Impresionante. Sin palabras. Lo de este Ciudad de Logroño es de otro mundo. De pensar en no descender a luchar por regresar a la Champions. Y a meterse en dos finales y asegurar una plaza europea. Porque la parada del gran Gurutz Aginagalde a 25 segundos para el final de la semis en el Madrid Arena representa eso: jugar la final de la Copa del Rey, disputar la Supercopa de España y jugar la Copa EHF el año que viene. Nada más y nada menos. En lo personal, que no pude viajar a Madrid, me emocionó esa parada a Juanin García en un penalti que no existió y que le daba más sal a una final espectacular. También la euforia del equipo al terminar y las palabras emocionadas de un Rubén Garabaya que se quiere jubilar con un título.
Creo que del partido se podrían analizar muchas cosas, pero fue un espectáculo de amor propio, buenas defensas y grandes porterías. Jakub Krupa sostuvo a los suyos, al igual que la defensa. Enormes otra vez Miguel Sánchez-Migallón y Rubén Garabaya. En ataque, Juan Castro jugó un partidazo. Supo comandar al equipo con acierto y encontrar siempre huecos para lanzar (cinco goles). También me gustó Kule Kusán, marcando territorio en los seis metros. Pero esto es un equipo y el mérito es del bloque. Y de Jota González y su equipo.
Me muero de ganas de coger el coche e ir a vivir algo que puede ser mágico, pero obligaciones personales me lo impiden. Qué bonito sería que tanto Jota como Ángel Fernández, goleador histórico del Ciudad de Logroño, y Rubén Garabaya, se pudieran despedir con un título. Mañana nos vamos a Murrieta si eso ocurre. Y no me quiero olvidar de esos franjivinos que se trasladaron a Madrid para vivir algo único. Grandes.