La Rioja
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Etiqueta: La Granja
Los contertulios
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Jorge Alacid | 31-12-2017 | 10:14 |0

Vista de La Granja. Foto de Jalón Ángel (Archivo Casa de la ImagenI

 

En aquel tiempo ancestral los niños observábamos a nuestros padres a una distancia prudente, siguiendo el viejo mandato: no molestar. No importunar a los mayores, a quienes uno se acostumbró a ver de lejos en aquella cafetería La Granja que durante años ejerció como una prolongación del hogar familiar. Te sentaban en el sofacito bajo la escalera, te obsequiaban como mucho con un vaso de agua del grifo y ejercías de actor sin frase en la película que sólo protagonizaban ellos, los adultos. Ellos y nosotros éramos planetas aislados cuyas órbitas sólo de vez en cuando se rozaban entre sí. Los mayores también formaban su propia órbita, la construida en torno a la tertulia orquestada con sus afines, planetas de sí mismos: de la tertulia vecina podía desprenderse cierta mañana algún miembro que se encontraba de repente huérfano de compañía y buscaba algo de calor entre los semiextraños. Tertulias casi siempre multitudinarias: yo localizaba entre aquel barullo de ternos y corbatas, risotadas y chocar de cucharillas en las tacitas de café a mi padre como una sombra fugaz, subsumido entre la piña formada por el resto de contertulios y sentía una

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Una oportunidad para La Granja
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Jorge Alacid | 15-12-2017 | 12:45 |0

Foto del antiguo La Granja, de Justo Rodríguez

 

Con este título encabecé hace unos días un artículo publicado en Diario LA RIOJA, para compartir con el improbable lector mi esperanza de que un local tan querido se dote de una posibilidad de supervivencia ahora que acaba de ver clausuradas sus puertas. Para quienes no lo leyeron, lo lanzó por este conducto hacia el éter. Decía así.

En los últimos años, unos cuantos bares históricos del corazón logroñés han reabierto sus puertas luego de delicadas operaciones quirúrgicas. Ocurrió con el Tívoli de la esquina entre Bretón y Gallarza; fue también el caso de la antigua cafetería Las Cañas, alojada en los bajos de lo que fue Gran Hotel, hoy resucitada como Wine Fandango; y hace ahora un año el Ibiza del Espolón reapareció también con gran éxito. No ha sido lastimosamente el caso de La Granja, el legendario café de la calle Sagasta, que acaba de clausurar una etapa fallida después de su intento de reconvertirse en bar de copas, modalidad ‘low cost’. Bajo la denominación de ‘Copas Rotas’, el veterano establecimiento (próximo a cumplir un siglo de actividad) volvió a la vida hace cuatro años, una experiencia recién truncada: sus

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Están ustedes invitados
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Jorge Alacid | 21-10-2016 | 10:33 |0

Cartel en un bar

 

 

De mi más tierna infancia tengo grabadas dos imágenes en materia de bares que me parece pertinente traer aquí a colación (hermosa expresión) porque ilustran de modo fetén esta reflexión en voz alta en forma de pregunta: por qué hemos dejado de invitar a amigos, conocidos y hasta desconocidos cuando coincidimos en nuestros bares de guardia. Ambas imágenes ocurrieron en La Granja, el querido café de Sagasta que ejercía para mí de crío como una prolongación del hogar familiar tan cercano. Protagoniza la primera escena el gran Pepe Blanco: cierro los ojos y lo ve entrar saludando como un torero, apoyar luego el pie en el estribo de la barra y (de nuevo como un torero) extender el brazo como cuando se brinda un toro a la concurrencia y proclamar: “Están todos ustedes invitados”. El resto de parroquianos le ríe la gracia, dilucidando si se trata de una broma o si el autor de ‘Cocidito madrileño’ va en serio, rodeándole entre agasajos (“Pero mira que eres rumboso, Pepe”) y pidiendo su propia ronda los más avispados al camarero Santos, por si acaso el señor Blanco de verdad va en serio.

Era una escena que tenía algo de irreal por la magnífica personalidad

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Bar Iturza, nueve letras
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Jorge Alacid | 20-05-2016 | 07:18 |0

Rótulo pintado del bar Iturza, en la calle Mayor. Foto de Justo Rodríguez

 

Hace unos cuantos meses, recibí el encargo de colaborar con una publicación que pretendía reflexionar sobre el impacto que generan en Logroño algunos indómitos rótulos de comercios muy característicos. Espigué la lista de potenciales candidatos y me decanté por escribir sobre el bar Iturza, cuya rotulación tanto me ha intrigado desde antiguo. El caso es que el tiempo iba pasando, el proyecto no terminaba de cristalizar y hace unos días recibí de su promotor la noticia de que en efecto la publicación no verá la luz, al menos de momento. De modo que me ha parecido oportuno recuperar en esta entrada las líneas que en su momento puse en limpio sobre un bar muy particular y un rótulo no menos fetén.

 

Ahí va el artículo:

El neón de los bares, la lírica callada de la tipografía, acompañan los pasos ciudadanos desde que el azar nos deposita en el mundo. Mundo Logroño. Así como el bar nos sirve de brújula, el rótulo es nuestro faro. Trepa la niebla desde el río, pero al fondo del Espolón parpadea la cegadora luz que nos avisa: estamos llegando a Ibiza, playa bajo los soportales. A lo lejos luce como un reclamo otro heraldo familiar: Samaray, hermoso

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Doblón, Doblón
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Jorge Alacid | 13-05-2016 | 07:32 |0

Bar Calenda, antes Doblón. Foto de Justo Rodríguez

 

Como mis padres eran de La Granja, yo me marché a Doblón.

Alcanzaba entonces la adolescencia, esa tierna edad: cuando uno empieza a reivindicar su propio espacio y huye por lo tanto de cuanto le puedan enseñar sus mayores porque ya lo sabe todo de la vida y no admite lecciones. Así que una de las primeras señales que envié a mis progenitores respecto a mis particulares gustos tuvo que ver con una trascendental elección en materia de bares: acababan de abrir una elegante y espaciosa cafetería enfrente del hogar familiar, lo cual representaba toda una invitación a abandonar la tutela paterna (las tertulias de La Granja) y decantarme por mi propio universo, donde pronto encontré recompensa. No había dudas: con la impertinencia propia de mi condición juvenil, deserté de los hábitos conspicuos de las generaciones anteriores y opté por trazar mi itinerario personal. Tendría unos 15 años cuando tomé tal decisión: ya no volvería a La Granja. Ah, la edad: cuántas estupideces… Pero esa es otra historia.

Yo adopté semejante renuncia no sólo porque uno estuviera más a gusto lejos del radar de sus padres, consumiendo sus propios tragos (el cafelito del

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Los primeros chinos
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Jorge Alacid | 20-02-2015 | 08:13 |0

Jugarse la ronda a los chinos

Entre las más acendradas tradiciones que el viento de la modernidad expulsó de nuestros bares figura una cuya ausencia clama al cielo: la tertulia. Quiere decirse que el bar no es sólo el lugar donde quedamos a tomar esa consumición frugal y si te he visto no me acuerdo, el cafelito vertiginoso, un vino y vamos al siguiente, una cerveza y para casa. Antaño, el bar era un lugar donde apalancarse un rato largo, tal vez porque había más tiempo y más tiempo que perder, expresión que me encanta porque encierra una profunda sabiduría. Perder el tiempo suele ser una manera elegante y sabia de ganar algo: ganar conocimiento, capacidad para la empatía, habilidad para el duelo dialéctico… Todos esos valores sí que se han perdido, incluyendo cierta predisposición a atender lo que otros tienen que contarnos. Que en eso consiste la tertulia de toda la vida, no la actual, dominada justamente lo contrario. Hoy, un tertuliano es más bien alguien que aburre al otro con su palabrería y la tertulia, una confrontación de monólogos.

Encuentro que de un tiempo a esta parte, sin embargo, hay alguna posibilidad de redención. Tropecé la otra tarde con un reportaje de la revista

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El primer bar de tapas
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Jorge Alacid | 20-06-2014 | 07:22 |0

Rotulación del bar Victoria

El primer bar de tapas de Logroño para mi generación fue el Victoria. Me refiero al antiguo Victoria, el ubicado en la muy castiza calle de Carnicerías, que tan buenos recuerdos me trae: el afilador/paragüero encajado en el portal de una vivienda, la espectacular tienda de Rosi (Mantequería Suiza), la carnicería de Tere y Valentín y sus filetes de caballo (jugo incluido), La Tropical, la panadería de Garpesa… Hoy es una calle que apenas nadie pisa si puede eludirlo, porque se convirtió a la nueva religión de las copas del fin de semana, con el evidente deterioro: añada el improbable lector el feo aspecto del abandonadísimo solar que hace esquina con Zaporta para que se entienda que un logroñés conspicuo evite darse por allí un paseo.

Así que a los méritos propiamente hosteleros del Victoria habrá que añadir el buen ojo de sus dueños cuando se mudaron desde aquel emplazamiento hasta su actual sede en Víctor Pradera: atrás dejaban un enclave no especialmente apropiado para el tipo de local que defienden. Para mí fue sin embargo una desilusión: me había acostumbrado a iniciar la peregrinación por los bares del Casco Antiguo con una paradita en el

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Bilbao en sus bares
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Jorge Alacid | 11-04-2014 | 15:35 |0

El Iruña de Bilbao

La primera vez que entré en el Iruña de Bilbao (en la imagen, foto de El Correo) fue en el verano del 82, suceso que sigo sin olvidar. En honor a esa epifanía, procuro volver sobre mis pasos cada vez que visito el Bocho, lo cual hago con cierta frecuencia, incluso desde antes del Guggenheim. ¿Por qué me deslumbró? Bueno, cualquier cliente del popular café puede responder conmigo: porque el Iruña emana clase, estilo, distinción. Puro Bilbao, por lo tanto. La bella caligrafía de sus paredes tamizadas de cerámica, el laberíntico espacio que ocupa, rico en rincones ocultos a la primera mirada, su doble y elegante barra, que incluye un altillo en desuso donde el día de mi bautismo como parroquiano actuaba un trío de jazz, allí izado no sé cómo.

Curiosamente, el batería era un libanés a quien había tratado cuando manejaba las baquetas en un local logroñés ya difunto, alojado en el subsuelo de avenida de Portugal. Esa coincidencia acentuó mi amor por el Iruña, cuyos camareros me han despachado siempre con profesionalidad extrema, ese tipo de atención hacia el cliente fría y eficaz, sin grandes confianzas, de la que soy muy fan. Aún más lo soy del bar a

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La Granja de mi vida
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Jorge Alacid | 10-05-2013 | 11:07 |0

Imagen muy antigua del café La Granja de la calle Sagasta de Logroño

Como este blog sirve como autobiografía logroñesa, el improbable lector ya habrá comprobado que de entre los bares que uno ha frecuentado surge  inevitable un ramillete de ellos que se repiten: el Tívoli, el Moderno, el Continental… Cada uno de ellos ha ocupado su propio espacio aquí en forma de entrada, aunque reparo ahora en que mi favorito de todo el parque logroñés no había gozado todavía de semejante honor. Con todos ustedes, La Granja.

En alguna ocasión ya había glosado a sus camareros más conspicuos. Santos, magistral mago que siempre sacaba un cruasán de la bocamanga y llevaba una sonrisa pegada a la cara, o Dámaso, gobernando la barra desde el puente de mando de la cafetera, monumental aparato que le tenía apartado siempre en la esquina del bar a la espera de que llegara, de tarde en tarde, su amigo Pepe Blanco. Cosa que cuando ocurría… Ese día era fiesta, porque el cantante agasajaba a los conocidos, como es natural, pero también a los desconocidos, a quienes trataba como si fueran colegas de toda la vida y se hacía cargo de la ronda. Era uno de tantos momentos dichosos en un bar que para mí representa lo que para Proust su magdalena, un

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El Ibiza de Jerónimo (Bares dedicados X)
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Jorge Alacid | 18-03-2013 | 19:24 |0

Jerónimo Jiménez, cronista que fue de Logroño

Publiqué este artículo en Diario LA RIOJA en 1998. Lo recupero ahora porque llevo todo el día acordándome de Jerónimo Jiménez, con quien compartí alguna confidencia en esta casa y a quien guardo gran aprecio. Hoy hemos conocido que se va a recuperar en la web municipal su libro sobre las calles de Logroño y le he dedicado cinco minutos de cariñosa memoria, los suficientes para recordar que estas líneas sobre el Ibiza que le tenía entre su clientela fija las escribí gracias a su prodigioso amor a la ciudad que le tuvo de cronista oficial. Así que va por usted, maestro.

“En el principio, fue La Granja y también ahora fue la primera en pasar por el quirófano. Manos hábiles reformaron sus dependencias, mantuvieron esa barra curva que confiere al bar la condición de navío e introdujeron, más allá del lavado de cara, novedades tan imprevisibles como las diapositivas que ahora se exhiben desde la tremenda escalera. La pasada semana, también el Ibiza concluyó su cirugía estética. Del trance sale con evidentes alusiones a la isla que le da nombre asomando entre las vidrieras y un reloj descomunal presidiendo la zona de mesas. “Tenemos la lista de precios

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