El jueves por la mañana, a la puerta del Círculo Logroñés, una de las asistentes al acto organizado para presentar las medidas populares a favor de la mujer ofrecía unas papeletas. No eran pasquines electorales. Se trataba, llanamente, de lotería de Navidad. “Esta es de la que toca”, aseguraba como reclamo la vendedora improvisada. Cualquier lugar es bueno para caer en la cuenta de que las elecciones pasan y la vida sigue. Cualquier momento es propicio para que los políticos desnuden su condición humana. Cualquier fórmula, por mundana que sea, cabe para acabar con la crisis.
También Mercedes de la Merced aprovechó su visita a Logroño para hacer una revelación privada. Según confesión propia, sus primeros ahorros de calibre como funcionaria del Estado los atesoró con solo 27 años. Y como ella misma reconoció, los ingresó en un banco. Pero no para acumular la cantidad suficiente que le permitiera en el futuro comprar una casa o adquirir un coche, sino para hacerse un primer plan de pensiones. “Lo recomendaba entonces Pedro Solbes con el PSOE, porque las pensiones no estaban garantizadas”, rememoró. El empleado del banco le miró de reojo, reparó en su juventud, y al final acató la petición de aquella moceta.
Pero quien ha ganado de largo la carrera de las emociones es Alberto Bretón. En la entrevista ofrecida a Diario LA RIOJA, declaró que él también es capaz de llorar. Detrás de esa planta de abogado eficiente, de camisas siempre bien planchadas y aspecto de funcionario implacable también se esconde un ser humano al que se le encoge el corazón y sufre. El llanto más hondo de las últimas fechas se lo provocó la aprobación del blindaje del Concierto económico vasco con el apoyo de los socialistas riojanos. Detrás de cada candidato también hay, algunas veces, una persona.
Fotografía: Juan Marín