La Rioja
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Etiqueta: San Juan
Los domingos no son lo que eran
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Jorge Alacid | 08-12-2017 | 10:43 |0

Cartel con domingos cerrado

 

 

Hace algunos años, tropecé almorzando un domingo en una venerable casa de comidas de los alrededores de Logroño con el propietario de un conocido restaurante capitalino. Cuando le hice ver mi extrañeza por ese hábito de librar en festivos recién adquirido en su gremio, que de suyo solía abrir sus puertas 365 días al año (uno más si era bisiesto), desde muy temprana hora hasta rozar la medianoche, me contestó que mientras su banco se lo permitiera, pretendía disfrutar del asueto dominical como un cristiano más. Y que en realidad esa era la tendencia del resto del sector: que eran, y son, contados los restaurantes de Logroño que abren en domingo. Una moda que alcanza de un tiempo a esta parte a nuestros queridos bares.

Los hay, en efecto, que dedican ese día al descanso semanal, lo cual tiene su lógica aunque atenta contra un principio antiguo, según el cual el último día de la semana representaba antaño la jornada más feliz para la máquina registradora. Amiguitos, aquellos buenos días ya acabaron. Échadle la culpa al chachacha, a la segunda residencia, a la moda del senderismo o a todo pasatiempo que aleje a los lugareños de su sede

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Los bares (nuevos) son para el verano
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Jorge Alacid | 14-07-2017 | 15:37 |0

 

Ocurría antaño que las aperturas de bares en Logroño florecían allá por San Mateo. Como se ha contado aquí, no hace falta haber ganado el premio Nobel ni ocupar el Palacio de la Moncloa para poseer una inteligencia natural que permite concluir que los empresarios logroñeses se meten en ese jardín allá cuando pronostican mayor movimiento en la máquina registradora, un aliviador empujón muy agradecido cuando se empieza en todo negocio. Esto es, por fiestas mateas. Así que la lista de garitos que abrieron sus puertas en los días previos al cohete, que algún hortera llamará chupinazo, representa una fecunda tendencia logroñesa. Valga citar tres establecimientos emblemáticos, proteicos iconos de la historia local, para avalar semejante sentencia: nada menos que fue esa la época elegida, cada cual en su respectivo año, para inaugurar el café La Granja, la cafetería Milán y el pub Robinson. Que no son tres bares cualesquiera: son tres monumentos.

Con el paso del tiempo, ocurre que las fiestas no son lo que eran. O bien que cualquier momento del año es bueno para lanzarse a la piscina. Así se evidencia en el florecimiento de inauguraciones que han

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Nuestro hombre en la barra: Demetrio, patrón del decano
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Jorge Alacid | 27-05-2017 | 09:51 |0

Demetrio, patrón del Gurugú. Foto de Justo Rodríguez

 

Anote el improbable lector: mezcle una botella de clarete con una dosis (generosa) de sidra. Añada un abundante chorro de pilé 43 y remate la pócima con el toque genial: un golpe de zarzaparrilla. A continuación arroje el bebedizo resultante por un embudo bien pertrechado de hielo picado a una jarra, para tomarlo como manda el canon logroñés: bien frío. Casi helado. Enhorabuena: se está iniciando usted en la ingesta del célebre cóctel llamado americano, santo y seña del venerable Gurugú. Autor de la receta, Demetrio Velasco, quien sigue defendiendo la barra benemérita cuarenta años después de su estreno, depositario de esa fórmula mágica cuyos ingredientes exactos elude proporcionar y cuya patente custodia.

Sobra decir que el hielo lo pone Fontecha.

Será el primer apellido memorable del Logroño de toda la vida que irá surgiendo durante la charla, este bochornoso mediodía primaveral que regala Logroño. De la cocina del decano de los bares de la capital y resto de La Rioja, van apareciendo las golosinas conocidas. Cazuelas de callos y raciones de oreja, néctares que Demetrio despacha con profesionalidad académica: sin perder ripio de la

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Regreso a la calle Ollerías
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Jorge Alacid | 13-04-2017 | 08:42 |0

Vista de la calle Ollerías, con Marqués de Vallejo al fondo. Foto de Justo Rodríguez

 

Alguna mañana debía ingresar quien esto escribe en territorio vetado: Ollerías. Ya curioseé cierta vez por sus alrededores, puesto que resulta difícil evitar una calle tan castiza, alojada como está en el corazón de Logroño y sus bares. Tan cercana a la San Juan por ejemplo, calle que ha merecido aquí alguna mención que otra. Fronteriza también con el querido Pachuca, cuyo deteriorado rótulo decora el frontispicio de este blog. Y Ollerías aparecía también de vez en cuando si poníamos en marcha la moviola: unos cuantos veteranos de las barras logroñesas se iniciaron en la profesión en aquellos bares que festoneaban la acera de los impares, porque la otra se limita a ejercer de trasera de los inmuebles de Muro de la Mata. Y no: en esa mano no hay otro bar que la puerta de servicio del ejemplar Tondeluna, más o menos donde antaño estuvo la del Aéreo Club. Enfrente, sólo habita ahora mismo el local llamado In vino veritas, emigrado de la San Juan. No tengo el gusto. Me resisto a ingresar entre sus muros, tal vez como un pueril tributo que rindo a la memoria de aquel Logroño que sí tuvo esta calle entre las más fetén para eso tan nuestro: ir de

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Nuestro hombre en la barra: García, la San Juan de siempre
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Jorge Alacid | 29-03-2017 | 08:08 |0

Marcos, Estefanía, Conchita y Dani, en el García. Foto de Justo Rodríguez

 

El logroñés veterano recordará la calle San Juan previa a su actual encarnación. Una calle de vida comercial riquísima, que contaba con establecimientos de acusado arraigo y que además incorporaba a una larga serie de gremios, como las tiendas de ultramarinos que hoy se baten en retirada (y hubo hasta tres en tan breve tramo), un par de carnicerías y su tienda de lanas. El local de Teo donde se revelaban los carretes familiares, la superlimpieza Mola (en seco), la joyería de Javi y otros clásicos del Logroño inmemorial. Había también bares, por supuesto; como los había en la vecina Ollerías, hoy medio moribunda. Bares que sin embargo no colonizaban toda la calle como ahora es norma: bares que el cliente conspicuo podía recitar porque cabían en los dedos de la mano y memorizarlos era sencillo: sí, el logroñés que peine alguna cana recordará el Duaso y el Noche y Día. Y no olvidará La Esquina o el Torres, que aún resisten aunque reinventados. O el García, que también sobrevive en perfecto estado de revista. Con Dani y Marcos al frente, media vida viendo cómo la calle se transforma. Cómo todo Logroño ha cambiado igualmente.

También ellos mismos

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Quisimos tanto al Baden
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Jorge Alacid | 09-12-2016 | 08:48 |0

Obras en el edificio del Baden. Foto de Justo Rodríguez

 

Todo empezaba en el Mere. Una generación de logroñeses que hoy peinan alguna cana se acodaba por entonces en los preciosos y magros metros cuadrados disponibles, engullía el bocadillo como si fuera la última cena y observaba curioso el exterior, donde otra multitud demandaba su ración puertas afuera y se admiraba por la pericia magnífica con que los defensores de tan castiza barra liquidaban las peticiones de la clientela. Los tiempos en que desde la cocina se facturaba la riquísima tortilla con un engranaje laboral manchesteriano. Un espectáculo.

Pero aquel circo gastronómico-festivo tenía más pistas. Porque la calle San Juan (la calle en sí: el Mere ahora medio resurrecto formaba parte de la Travesía, que no es lo mismo pero se parece) ofrecía un amplio abanico de posibilidades: un parque temático a la logroñesa para devotos del chiquiteo y de las ricas raciones de cocina casera. Cuya segunda estación podía ser cualquiera de los bares que en ambos manos custodiaban el legado eterno de las rondas interminables, la ruta que siempre conducía al Baden. Que ahora también amenaza con resucitar: bendito sea el dios de los bares.

Porque para unas cuantas

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Qué hay de nuevo, Ibiza
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Jorge Alacid | 28-11-2016 | 15:57 |0

Inauguración del Ibiza, esta mañana en Logroño. Foto de Juan Marín

 

Hubo un tiempo que recordarán los logroñeses más veteranos donde el sol no se ponía en los bares del Espolón. Quiere decirse, hipérbole mediante, que la gavilla de negocios hosteleros arracimados
alrededor de la céntrica plaza permitía a un hipotético cliente no abandonar ese entorno y regalarse unas cuantas visitas a sus locales predilectos sin dejar de pisar las mismas baldosas. No hacía falta peregrinar a la cercana San Juan ni a la vecina Laurel: el Espolón se bastaba para satisfacer las necesidades de los logroñeses incondicionales de la ronda eterna.

Fueron los años del Ringo o el Aéreo Club, a los que siguieron los del inolvidable pub Duque; los años de Las Cañas, por supuesto, cuyo vacío ocupa ahora Wine Fandango. Y, desde luego, los años del Ibiza, inmemorial faro, guía y brújula para varias promociones de logroñeses. Que encontraban en el bar ahora recuperado el lugar donde quedar para esto o aquello: para las gestiones bancarias, el itinerario por la Plaza de Abastos o la línea de salida en su ruta hacia el vermú que invitaba a recorrer los bares aledaños. El Ibiza, sí: el Ibiza, el imaginario puerto de mar de que dispuso Logroño, que

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¿El día del cliente?
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Jorge Alacid | 07-10-2016 | 07:45 |0

Paco Bergés, a la puerta del Ópera. Foto de Justo Rodríguez

 

“Algo hay que hacer”: puede el improbable lector consultar a cuantos dueños de bares logroñeses quiera que acabará recogiendo múltiples alternativas a la pregunta de cómo reanimar su actividad en días laborables, así como una frase mil veces repetida. Algo hay que hacer. Porque el sector languidece entre semana. Es una evidencia palpable, que no afecta sólo a Logroño. Los hábitos de consumo han cambiado tan radicalmente que el antiguo peregrinaje diario de bar en bar se ha convertido en una costumbre que sólo mantienen los chiquiteros conspicuos, que merecerán algún día un detalle de su Ayuntamiento o de la Sociedad Española de Hepatología. El resto de la población se resiste a libar más allá del fin de semana: lo prueba cualquier visita por las lánguidas calles del centro de lunes a miércoles. Numerosos bares incluso cierran.

Surge por lo tanto la pregunta. ¿Cierran los bares porque no hay clientela? ¿O sucede al revés? Al parecer, se trata de una preocupación común al resto del sector en España, hasta el punto de que la Federación Española de Hostelería anuncia que pretende implantar alguna medida que mitigue la caída del negocio en

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Damas de la calle San Juan
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Jorge Alacid | 30-04-2016 | 11:20 |0

Alhóndiga y La Travesía, con las damas a sus puertas. Foto de Justo Rodríguez

 

Una sección que se llame Nuestro hombre en la barra como la que alberga estas líneas no sólo homenajea a nuestros camareros de confianza mientras le guiña un ojo a Graham Green y su inmortal novela ‘Nuestro hombre en La Habana’ con un tontorrón juego de palabras, sino que acoge en su seno a todo lo contrario: a nuestra mujer en la barra. Mejor dicho: nuestras mujeres. Con todos ustedes, improbables lectores, Jaque y Chus, Chus y Jaque, damas de la San Juan, ejerciendo un oficio antaño casi relegado al uso exclusivo de varones que en manos femeninas alcanza otro grado de excelencia. Con un toque fetén y distinto. El nacido en la gracia y viveza con que nuestras heroínas defienden su bar La Travesía desde hace 23 años. Un local vecino del recién nacido, el aledaño Alhóndiga, que luce su primer año de vida con una barra donde triunfa el bacalao en cualquiera de sus encarnaciones, entre otras golosinas.

A Jaque y Chus las conocerá la clientela fiel de tan castizo rincón logroñés, esa Travesía de la San Juan que el imaginario popular sitúa como prolongación de la calle central de esta inmemorial ruta del chiquiteo, por su feliz desempeño al frente del

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Pongamos que hablo de Laurel
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Jorge Alacid | 11-03-2016 | 09:43 |0

Vista antigua de la calle Laurel

 

Una reciente incursión a una hora bastante temprana para los usos habituales en la Laurel me permitió conocer una calle distinta: eran las once de la mañana y sólo estaban abiertos el Sebas y el Soldado, como me corroboró el propio Manolo en esta última parada de semejante viacrucis. Acudí a entrevistarle para una entrada recién publicada en este mismo espacio y acabé entablando tertulia improvisada en torno a la calle Laurel, su vida y sus milagros. Sobre cómo era antaño, cómo se ejercía en consecuencia el rito del chiquiteo. Porque mi propia experiencia apenas es nada comparada con la suya. Mis primeros recuerdos llegan de finales de los años 70, cuando la calle ya era otra, no la fundacional que sí conoció el jefe de El Soldado. “Para esa época, esa calle Laurel ya era más o menos la Laurel actual, la que hemos ido conociendo”, me informó Manolo.

Así que le pedí un ejercicio de memoria que puede también perpetrar cualquier logroñés que peine alguna cana. Porque, según sus estimaciones, en realidad la costumbre de las rondas por Laurel son recientes, en términos históricos. Quienes homologaron esa costumbre por las calles de Logroño

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