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Teri Sáenz

Chucherías y quincalla

El pueblo unido

teruel

Hace ahora una semana a 40.000 personas les dio igual que saliera un domingo soleado después de un invierno eterno. En vez de aprovechar el buen tiempo para tirarse a la bartola en algún pueblo, salieron de sus respectivos pueblos para citarse en una ciudad alejada en demanda de inversiones, mejores infraestructuras, comunicaciones propias del siglo XXI y oportunidades reales de empleo. Los manifestantes, llegados desde decenas de pequeñas localidades amenazadas por el fantasma del olvido pero que juntos suman más habitantes que alguna capital de provincia, unieron sus voces para reclamar algo tan elemental como poder seguir viviendo donde lo hacen con unos servicios dignos y derechos idénticos a los de entornos con censos más densos. Como puede observar, el catálogo de peticiones es prácticamente calcado al que de un tiempo a esta parte ha ganado enteros en la agenda política de La Rioja, tanto del Gobierno como de la oposición. Ya sabe: España vacía, demotanasia, la agenda de la población, el reto demográfico y tal. La principal diferencia es que la imponente marcha celebrada hace ahora siete días no estaba integrada por riojanos, sino por turolenses. Y no tuvo lugar en Logroño, sino que discurrió por el centro de Zaragoza. Está por ver que los aragoneses logren su propósito. Lo que ya han conseguido es demostrar su fuerza, acuñar un lema, abanderar una demanda que es la de buena parte del país. Puede que su grito acabe en saco en roto. O también que cuando se repartan fondos y oportunidades de futuro se priorice a quien con más energía lo reclama y obvie a quien mastica el silencio. El que no llora no mama. Y el que no sale a gritar por lo suyo, tampoco.

Fotografía: Periódico de Aragón


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