La Rioja

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Soy de la casta
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piogarcia | 12-07-2014 | 17:57| 0

El otro día me invitaron a dar una charla sobre la prensa e internet. Dije lo que buenamente pude. Al terminar mi discurso, un oyente pidió la palabra y me espetó:

–Tú eres de la casta.

No recuerdo qué le respondí, pero al llegar a casa me derrumbé en el sillón, definitivamente derrotado y pensé: soy de la casta.

Confieso que, hasta ahora, no tenía claro mi personaje en este cuentecillo de hadas inocentes contra dragones furibundos que nos está contado, con esa oratoria tan admirable, el mesías nuevo que nos hemos echado. Háganse ustedes cuenta de mi pasmo: yo me tenía por un tipo bastante normal, con ciertos defectos y algunas virtudes, si me apuran tirando a tonto, y ahora de repente descubro que en el fondo soy un perverso titán. Un titán sediento de sangre y de dinero, un titán malvado que planifica la esclavitud y posterior aniquilación de la humanidad mientras se sienta en su poltrona y acaricia un gato persa.

Hasta me he mirado en el espejo a ver si, cuando sonrío, me brilla maléficamente un colmillo.

Revelada y asumida mi verdadera identidad, resolví entrar en la habitación donde estaban mi hijo y mi sobrinilla, puse una cara terrible y una voz espantosa y grité:

–¡Uhhh! ¡Soy de la castaaaaaa!

La verdad es que me quedé un poco chafado. En lugar de correr asustados  o de ponerse  a llorar, se descojonaron de mí. Caí entonces en la cuenta de que a los niños no se les engaña tan fácilmente como a los mayores.

(Postdata: agradecería que, en pro de la diversidad lingüística, en el próximo círculo se aprueben algunos sinónimos para definirnos a los malos. Casta está bien, pero también podrían usarse bellas palabras como escoria social, estiércol capitalista, vampiros desalmados, endriagos o incluso –mi favorito– hidra de siete cabezas).

(*) En la fotografía, salgo yo justo antes de ponerme al ordenador para escribir un artículo.

 

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La lámpara roja
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piogarcia | 04-07-2014 | 09:26| 0

Cuando acabó la primera parte del partido contra Holanda, creí que aún era posible. No hablo de ganar el cuarto gran torneo consecutivo –algo inaudito–, sino de alcanzar unas augustas semifinales ante un rival de impacto; una bonita y amorosa playa, en fin, en la que acabar con dignidad un ciclo majestuoso.

Luego fueron cayendo los goles inexorablemente. Dos, tres, cuatro, cinco.

Como soy un optimista impenitente, todavía confiaba en una reacción ante Chile. Pero llegó el partido, pitó el árbitro y los nuestros se hundieron estrepitosamente, como un castillo de arena pisado por un abusón. Cayó un gol y luego otro.

Hay algo muy español en esta manera definitiva e inapelable de alcanzar la gloria y de derrumbarse, como si no cupiera término medio, como si uno hubiese nacido para asombrar al mundo y lo demás solo fueran mediocres ejercicios de contabilidad.

La admirable Italia, por ejemplo, gana y pierde perreando cada partido, empatando a cero con Camerún y venciendo agónicamente, quizá de penalti injusto, a Alemania.

España no. España, para ganar, tuvo que inventarse un estilo grandioso y manierista, un poético fútbol de tracería, un encaje infinto de bolillos que hipnotizaba a los rivales hasta que los despachaba con un aguijonazo sublime; España, para perder, ha tenido que esfumarse repentinamente como un sueño infantil, como si hubieran sonado las doce campanadas y el lujoso carro se hubiera convertido en calabaza.

A mí ni siquiera me apetece criticarles. Prefiero aplaudirles. Les estoy demasiado agradecido porque un día, cuando ya no creía en milagros, froté una lámpara y salieron todos ellos.

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Europa
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piogarcia | 20-05-2014 | 11:04| 0

Ahora todos echamos pestes de Europa. En la radio, esta mañana, un señor muy enfático cuyo nombre no recuerdo decía que no iba a votar en las Europeas porque aquellos jerarcas de Bruselas solo eran una panda de burócratas, cleptómanos y plutócratas.

He de confesar que yo siento una profunda admiración por una persona capaz de utilizar esas tres palabras en una sola frase sin atragantarse (cleptómano, burócrata, plutócrata); pero luego saco la escoba, barro un poquito la hojarasca y descubro que la frase, tan efectista, es profundamente tramposa e injusta. Ocurre que, al calor de la crisis, han salido muchos comentaristas que buscan el aplauso fácil. Algunos hasta se han metido a políticos.

De repente, se nos han ido las ganas de ser europeos. Olvidamos quizá que ellos engordaron nuestras vacas y que si ahora tenemos autovías, calles bien pavimentadas y pueblos con agua corriente y luz eléctrica es, en buena medida, gracias al dinero que nos llegó de Bruselas cuando aún éramos subdesarrollados. Si uno (como es mi caso) no está de acuerdo con muchas de las políticas que ahí se cuecen, el camino no puede ser prenderle fuego a todo ni perder la memoria, sino quejarse con argumentos. Y votar.

Los únicos que extrañamente parecen mantener su fe en la UE son los nacionalistas catalanes, aunque Bruselas se empeñe en recordarles que la secesión les  dejaría fuera de este corrito. Ellos sí que cometen un grave error.

Si Artur Mas dijera, por ejemplo, que una Catalunya Lliure se olvidaría de la UE y pediría su inmediato ingreso en la Federación Rusa, en cinco minutos tendría a Putin fondeando sus naves en Barcelona, reconociendo el Estat Catalá, controlando las fronteras con España y llenando los puticlubs de Las Ramblas de milicianos rubios.

¡No sé a que espera!

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La brecha
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piogarcia | 14-05-2014 | 14:16| 0

Esta crisis pasará; pero algunas heridas pervivirán en nuestra sociedad y podrían infectarse de nuevo. Asisto con curiosidad al vaivén de recetas económicas para sacarnos del atolladero. Reconozco, sin embargo, mi incapacidad para decidir si conviene que nos bajen el IRPF y nos suban el IVA o viceversa, aunque debemos recordar que (siempre en teoría) no hay gravamen más injusto que el IVA, que clava igual a un pordiosero que al señor Botín. Los economistas sacan porcentajes, hacen sumas y restas, simulan escenarios y quizá obren de buena fe, pero con frecuencia olvidan que vivimos en una sociedad de afectos y de pasiones, irreductible al hermoso y abstracto mundo de las matemáticas.

Por eso me asaltan sudores fríos cuando leo que España, según un estudio de Intermón Oxfam, es el país europeo con mayores desigualdades, solo por detrás de Letonia. Yo prefiero un país pobretón –sin exagerar– pero con la riqueza bien distribuida que un estado opulento con el dinero en manos de unos pocos.

He visto algún país así: en Brasil, ese estado emergente que tanto envidian los economistas, los ricos viven en ciudades paralelas, custodiados por pseudoejércitos armados, mientras todos los demás pululan por las calles peligrosas sorbiéndose los mocos. No quiero vivir en un sitio así. Ni siquiera aunque a mí me tocase la ¿fortuna? de ser uno de esos ricos enjaulados en cárceles de oro y piscinas cubiertas.

Por eso creo que Rajoy o Rubalcaba deberían colocar esto en el frontispicio de su recetario: hay que impedir que la brecha entre ricos y pobres se agigante. Y me parece que la lucha contra el fraude fiscal resulta esencial para este  propósito, aunque eso signifique contratar más inspectores, dotarles de medios y dejarles trabajar con libertad, sin hacerles llamaditas para interesarse por cosas.

 

(*) En la magnífica fotografía de mi compañero Juan Marín, un hombre pide limosna en Logroño.

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El Greco y los 200.000
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piogarcia | 28-04-2014 | 08:17| 0

En el Museo de La Rioja había un greco que no era realmente de El Greco. ¡Qué cosas pasan! Al parecer, ese San Francisco lo pintó en realidad un propio de su taller siguiendo el estilo del jefe y luego el maestro le dio el visto bueno o, si acaso, corrigió alguna pincelada.

En otros museos más mojigatos, estos apaños se suelen resolver con un cartelito piadoso que pone ‘taller de’ o ‘atribuido a’. Aunque debemos confesar que queda más molón poner ‘El Greco’ a palo seco y que la gente se detenga, lo mire de lejos y de cerca, lea el cartelito, se pasme y pegue un codazo a su vecina: «Mira, un greco».

Dice la directora del Museo que en realidad eso no importa y que son pequeñeces, pero no estoy seguro. Tomemos, por ejemplo, el caso de Bárcenas, ese gran pintor tenebrista. Este hombre atribuye a Carlos Cuevas, secretario general del PP de La Rioja, la petición de que le blanqueara 200.000 euros para que el Partido Popular pudiera construir una nueva sede en Logroño. Si esto fuera una instalación de arte contemporáneo (y a veces pienso que lo es), podríamos colgar en el Reina Sofía la anotación manuscrita de Bárcenas («La Rioja-200.000 euros»), subrayada con un rotulador fosforito y con un letrero que pusiera «Atribuido a Carlos Cuevas».

Los expertos en arte barroco, sin embargo, nos advertirían en seguida de que el PP riojano funciona como el taller de El Greco: solo manda el maestro, Pedro Sanz, y nadie de su taller, ni siquiera un oficial cualificado como Cuevas, hubiera pintado un cuadro tan importante sin recibir al menos el visto bueno del jefe. Así que, siguiendo con la tesis de la directora del Museo de La Rioja, ¿podríamos colgar el papelito de los 200.000 y poner simplemente «Pedro Sanz»?

Ah, mi querida directora, ¿seríamos justos entonces? Un taller es un taller y una atribución es solo una atribución. ¿O no?

 

(*) En la fotografía, de mi compañero Miguel Herreros, la directora del Museo observa el pseudogreco.

 

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El nuevo Suárez
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piogarcia | 27-04-2014 | 17:29| 0

El president de Catalunya, Artur Mas, fue al funeral de Suárez, agarró un micrófono, puso cara compungida, elevó la ceja derecha hasta el cogote e identificó su lucha con la que hace treinta años mantuvo don Adolfo.

En los últimos tiempos, desde que asumió su bíblica misión, don Artur se ha ido comparando con Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela y Adolfo Suárez. Como ya no quedan hombres de esa talla, uno teme que en los próximos días Artur Mas acabe identificándose con Batman o con Mazinger Z, lo que, por otra parte, cuadraría más con la naturaleza homérica de su epopeya: ahí es nada liberar al pueblo catalán, humilde, abnegado y trabajador, de su inaudita opresión milenaria. Ríase usted del apartheid.

El problema con estas comparaciones es que nunca son del todo exactas. Tomemos el último ejemplo. ¿Tanto se mira don  Artur en el espejo de don Adolfo? Es cierto que Suárez cambió lo que parecía incambiable en pocos años, pero Mas olvida (me temo que a propósito) que lo hizo dentro de la ley. No hubiera tenido por qué respetarla, porque eran unas leyes inicuas y dictatoriales, pero así logró, con extrema habilidad, que no se rompiera la convivencia.

Con la ayuda de gente con cabeza (déjenme referirme a Carrillo y a Tarradellas), consiguió un hito que asombrará a los historiadores del futuro: que este país tan turbulento aceptara una verdadera democracia después de que las Cortes franquistas se hicieran el harakiri.

Don Artur, como le ha recordado el Constitucional, puede perseguir la indepencia catalana si lo cree conveniente; pero debe hacerlo respetando la ley. Una ley democrática que fue aprobada por todos (también –y muy fervorsamente– por los catalanes) y que puede ser cambiada e incluso vuelta del revés (¡cómo no!), pero siguiendo el procedimiento.

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Ale, a espabilar
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piogarcia | 11-04-2014 | 18:43| 0

Confieso que me perdí el falso documental de Jordi Évole sobre el 23F y solo lo recuperé días después, cuando se ya se había montado toda la polvareda.

Como pieza televisiva me pareció brillante y hasta divertida. Otra cosa es el efecto perverso que pueda tener sobre la credibilidad del Évole/periodista, pero eso, al fin y al cabo, es cosa suya: si la gente deja de tomárselo en serio, él será el primer y casi único afectado. Me hizo gracia, sin embargo, el coro de tuiteros que, sin siquiera contar hasta diez, empezaron a clamar indignados contra el supuesto chanchullo del 23F.

Creo que la palma se la llevó Beatriz Talegón, la perla blanca del socialismo español, que en lugar de pensárselo un poco o de esperar al final, se lanzó a escribir: «Ojalá lo que dicen en el documental no lo hubiésemos leído antes en investigaciones SERIAS! Pero sí… Ale, a espabilar que nos toman el pelo». Luego, cuando le advirtieron de que aqullo era una farsa, siguió durante muchos minutos empecinada en que había mucho de cierto en todo aquel barullo fantasioso. A mí me recordó una frase de Montaigne que recogía, a propósito de otra cosa, John Carlin en ‘El País’: «Nadie está libre de decir estupideces. Lo grave es decirlas con énfasis».

Ése fue el problema de la Talegón: el énfasis. Y esa irritante y general tendencia a lanzarse a teclear sin esperar un minuto, sin reflexionar, sin estudiar, sin preguntar…, siempre (eso sí) que las cosas que oigamos coincidan con nuestros prejuicios. De repente todos nos hemos convertido en conspiranoicos y estamos dispuestos a comprar cualquier teoría que nos retrate como pobres corderillos inocentes y buenos manejados por una infame turba político-burocrático-capitalista.

Ale, a espabilar.

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Marcha atrás
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- | 08-04-2014 | 12:32| 0

En la historia de los métodos anticonceptivos, pocos han gozado de la popularidad de la marcha atrás: el venerable coitus interruptus, ese quitarse a tiempo que algunos de sus usuarios más conspicuos han llegado a convertir en arte o al menos en disciplina deportiva de admirable pericia. Con todo, debemos reconocer que su eficacia siempre ha sido más que dudosa y que, si uno quiere evitarse sustos, conviene dejarse de intrépidas gimnasias y acudir a la tecnogía o a la química, según los gustos y las necesidades de cada cual.

Sin embargo, el ministro Gallardón ha decidido ahora embarcarnos a todos en una formidable marcha atrás, en un desandar lo andado tan difícil e ineficaz como un coitus interruptus, que además amenaza con montar en esta España, tan fatigada de problemas, otro follón de mil demonios. ¡Ni siquiera ha encontrado un eco unánime en su propio partido! La reforma de la ley del aborto acabará naciendo, pero con fórceps y sin epidural.

Marcha atrás.

De la ley de plazos a la vieja ley de supuestos del año 85.

A mí me costaría mucho abortar, porque creo que el embrión encierra al menos la promesa de una vida humana, pero me veo incapaz de imponer mi criterio ético sobre unas mujeres a las que además, una vez paridas, el Estado abandonará a su suerte. Allá cada cual con su conciencia. Los datos, además, resultan incontestables: aborta la misma gente con una ley que con otra. Solo que donde antes había hipocresía, malos tragos y mentiras (y sobornos y excursiones a Londres de las niñas bien) ahora existe igualdad, atención médica e higiene. Con eso quiere acabar el ministro Gallardón y quizá solo por el placer neroniano de dar la nota provocando un nuevo y absurdo incendio.

(*) En la fotografía, de mi compañera Sonia Tercero, una chica lleva una pancarta que, a la luz de las estadísticas, parece razonable: “Estar en contra del aborto no es estar a favor de la vida, sino a favor del aborto clandestino”.

 

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Los caballeros del rey Artur
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- | 11-04-2014 | 16:23| 0

Esta heroica aventura de la independencia catalana nos está deparando, contra todo pronóstico, momentos de gran hilaridad. Si primero fue la pregunta encadenada del referéndum, digna de revolucionar los manuales de Ciencia Política (¿quiere usted ser estadito o estadazo?), ahora llegan los informes definitivos del Consell Assessor per a la Transició Nacional.

Recordemos que un buen día Artur Mas decidió reclutar un consejo de sabios para que le ayudara en su épica travesía hacia la tierra prometida. Buscaba gente que fuera tan comehimnos como cualquier nacionalista furibundo, pero con un cierto currículum. Los encontró, los reunió y les pidió que hicieran informes.

Supongo que después de besar la senyera con lágrimas en los ojos, cantar a voz en grito ‘Els Segadors’ y pontificar sobre la indudable superioridad moral de la butifarra ilerdense sobre el jamón ibérico, los integrantes del Consell se pusieron a mirar las cosas con un poquito de detenimiento. Y entonces cayeron en la cuenta de que la independencia (pero la independencia de verdad) es un negocio ruinoso. Sin embargo, no podían echarse atrás. Se les ocurrió entonces que Cataluña debía primero separarse para luego unirse otra vez con España y, ya puestos, con Andorra.

¡Magnífica y revolucionaria idea! ¿Pero por qué solo Cataluña? Propongo que todos sigamos la vía que marcan estos insignes filósofos patriotas: primero nos independizamos, montamos un fiestón, lo llenamos todo de banderolas, entonamos canciones insultantes en lenguas vernáculas, nos emborrachamos con los vinos de la tierra, y luego, cuando nos cansemos y venga la resaca, volvemos a unirnos para no morirnos de hambre y, sobre todo, para seguir echando al vecino la culpa de nuestras miserias.

 

(*) Imagen tomada del satélite Meteosat y en la que, extrañamente, no se ven fronteras.

 

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El maestro
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- | 11-04-2014 | 16:23| 0

Nos hemos tirado años pensando que la solución para todos nuestros problemas educativos estaba en internet. Salía el gobierno (cualquier gobierno) y sacaba pecho porque había logrado introducir 2,7 ordenadores por aula. Aparecíamos entonces los periódicos y titulábamos aquello con letras de medio metro, como si de verdad fuera importante. Empezábamos a hablar de pizarras digitales, de un ipad por cada alumno, del futuro promisorio que a todos nos aguardaría en cuanto cada chaval pudiese conectarse desde su pupitre.

Por fortuna (¡por fortuna!) la crisis frenó esa supuesta revolución. En las aulas de La Rioja apenas hay un ordenador macilento que los críos usan por turnos. Me alegro: aquella efusión informática sonaba más a tontería de nuevo rico que a política educativa sensata.

Hace un par de años, el ‘New York Times’ publicaba un reportaje sorprendente: los grandes gurús de las nuevas tecnologías eligen para sus hijos escuelas sin pantallas. Sin ordenadores. Solo pupitres, libros (de papel), cuadernos y lapices… Y un maestro. «La idea de que con una app y un ipad mi hijo aprenderá mejor a leer y a calcular es simplemente ridícula», decía Alan Eagle, a la sazón ingeniero informático y alto ejecutivo de Google.

Traigo esto a colación porque siento que, metidos de lleno en nuestro cotidiano follón educativo, se nos escapa lo principal: necesitamos buenos maestros, que no se limiten a señalar con un puntero los ríos de Europa, sino que acompañen a los alumnos en su aprendizaje.

Cuando miramos con asombro el sistema finlandés, se nos suele olvidar que, en aquellas llanuras heladas, solo los estudiantes más motivados y con mejores expedientes pueden plantearse cursar Magisterio, una de las carreras más prestigiosas y socialmente reconocidas.

 

(*) En la fotografía, de mi compañera Sonia Tercero (soniaterceroproducer), una maestra da clase en un colegio riojano.

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