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Teri Sáenz

Chucherías y quincalla

El nombre es el mensaje

ministros

El nuevo Gobierno socialista aún no ha dado un paso ni movido casi un papel y ya ha concitado un consenso mayoritario sobre la calidad y entidad de sus integrantes. Y no sólo en los militantes acérrimos que hubieran aplaudido cualquier cartel por desalojar al PP, sino entre simpatizantes de otras siglas y, sobre todo, los flancos del propio PSOE que nunca han confiado en un Pedro Sánchez que hace bien poco habían enterrado los suyos y ahora emerge con el fulgor que sólo el poder es capaz de imprimir. A veces un gesto vale más que mil acciones. Y Sánchez lo ha aplicado con nota. Igual que cuando asomó a la primera línea pública andaba ansioso por epatar y explotar su figura de galán de la neopolítica lo mismo entrando en directo en un plató de telebasura que batiendo el récord mundial de selfies de la plaza más recóndita, ahora que se enfrenta a la debilidad de los escaños en el Congreso se ha hecho fuerte en el mensaje que traslada la elección de su gabinete. Una selección que puede resultar más compleja que cosechar votos en las urnas porque ha de guardar equilibrios de todo tipo (de corrientes internas, de género, de colectivos influyentes, territoriales, mediáticos, electorales…) para atender todos los frentes sin perder de vista lo básico: formar un equipo capacitado para una gestión de la máxima responsabilidad que por definición jamás contentará a todos. Un repaso a gobiernos precedentes confirma esa dificultad, con ministros impostados que casi nadie recuerda o son recordados por sus errores. Señalar a un experto en cada área con una reputación consolidada antes de ocupar el cargo parece tan elemental que se hace raro no haberlo practicado con más frecuencia. Un nombre, una expectativa.

Fotografía: Javier Lizón / EFE

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gabinete, gobierno, ministros, nombre, pedro sanchez, psoe
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