Hoy me han reñido por la calle. Me han achacado que todos estamos haciendo cábalas sobre cuántos concejales podría sacar la nueva formación de Julio Revuelta el 22-M cuando, al menos hasta ahora, aún no ha presentado ni su programa electoral, ni la gente que le acompañará en su asalto en el Ayuntamiento, ni sus intenciones políticas. No he podido por menos que asumir la crítica y escudarme en la tendencia que tienen/tenemos los votantes a pensar más en las personas que en los partidos a la hora de escoger una u otra papeleta.
Claro que mientras unos y otros hacen apuestas sobre las posibilidades reales de Revuelta, aún siguen fraguándose los pormenores de su proyecto. Un escenario que cada vez parece más cercano al PR. O más bien a Miguel Gómez Ijalba, sobre quien el propio ex alcalde ha confesado una declarada afinidad en lo personal y en lo intelectual. No es extrañar que el ya maduro Julio se haya visto reflejado restrospectivamente en el joven Miguel. Atrevido, eficaz, gallardo, un pelín echado para adelante. Dos cabezas privilegidadas en la que guardar un mismo Logroño y dos partidos, PR y Ciudadanos de Logroño, que se juegan todo en esa virtual alianza. El PR, seguir con su puesto de privilegio como bisagra para la gobernabilidad de la ciudad gracias a la resucitada figura de Revuelta que amortiguaría el desgaste sufrido en la legislatura que concluye. CDL, mantener la credibilidad como un partido fresco y sin hipotecas a pesar de la sombra de los constructores y las cuestiones comprometidas que, a buen seguro, empezarán a blandirse desde la sede del PP para contrarrestar el ‘efecto Revuelta’.
El mismo que me ha reñido hoy por la calle ha pronunciado una frase inquitenta a modo de despedida. “Revuelta no aspira a ser alcalde otra vez; lo que le gustaría es volver a ejercer como concejal de Urbanismo”. Aún no he conseguido despegar de mi cabeza el eco de esa idea.

Foto: Juan Marín