Arnedillo, donde el monarca más nefasto de la historia de España sufrió un grave accidente que a punto estuvo de costarle la vida. Pero quiso la suerte que el percance quedara en mera anécdota, aunque sí tuvo repercusiones en el funcionamiento de los balnearios, que en el siglo XIX causaban furor entre las clases más adineradas.

Allá por el mes de junio de 1816, se trasladó Fernando VII al balneario de Arnedillo a fin de aliviar unos pertinaces dolores que le aquejaban una pierna, pese a que aún no había cumplido los 31 años. La Casa Real conocía muy bien las propiedades curativas de las aguas medicinales que manan en Arnedillo, puesto que ya en 1748 los licenciados José Suñol y Miguel Borbón, a la sazón médicos de Fernando VI, las recetaron para la reina Bárbara de Braganza.

Cuenta el escritor Juan Perucho, en su libro ‘Historias secretas de balnearios’, que los galenos de la corte dispusieron «que el señor Garrido, boticario de la Real Botica, analizase dichas aguas y las remitiese con la precaución debida, sospechándose que el resultado fue excelente, pues el rey las puso bajo su protección, y el establecimiento de baños se tituló desde entonces Real, recibiendo un legado del Ilmo. Sr. D Juan de Luerno y Pinto, obispo muy enfermizo de Calahorra».

Animado por su tío, el infante Antonio Pascual de Borbón –hermano menor de Carlos IV–, acudió Fernando VII a los baños de Arnedillo para tratar su engorroso mal de gota. Con tendencia a la obesidad, el que pasaría a la historia como el ‘rey felón’ tenía una salud débil desde niño y, además, no se privaba de nada: fumaba compulsivamente, estaba obsesionado con el sexo y comía más de lo necesario, sobre todo carne roja; su plato favorito era el cocido.

 

Gota, asma, trastorno bipolar…

En realidad, tres enfermedades crónicas acompañaron al monarca a lo largo de toda su vida: el asma, los trastornos bipolares de conducta y la ya mencionada gota. También estaba aquejado de una deformidad en sus partes pudendas, llamada macrosomía genital, que en palabras del escritor francés Prosper Mérimée consistía en tener «el miembro viril de dimensiones mayores que de ordinario». Pero nada tenía que ver esta anomalía con su querencia por los balnearios.

Por lo que respecta a la gota, que le provocaba fuertes dolores en una pierna, y dado que no tenía la fuerza de voluntad suficiente para seguir una dieta sana y equilibrada ni para practicar ejercicio físico, los médicos de palacio le suministraban colchicina –denominado ‘azafrán de la pradera’–  y le recomendaban baños termales y curas de sudor.

Y todo transcurría plácidamente en Arnedillo cuando, de pronto, sucedió lo inesperado. Tal y como cuenta Juan Perucho, Fernando VII «resbaló con los ‘lodos famosísimos’ y a punto estuvo de ser tragado por la ‘macaluba’ o volcán de lodo que, a la sazón, rugía como un condenado ante la perspectiva de tan real víctima». A punto estuvieron las Españas de quedarse sin rey, viudo y sin descendencia por aquel entonces, por culpa de un mal paso cuando iba a tomar un baño.

Todavía con el susto en el cuerpo, tanto el monarca como su tío Antonio Pascual de Borbón abandonaron la cuenca del Cidacos como alma que lleva el diablo y regresaron a Madrid. Ya en la villa y corte, ordenó Fernando VII la creación del Cuerpo de Médicos Directores de Baños, a quienes hacía responsables de aguas y lodos, a través de un decreto de 29 de junio.

Médicos pagados por el pueblo

En el citado decreto, además de loar «la abundancia de aguas minerales que (la Providencia) distribuyó en varios puntos de su vasta extensión» española, criticaba «que la ignorancia y el descuido convierten fácilmente en mortal veneno los antídotos más eficaces. Y añadía: «Testigos son los infelices que acercándose a aquellas fuentes de salud con esperanzas de alivio, se arrojan con ansia, y encuentran sólo un terrible aumento de dolores, y tal vez una muerte horrorosa por los atroces síntomas que la acompañan. Estos tristes acontecimientos se evitarán seguramente cuando a la orilla de cada uno de aquellos preciosos manantiales se halle una persona que con conocimiento de sus efectos en las diversas dolencias, sepa retener a unos y dirigir a otros en el uso de los mismos. La falta de semejantes personas es harto común en las aguas minerales de la península, y esta consideración y la de sus fatales resultas afligen mi corazón».

Las plazas «gozarán de la asignación de cinco mil reales anuales, pagados de los fondos de propios y arbitrios del pueblo inmediato a los baños». De lo que se deduce que eran los vecinos quienes pagaban la sanidad de aristócratas y burgueses.

A raíz de este primer paso legislativo, así como del interés de la Corona por el control de la sanidad, los balnearios españoles, además de centros terapéuticos, adquirieron igualmente gran fama lúdica y cultural para los más privilegiados.

Un mes después de poner en marcha el Cuerpo de Médicos Directores de Baños, el monarca ya estaba disfrutando de otro balneario. Así, ‘La Gaceta de  Madrid’ de 30 de julio informaba «del buen estado de  salud del que gozan Fernando VII y su tío en los baños de Sacedón», sitos al sur de la provincia de Guadalajara.

No hay noticias de que el rey volviera a pisar los lodos de Arnedillo, aunque hasta su muerte a los 48 años (1833) siguió visitando con frecuencia buena parte de balnearios de la península, sobre todo para aliviar los males de la gota.

«Baños de azufre, de salitre o nitro, y de vitriolo»


«Constan estos baños de azufre, de salitre o nitro, y de vitriolo y así serán útiles para todas las enfermedades que aprovechan estos ingredientes». Así explicaba, el doctor Félix Eguía, en 1745, las propiedades de las aguas termales de Arnedillo, en la obra  ‘Escrito abstracto de los mejores autores, de las virtudes, y para qué enfermedades son útiles, y de sus ingredientes, las aguas minerales de Trillo, del Molar, de Arnedillo, de Sacedón, y de Buendía’. Las aguas termales de la localidad riojabajeña nacen gracias a la existencia de una falla geológica, que hace descender la caliza del jurásico a más de dos kilómetros de profundidad. Abajo, la temperatura alcanza los 100 grados centígrados, por lo que el agua de lluvia eleva su temperatura y sube a la superficie a través de la citada falla conservando los 40 grados.

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