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Teri Sáenz

Chucherías y quincalla

Candidatos espectaculares

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Que la política ha mutado en un espectáculo que cada vez tiene menos que ver con la gestión y más con azuzar los sentimientos primarios del elector ya se venía rumiando. Lo anticiparon las fuerzas de aquella nueva política que se hizo vieja de súbito con sus gestos de pirotecnia mediática secundados por prensa y televisiones que, a partir de entonces, persiguieron la anécdota extravagante en vez de un discurso coherente. Los culpables de esa deriva están en busca y captura. Una parte de la acusación señala a los líderes de nuevo cuño que arrastraron a los ya instalados en una ruleta de excentricidades y apelación a las vísceras. La otra pone en la diana al periodismo, sometido a la dictadura de audiencias que encontraban más placer en ver cómo un candidato bailaba la conga que en escuchar sus propuestas para resolver el hambre en el mundo. En esa cultura del selfi junto al cabeza de cartel, las organizaciones han girado el cuello en la búsqueda de referentes. Si antes miraban de puertas a dentro para dar con los mejores (o los menos malos) inyectándoles una sobredosis de exposición pública para ser reconocibles en la calle, ahora se rastrean zapeando. El mirlo sólido pero discreto está de saldo. La alternativa fetén: aprovechar la popularidad ya consolidada de alguien para travestirlo en político. La fórmula arroja artefactos pasmosos, con los deportistas como presas más codiciadas por cualquiera de las siglas. El penúltimo, el exseleccionador de baloncesto Pepu Hernández encumbrado a dedo por el PSOE a la Alcaldía de Madrid en unas primarias ya devaluadas así y, además, como segundo plato tras la negativa de otras celebridades a estrellarse en las urnas. Vaya espectáculo.

Fotografía: V. Salgado


febrero 2019
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