¡Pobre Doménikos!

 

Cuando el Museo de La Rioja reabrió sus puertas hace casi seis meses, tras una década de (contra)reforma, le dediqué un ‘Crisol’ que acababa de esta manera: «Otro día ya hablaremos de lo inadvertidas que pasan joyas como la Venus de Herramélluri, de la iluminación deficiente y peligrosa, de las torticeras atribuciones de obras a grandes maestros o, incluso, de la confusión en las cartelas de algunos de los autores».

Es verdad que la Venus de Herramélluri ha visto mejorada su iluminación –no así su ubicación–, o que los focos halógenos ya guardan el metro de distancia mínimo con las tablas de San Millán u otros óleos para no llegar chamuscarlos.

Como ya apuntaba entonces, el lienzo de ‘San Francisco de Asís’, que el Museo citaba en su cartela como obra de El Greco, en realidad no es de Doménikos Theotokopoulos sino que está atribuido a su taller. Pero siendo lamentable el error, lo peor de todo es que la directora asegure que «no creo que (la placa) cambie mucho la información que se da». Pues sí. El error era tal que la Consejería de Cultura tuvo que desdecir a María Teresa Sánchez Trujillano y ordenar el cambio de la cartela.

Dicen desde el Museo que “tras haber sido examinada la documentación, procede actualizar la cartela”. Olvidan, sin embargo, que además del informe de restauración del lienzo realizada en los últimos años -que ya certificaba que el cuadro no era de El Greco-, la valoración realizada en los años 20 -hace casi un siglo-, y en la que el óleo fue restaurado en Madrid y sustituido el marco, ya se confirmaba que el ‘San Francisco’ estaba “atribuido al taller de El Greco”.

Sin embargo, en la nueva placa provisional del Museo se detalla que el polémico cuadro proviene del convento de San Antonio de Nalda cuando la documentación, por contra, no apunta en la misma dirección. La mayor parte de la colección pictórica que hoy se cuelga en el Museo de La Rioja permaneció, durante décadas, en el Instituto de Segunda Enseñanza (hoy IES Sagasta), entidad que en el siglo XIX reunía las mejores condiciones para su custodia.

Pues bien. El archivo del centro educativo revela que el lienzo ya estaba en allí años antes de que llegaran las obras procedentes del convento de San Antonio. Cabe la posibilidad de que el cuadro hubiera sido llevado desde Nalda con anterioridad, pero parece más lógico pensar en los conventos de San Francisco, bien de Logroño bien de Santo Domingo, como origen verdadero.

 

La atribulada vida sexual de la reina Isabel II y su ginecólogo riojano

 

El ginecólogo de Isabel II protagonizó en 1857 una peculiar anécdota. A punto de dar a luz al futuro Alfonso XII, la reina preguntó al médico si la criatura sería varón o hembra. «Varón», contestó el doctor sin dudarlo, y así fue. Tras el parto, y profundamente agradecida por el nacimiento de un varón, Isabel II lo nombró marqués del Real Acierto, título que el galeno rechazó argumentando que todo había sido una simple casualidad.

Sin embargo, estaba la reina tan feliz con su primer hijo varón vivo que cambió el Marquesado del Real Acierto por el de Leiva, dado que en esa villa riojana había nacido el doctor. Pero se cruzó por medio la emperatriz de Francia, la española Eugenia de Montijo, quien ostentaba el Señorío de Leiva. La esposa de Napoleón III hizo llegar su indignación a la corte, acusando a Isabel II de ofrecer a su «comadrón o partero» un título del que ella era única propietaria. Finalmente, el ginecólogo recibió el título de marqués de San Gregorio, día en que nació Alfonso XII.

Pero… ¿quién era tan afortunado «comadrón o partero»?

Tomás Eustaquio del Corral y Oña vio la luz en la localidad riojalteña de Leiva el 18 de septiembre de 1807. Siendo todavía muy joven, Corral se trasladó a Madrid para cursar Medicina, en cuya facultad impartió la docencia hasta que sacó la cátedra por oposición. En 1855 fue nombrado rector de la Universidad Central, a la que representó en el Senado durante tres legislaturas.

Gracias a una mente preclara y a un enorme bagaje académico, el galeno riojano demostró su brillantez en áreas de conocimiento tan dispares como la medicina, la filosofía o la literatura. Era tal su prestigio, que en 1854 Tomás del Corral fue designado primer médico de Cámara y, cuatro años más tarde, médico personal de Isabel II, a la que ya atendió en el parto de la infanta María Cristina.

Obligada a casarse

Desde que fuera obligada a contraer matrimonio con su primo Francisco de Asís –que la rumorología motejaba como ‘Paquita Natillas’, dada su afectación, una malformación en el glande y su presunta homosexualidad–, la reina no había tenido suerte ni con su pareja ni con sus hijos. Luis de Borbón y Borbón (1849) nació muerto, Fernando (1850) falleció poco después de ver la luz y, para colmo de males, tras el nacimiento de María Isabel (1851), Isabel II fue acuchillada por el clérigo arnedano Martín Merino, que le causó heridas de pronóstico reservado.

Tras el regicidio frustrado y su posterior recuperación, la reina volvió a quedarse embaraza, pero la infanta María Cristina (1854) falleció con tres días de vida y Francisco de Asís Leopoldo (1856) murió el mismo día del nacimiento. No es extraño, pues, que la Casa Real estallara de júbilo cuando llegó al mundo Alfonso de Borbón (1857), un varón deseado y, además, aparentemente sano. De hecho, años más tarde terminaría ciñendo la corona de España como Alfonso XII (1874-1885).

Corrió el rumor en la corte de que el auténtico padre del príncipe de Asturias no era el consorte Francisco de Asís sino Enrique Puigmoltó, capitán de Ingenieros, hecho que es aceptado por varios historiadores. Tal era así, que la aristocracia y el pueblo en general se referían a Alfonso con el apodo del ‘Puigmoltejo’.

Una batería de amantes

Tomás del Corral, como ginecólogo de la reina, debió de tener mucho trabajo, y no sólo por los once partos –de los que el riojano atendió ocho– y por los numerosos abortos que la paciente sufrió. Y es que la vida amorosa de Isabel II estuvo repleta de aventuras esporádicas y de amantes, entre los que estaban –según la rumorología– el compositor Emilio Arrieta, Carlos Marfori, el comandante José María Ruiz de Arana –conocido en el foro como ‘el pollo Arana’– o el mencionado Puigmoltó. También a su esposo y rey consorte se le vincularon en la época numerosos amantes masculinos.

«Casada a los dieciséis años con su primo Francisco de Asís, a quien aborrecía, Isabel II tuvo en ese marido a su más ferviente enemigo, el espía de todos sus actos, el deslegitimador de sus derechos al trono», afirma Isabel Burdiel, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia. Asegura Burdiel que «Isabel II no fue una ninfómana; simplemente estuvo mal casada», y añade: «Es cierto que tuvo muchos amantes, pero eso era lo habitual entre la aristocracia y la realeza de la época».

Cuando estalló la Revolución de 1868, la reina huyó España y se exilió en Francia donde, años después, dejó de convivir con su esposo.

Así concluyó la etapa de Tomás del Corral como médico de Cámara y ginecólogo, que prosiguió una brillante carrera profesional e intelectual.
Corral ingresó en la Academia de Medicina, de la que llegaría a ser presidente, y también en la Academia de la Lengua, en la que ocupó el sillón de la letra M. El médico riojano falleció en Madrid el 14 de diciembre de 1882, y era tal su fama que ‘La Ilustración Española y Americana’ le dedicó la portada –con un gran retrato incluido– en su memoria.

 

 

‘Los Borbones en pelota’, obra satírica e ilustrada de los hermanos Bécquer

Tras la caída de la reina Isabel II y su exilio en Francia, los hermanos Bécquer –el poeta Gustavo Adolfo Bécquer y el pintor Valeriano Domínguez Bécquer–, firmaron bajo el seudónimo de SEM –que también usaban en la revista ‘Gil Blas’– más de un centenar de láminas satíricas, la mayoría procaces, eróticas e, incluso, pornográficas.

Son láminas pintadas a la acuarela, donde se caricaturiza a Isabel II en posturas indecentes, al igual que a otros personajes públicos de su reinado, todas ella descritas con textos preñados de sátira y mala leche. La obra se realizó durante el bienio 1868-1869.

El álbum, que lleva por título ‘Los Borbones en pelota’, no tuvo una edición real encuadernada en su época, sino que estuvo compuesto por 107 dibujos originales y separados en el tiempo, y una distribución clandestina.

De hecho, la obra en su conjunto fue redescubierta hacia 1986, si bien solamente han llegado hasta nuestros días 89 de las ilustraciones. El volumen ‘Los Borbones en pelota’ fue publicado en 1991, con los estudios de Lee Fontanella, Robert Pageard  y María Dolores Cabra Loredo. En el 2012, la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia y premio Nacional de Historia 2011, Isabel Burdiel, encabezó una magnífica edición.

El riojano Rufino Rodrigo, héroe del incendio de Valparaíso de 1953

 

La ciudad chilena de Valparaíso sufre estos días uno de los incendios más pavorosos de su historia, aunque no el primero. Hace poco más de 60 años, el 1 de enero de 1953, la capital portuaria del país sudamericano se vio sorprendida por las llamas y la tragedia. Entre las numerosas víctimas, 37 voluntarios de las Compañías de Bomberos fallecieron en cumplimiento de su deber y haciendo honor a su lema “Abnegación y constancia”. Entre aquellos muertos se encontraba el español Rufino Rodrigo Ruiz, un riojano que, desde entonces, pasó a ser una institución en la historia de los bomberos chilenos.

Rufino Rodrigo había nacido en 1912 en la localidad de Rabanera de Cameros. Como muchos jóvenes de la época, emigró a Chile con apenas 15 años. Allí se reunió con su hermana mayor Andrea Rodrigo, que vivía en Valparaíso con su esposo Julio López Rodrigo, también oriundo de Rabanera.

En Valparaíso contrajo matrimonio con una joven de origen británico, Anita Davey, al tiempo que se labraba un futuro en la industria fundando una fábrica de confección de ropa. Pero, además de los negocios, el emprendedor camerano siguió los pasos de su tío Santiago Ruiz Lería, que era bombero voluntario. Así, ingresó en denominada la Bomba España, donde ocupó el cargo de maquinista, encargado de uno de los dos carros con que contaba la compañía.

Pero en la madrugada del 1 de enero de 1953, un violento incendio se declaró en un almacén de maderas, al que acudieron los dos carros de la Compañía Bomba España. El carro comandado por Rufino Rodrigo se instaló al frente al fuego cuando se produjo una terrible explosión. Así lo explicaba el parte del Libro Diario de la Compañía: “Pasados los primeros momentos de confusión entre el público que huía, los heridos que clamaban por auxilio comenzaron a ser atendidos. Entre ellos se encontraba nuestro voluntario honorario Rufino Rodrigo Ruiz que cayó inconsciente al lado de la bomba Ahrens-Fox a cuyo cargo estaba. Trasladado de inmediato a la Asistencia Pública falleció ahí a las 4:00 hrs A.M.”.

Según narra Juan Antonio García Sánchez en su libro ‘La Rioja y los Riojanos en Chile (1818-1970)’, el parte del Libro Diario de la Compañía informaba que ya sobre las diez de la mañana “fueron trasladados los restos de nuestro mártir Rufino Rodrigo (Q.E.P.D.) al cuartel donde se erigió una severa capilla ardiente. Durante todo el día 1 de enero y hasta 1as últimas horas de la noche cientos de personas llegaron hasta el cuartel para expresar a la Compañía el hondo pesar por la desgracia que nos aflige y para dar una postrer despedida a los restos de nuestro infortunado compañero y mártir”.

Al día siguiente, y después de que la capilla ardiente fuera visitada por miles de personas, durante una emotiva ceremonia fueron trasladados los restos del bombero riojano a la catedral de Valparaíso, donde en la mañana del 3 de enero se celebró una misa solemne misa por Rufino y por el resto de las víctimas del incendio, oficiada por el obispo de la ciudad. Seguidamente, los restos de Rufino Rodrigo fueron colocados en el carro bomba en una comitiva encabezada por el presidente de la República de Chile, Don Carlos Ibañez del Campo.

Cientos de riojanos y de sus descendientes fueron y siguen siendo miembros voluntarios de los cuerpos de bomberos chilenos, que tienen en el camerano Rufino Rodrigo a su héroe.

El Boletín Oficial de La Rioja cumple 180 años

 

Corría el mes de febrero de 1834. La provincia de Logroño había sido restablecida el 30 de noviembre del año anterior, una década después de su creación durante el Trienio Liberal (1822). La muerte de Fernando VII había desencadenado –además de una guerra fratricida– la puesta en marcha de la nueva división civil del territorio español en 49 provincias, entre ellas la de Logroño, a cargo del ministro de Fomento Javier de Burgos. En realidad, la premura de los acontecimientos se desencadenó por motivos bélico-políticos.

Como la nueva provincia necesitaba un órgano de difusión y comunicación, a través del que canalizar toda la información institucional, las autoridades crearon el Boletín Oficial de Logroño, que salió a la calle el 15 de febrero de 1834, sábado por más señas, si bien no llegó a publicarse de manera regular e ininterrumpida hasta el 1 de julio del mismo año.

El citado primer ejemplar del Boletín recogía en su portada un artículo –titulado de «de oficio»–, que informaba sobre la nueva división territorial de España, así como sobre la delimitación geográfica de la entonces provincia logroñesa. La primera página también se hacía eco de los precios de subscripción, tanto para los abonados residentes en la capital como para los que vivían en el resto de la provincia. Al mes, recibir el Boletín costaba 7 reales en Logroño y 8,5 reales en las localidades de fuera de la capital, mientras que si la subscripción era anual ascendía, respectivamente, a 74 y 94 reales.

Noticias de la guerra

En aquella convulsa época del siglo XIX, España estaba inmersa en su primera guerra civil, que la historia bautizaría como I Guerra Charlista (1833-1840), de ahí que las noticias referentes a la contienda, sobre todo desde la perspectiva del bando isabelino, predominaran a lo largo de esos primeros años.

Imprentas como las de Menchaca, Agustín Ortoneda, Facundo Martínez Zaporta, Francisco Martínez Zaporta o Merino y cía se encargaron de plasmar en papel el Boletín Oficial de Logroño. Ya en 1889, tomó las riendas la Imprenta Provincial, que en algún periodo radicó su maquinaria en la Beneficencia, actual sede de las consejerías de Educación y Cultura y Obras Públicas.

El actual Boletín Oficial de La Rioja, «en el que se publican los documentos que, de acuerdo al ordenamiento jurídico, deben ser objeto de publicación oficial», acaba de cumplir 180 años de vida.

Sin embargo, mucho ha cambiado desde el siglo XIX, entre otras cosas la irrupción de las nuevas tecnologías. El consejero de Presidencia y Justicia del Gobierno regional, Emilio del Río, presentó hace poco más de un mes el nuevo servicio denominado ‘BOR a la carta’, que permite al ciudadano recibir en su correo electrónico alertas sobre temas que sean de su interés.

Se trata de una suscripción gratuita que tiene por objeto hacer más accesible el Boletín a los ciudadanos. «El ‘BOR a la carta’ permite obtener información sobre áreas previamente seleccionadas por el usuario, de tal forma que, cada vez que el Boletín publica alguna novedad relacionada con esos temas, el usuario recibe una notificación a su correo electrónico», explica Del Río.

Cambio de nombre

El Boletín Oficial permutó el nombre de Logroño por el de La Rioja el 25 de noviembre de 1980, coincidiendo con el cambio de nombre de la provincia, y el 2 de septiembre de 1982 se convirtió en el órgano oficial de la recién creada Comunidad Autónoma de La Rioja.

Con la aparición de Internet, en noviembre de 1999 el texto de los boletines se puso a disposición de los ciudadanos a través de una base de datos que, desde 1982, permite su consulta gratuita. A partir del 1 de agosto del 2008, el Boletín pasó a editarse en formato electrónico. El propio BOR publicaba el motivo de su función: «En el ámbito territorial de la Comunidad Autónoma de La Rioja, el cumplimiento del requisito de publicación se realiza a través del ‘Boletín Oficial de La Rioja’ regulado por el Decreto 47/2008 de 11 de julio».

Este Decreto marcó las bases de un profundo cambio, tanto en su sistema de tramitación general como en su edición, pues la edición impresa fue sustituida por la edición electrónica –«única versión, con la consideración de oficial y auténtica»–. Ha supuesto un ahorro de papel de 408.101 kilos, lo que supone un ahorro de 97.944 euros. El año pasado, el BOR publicó 160 boletines, con más de 27.415 páginas y 13.361 anuncios. Del total de los anuncios publicados, 4.916 correspondieron a consejerías autonómicas, 4.212 de ayuntamientos, 2.760 de la Delegación del Gobierno, 1.252 de Juzgados y Tribunales, y 221 de otros anunciantes.

«El fantasma de la Guerra Civil perdura estimulado por el miedo a lo que pasó»

 

«Los gobiernos deberían haber abordado la Guerra Civil como un asunto de Estado y, tarde o temprano, lo tendrán que hacer, porque se trata de una página no escrita en nuestra historia que algún día habrá que rellenar», asegura Carlos Gil Andrés, doctor en Historia, profesor de instituto y uno de los ensayistas más prolíficos de La Rioja, cuyas obras son publicadas por las editoriales más prestigiosas del país. El autor ha presentado su último libro, ‘Españoles en guerra’, en el Ateneo Riojano, de la mano de Jesús Vicente Aguirre y Roberto Fandiño.

-¿Cómo se planteó el proyecto?

-Fue un encargo de la editorial Ariel, con la que ya había publicado ’50 cosas sobre la Historia de España’, coincidiendo con los 75 años del final de la Guerra Civil. En este caso, en el título jugamos con el número 39, primero porque la contienda acabó en 1939, segundo porque desde que tomó el poder Franco permaneció 39 años al frente del país y porque, justo en este 2014, se cumplen 39 años de su muerte. Se trata de un libro no muy voluminoso, con vocación divulgativa, en el que se analizan personajes, circunstancias políticas, batallas, instituciones, partidos, episodios, poderes fácticos…

-La estructura de la publicación también ayuda a su lectura.

-En efecto. Cada uno de los 39 capítulos consta de seis páginas y contiene entradilla, cronología, citas -que pueden ser políticas, literarias, periodísticas-, un resumen y una idea global sintetizada. Por ejemplo, en el primer capítulo, titulado ‘La primavera de 1936′, la síntesis sólo tiene catorce palabras: «La guerra no fue una tragedia inevitable provocada por el fracaso de la República». Además, la maquetación y el diseño también ayudan a que el ensayo sea más ameno.

-Supongo que resumir un episodio tan denso y complejo no habrá sido fácil.

-Sobre todo en la labor de síntesis, pero también ha sido un reto. He tratado de amalgamar lo mejor de la investigación histórica de las últimas décadas, que ha avanzado mucho en este periodo de nuestro pasado. La idea es proponer al lector una narración sencilla, aunque no exenta de coherencia literaria y de atractivo.

-¿Por qué sigue interesando tanto la Guerra Civil?

-Son muchas las causas, aunque todas ellas confluyen en la idea de que la guerra está muy lejos, pero a la vez muy cerca. Los españoles creemos que el gen cainita es tan sólo nuestro, que la idea de las dos Españas es un monopolio. Sin embargo la historia comparada no dice que nuestro caso no es tan excepcional. Casi todos los países europeos han pasado por lo mismo -quizá excepto Reino Unido- a lo largo del siglo XX, que fue el siglo de la barbarie. Hay, incluso, algunas naciones que la barbarie la han sufrido dos veces, como las exrepúblicas yugoslavas o lo que puede suceder en Ucrania.

España y el futuro de Europa

-Y, entonces, ¿por qué la Guerra Civil ha trascendido incluso fuera de nuestras fronteras y es una de las más analizadas en todo el mundo?

-Por su singularidad. La Guerra Civil fue un laboratorio donde el mundo se estaba jugando su futuro. No es extraño que se produjera en vísperas de la II Guerra Mundial, porque lo que ocurrió en nuestro país iba a suceder poco después en Europa: la lucha de los valores democráticos frente a la dictadura que encarnaban Hitler y Mussolini.

-No obstante, la guerra española encuentra sus antecedentes en el siglo XIX.

-De aquellos polvos vinieron estos lodos. En las llamadas Guerras Carlistas subyacían elementos como la función del Ejército, el derecho a la tierra, la educación… que también confluyen durante la II República en un escenario complejo y muy conflictivo. En la Guerra Civil fueron muchas guerras las que se entremezclaron: la de religión, la de lucha social, la de ideología, la de identidad nacional… y todo ello con un grado de violencia muy elevado.

-Como escribió usted en ‘Lejos del frente’, la Guerra Civil en La Rioja apenas duró 80 horas…

-… sin embargo, los muertos se cuentan por miles, y la mayoría civiles. ¿Cómo es posible? Pues porque durante la contienda y, en la posguerra, se produjeron fusilamientos masivos que buscaban aniquilar al enemigo para que no volviera a levantar cabeza.

-Incluso, sigue habiendo miedo a aquella guerra y a otra nueva.

-El fantasma de la Guerra Civil perdura estimulado por el miedo a lo que ocurrió. Es un miedo que fue inculcado por el propio régimen para perpetuarse en el poder. Existe un consenso básico entre los historiadores y los expertos. Otra cosa es el debate público o político, las manipulaciones interesadas, los pseudohistoriadores…

 

La Transición

-¿Pudo haberse zanjado esta polémica en la Transición, ahora que está tan moda la concordia con la muerte de Adolfo Suárez?

-No era fácil. En la Transición se pensó que era mejor pasar la página de la Guerra Civil y mirar al futuro. Sin embargo la página está aún sin escribir y a comienzos del siglo XXI, cuando la memoria comenzó a fallar, nos dimos cuenta de que la herida no se había curado y de que había gente interesada en seguir agitando la bandera del miedo y defendiendo el franquismo.

-El español piensa bien pero tarde…

-La Transición apostó por un pacto de futuro para enterrar el pasado, para que todos camináramos juntos hacia la democracia, que era el objetivo final. Sin embargo ese pacto no tendría por qué haber aceptado ni una carta blanca ni un olvido definitivo de la barbarie y, sobre todo, de las víctimas.

-¿Hay todavía solución?

-La página de la Guerra Civil tendrá que escribirse tarde o temprano; no puede quedar en blanco. El Estado debería hacer todo lo posible para reparar a las víctimas, enterrar a los muertos y no dejarlos en las cunetas, como permanecen miles de ellos. Todavía se está a tiempo de hacerlo, aunque apenas quedan víctimas directas de aquello. Eso sí, todavía quedan sus familiares y, sobre todo, la dignidad de un país. Ahora que está desapareciendo la última memoria viva de la guerra es muy importante que las nuevas generaciones conozcan la verdad contada con historiadores rigurosos y no por pseudohistoriadores que carecen de rigor.

Adolfo Suárez y… Pilar Salarrullana

 

Mucho se ha ponderado, con motivo de su reciente fallecimiento, la labor de Adolfo Suárez como piloto de la Transición, sin duda una de las páginas más brillantes de la historia de España. Pocos, sin embargo, han recordado los duros años de la travesía en el desierto que el expresidente protagonizó al frente del CDS, y que acabó alejándolo de la política activa. En ese capítulo tan amargo también jugó su papel Pilar Salarrullana.

El 29 de octubre de 1989, el Centro Democrático y Social sufrió un batacazo electoral que abrió una profunda crisis en el partido creado por Suárez tras la descomposición de UCD. Pero a la derrota en las urnas se sumó una rebelión interna dentro del CDS –«no hay peor cuña que la del mismo árbol»– que consumió las escasas fuerzas que don Adolfo atesoraba. Una semana después, el estadista de Cebreros –Suárez fue un hombre de Estado de principio a fin– dejó su escaño en el Congreso de los Diputados y urdió la retirada a sus cuarteles de invierno, que se concretó en 1991.

El relevo en el hemiciclo, sin embargo, todavía se demoró unas fechas. En el puesto octavo de la candidatura del CDS por Madrid figuraba la riojana de adopción Pilar Salarrullana, que hubiera logrado el acta de diputada tras la renuncia de Suárez. Sin embargo, esta mujer luchadora y de larga trayectoria pública, que había combatido a las sectas en cuerpo y alma, no aceptó el cargo, al igual que su compañera de lista, la navarra Ana Yabar. Finalmente, Laura Morso ocupó el escaño vacante.

Y al igual que el primer presidente de la democracia española apostó por dedicarse a su familia, Salarrullana regresó a Tricio y, sin que se le cayeran los anillos, retomó la docencia de la asignatura de francés en el IES Hermanos D’Elhuyar. Años más tarde, Pilar regresía a la política doméstica como concejal logroñesa.

De Matadero Municipal a Casa de las Ciencias de Logroño

La Casa de las Ciencias cumple 15 años de vida en un edificio proyectado por Luis Barrón en 1901

 

Acaban de cumplirse quince años de la inauguración de la Casa de la Ciencias de Logroño, tres lustros durante los cuales alrededor de 1,3 millones de personas han visitado o tomado parte en algunos de los servicios, actividades o programas que desarrollados en el edificio. Pero antes de albergar la Casa de las Ciencias, el edificio proyectado por el arquitecto Luis Barrón –en los albores del siglo XX– sirvió como Matadero Municipal.

A finales del siglo XIX, los dos mataderos existentes en la capital riojana se encontraban en una situación bastante deficiente. El Ayuntamiento, consciente de que  el abastecimiento de carne, su sacrificio y distribución debían cumplir una serie de condiciones higiénico-sanitarias, acordó construir una nueva instalación.

El logroñés Luis Barrón redactó el proyecto en 1901, aunque el matadero no comenzó a prestar servicio hasta el 1 de junio de 1911. Ubicado al otro lado del Ebro, entre los puentes de Piedra y de Hierro, el inmueble está considerado como uno de los paradigmas de la arquitectura industrial de la ciudad. La imaginación y el buen trabajo de Barrón, arquitecto municipal durante tres décadas, permitieron a Logroño un desarrollo racional y moderno, eliminada ya la barrera urbanística que suponía el recinto amurallado.

De este periodo datan el Plan General de Alineaciones, la Tabacalera, el Instituto de Segunda Enseñanza (actual IES Sagasta), la Gota de Leche, el  Salón de Columnas del Teatro Bretón o el Matadero Municipal, este último inaugurado oficialmente el 11 de junio de 1911 –festividad de San Bernabé–, dos años después de la muerte del propio Barrón.

Durante setenta años, el edificio mantuvo su función de matadero hasta que el paso del tiempo aconsejó la  construcción de otro nuevo. Cerró su actividad en 1981, momento en el que el servicio se trasladó a las nuevas instalaciones de la carretera del Cortijo.

Usos sociales y culturales

Hasta finales del siglo XX, al antiguo Matadero Municipal se le dieron usos  sociales y culturales muy variados: centro social, club de la tercera edad, aula de las escuelas-taller, escenario de representaciones y conciertos…

Ya bajo el mandato del alcalde José Luis Bermejo, el Ayuntamiento acometió una profunda reforma del edificio del arquitecto Barrón, que se reinauguró como Casa de las Ciencias el 22 de abril de 1999.

¿Cuentas o rosarios?

Es extraño que, con nuestros genes y nuestros antecedentes, a los políticos riojanos no les cuadren los números. Estaba previsto que la tasa de paro descendiera del 9% durante la presente legislatura y ahí sigue, subida a la parra, rondando el 20%. Más del doble, vamos. Tampoco parecen dominar bien las cifras algunos partidos políticos de la región, que o no saben o no se acuerdan de dónde salieron los dineros para pagar la remodelación de sus sedes.

Es extraño, como digo, lo rematadamente mal que se les dan las cuentas a nuestros dirigentes –que más que cuentas parecen rosarios–, con los excelentes matemáticos que siempre ha dado esta comunidad autónoma. Y no me refiero tan sólo a Julio Rey Pastor, uno de los más prestigiosos del mundo en el siglo XX.

No se lo van a creer, pero la primera cátedra que se creó en España de Estadística Matemática se la disputaron dos riojanos: Sixto Cámara Tecedor, natural de Baños de Rioja, y Olegario Fernández-Baños, nacido en Badarán. El segundo terminó llevándose el premio gordo, pero, dos años después, Cámara obtuvo la cátedra de Geometría Analítica.

En otra ocasión abundaremos en la figura de Fernández-Baños, impulsor de los entonces denominados Índices del Coste de la Vida –actual I.P.C.–, entre otros parámetros que todavía siguen vigentes.

Pero este 2014, precisamente, se van a cumplir 50 años de la muerte de Sixto Cámara, toda una eminencia en el campo de la geometría y un avanzado a su tiempo en la inclusión de gráficos en nomografía y estadística. Bien merecería este ilustre profesor un recuerdo, un homenaje, un ciclo divulgativo… En fin, esas cosas que se organizan en otras tierras para ensalzar a sus hijos más eximios y que en la nuestra tan sólo ocurre en raras ocasiones.

Luis Burgos retrata la Cuba auténtica

 

Tras Nueva York y Pekín, el pintor de Varea afronta un nuevo reto en La Habana, donde trabajará durante meses

 

Acompañado por la música de Benny Moré, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo y todas las estrellas del Buenavista Social Club, el pintor Luis Burgos despliega en el lienzo el cromatismo de sus pinceles. Hace calor… y humedad. El sol se cuela por alguna rendija del improvisado taller y profana las sombras creativas del artista de Varea, que cambia de posición el caballete. Hace calor… y humedad.

Ese es el día a día de Luis Burgos en La Habana. Después de experiencias internacionales «muy gratificantes y creativas», tanto en Nueva York como en Pekín, el artista logroñés se planteó hace meses un nuevo reto: viajar a Cuba. En este empeño ha estado trabajando, sobre todo en el terreno logístico, hasta que hace dos semanas tomó un avión hacia Cuba, acompañado por el fotógrafo Alfredo Iglesias.

Instalado en un caserón en el barrio habanero del Vedado –llamado así haber sido zona residencial exclusiva para norteamericanos y sus ‘caprichos’ arquitectónicos–, Burgos se ha enfrentado a una especie de transición cultural.

«Nada más llegar –explica– hemos tenido que acondicionar un estudio de pintura en la azotea, cubierta con plásticos. Juan, el vecino carpintero, ha fabricado un caballete y los bastidores para las telas; aún así, el sol del mediodía cubano nos obligó a bajar todos los bártulos a una terracita del primer piso».

La «reacción» de las telas

Y es que cada instante es una aventura. «Las telas reaccionan al nuevo clima de forma misteriosa. Al principio se encogen y, una vez en el bastidor, se destensan. Sin embargo, merece la pena. Aquí, todos los sentidos se desbordan: los sabores, las olores, las gentes, las casas».

La vendedora de maní, con su cesta repleta de cacahuetes, canta por la calle con voz de soprano: «Cómprame un cucuruchito de maní». Se sienta en un portal y posa con un puro habano. La imagen queda impresa en la memoria de la cámara de Alfredo Iglesias y en la retina de Luis Burgos. De ahí, al lienzo.

La aventura por tierras caribeñas no ha hecho sino comenzar y, si todo va bien, se prolongará hasta después del verano. El proyecto del pintor riojano incluye varios cuadros que ya tenía en mente en España, pero sabido es que la creatividad de un artista se desboca cuando los estímulos son tantos y tan intensos.

Mala memoria sobre el 11-M

“Durante estos tres días, el Gobierno de José María Aznar (PP) defendió la tesis de un ataque de la organización separatista vasca ETA por no reconocer la pista islamista, que sonaba como una represalia por la participación de España la guerra en Irak.

(Le Monde)

 

Hace años, me tocó moderar en Arnedo una mesa redonda sobre la autonomía riojana, organizada por la UR. El entonces diputado nacional Neftalí Isasi llegó a afirmar que si La Rioja era comunidad autónoma se lo debía a la labor realizada por «ese gran presidente llamado José María Aznar». Otra contertulia, la ya fallecida Pilar Salarrullana, respondió a porta gayola: «Jolín, Neftalí, menos mal que lo hemos vivido que, si no, con la vehemencia que lo cuentas, casi casi nos lo creemos».

Viene a cuento esta anécdota a raíz del décimo aniversario del 11-M y las llamadas a «asumir los errores de todos» durante esos días. Por suerte, la mayoría de los españoles apuesta por pasar página, sabiendo que, detrás del mayor atentado de nuestra historia, está Al Qaida y no ETA. Sin embargo, Cospedal, Ignacio González o Zaplana, entonces portavoz del Gobierno, siguen apostado por la ambigüedad y el oscurantismo. Es cierto que cierta emisora informó de la falsa presencia de suicidas en los trenes y que hubo gente que se echó a la calle el sábado por la tarde exigiendo la verdad (en Logroño, apenas 80 personas ante a la Delegación del Gobierno).

Se olvida, sin embargo, que a esa misma hora, transcurridas ya 48 horas desde que la pista de Al Qaida fuera evidente –y así lo reflejaba toda la prensa mundial–, el Gobierno siguiera anclado en la mentira. De hecho, ese mismo sábado, el ministro del Interior Ángel Acebes ratificaba a ETA como hipótesis principal de la masacre, al tiempo que TVE proyectaba en prime time nocturno la película ‘Asesinato en febrero’, sobre el atentado etarra contra Fernando Buesa. Y, para más inri, el mismo día de las elecciones, un periódico nacional lleva a portada esta frase de Mariano Rajoy: «Tengo la convicción moral de que fue ETA».

Menos mal que lo hemos vivido, que si no…

La Rioja

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