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Teri Sáenz

Chucherías y quincalla

Elefantes

elefanteok

Los problemas más grandes son los que tenemos delante pero se han anclado con tal familiaridad en el día a día que adquieren la condición de invisibles. De pronto, alguien apunta un día el dedo hacia ellos. Advierte de que esa anomalía no forma parte natural del escenario, el resto cae súbitamente en la cuenta de las consecuencias trágicas que pueden acarrear y lo que ayer pasaba desapercibido hoy es una cuestión de estado que concierne a la sociedad entera. Sucedió con la proliferación de plásticos en el agua que bebemos y los peces que comemos. Está pasando con las apuestas –versiones online o presencial– que empiezan a arruinar vidas cada vez más jóvenes. Lleva décadas ocurriendo con los pueblos que agonizan y sólo la verbalización del fenómeno como La España Vacía ha hecho encender las alarmas sobre el riesgo de la despoblación. El escultor de ese nombre a través del libro homónimo, Sergio del Molino, ha vuelto esta semana en Logroño no sólo para insistir en la brutal dimensión del abandono del territorio rural, sino señalar también hacia otro de los elefantes que barritan dentro de nuestra propia habitación sin que seamos capaces de verlos: el riesgo que cierne sobre las poblaciones medias. Capitales de provincia sin mucho fuste, alejadas de los centros neurálgicos de decisión, ni grandes ni pequeñas. Ciudades con aroma de pueblo que alardean de calidad de vida mientras siguen reclamando infraestructuras, comunicaciones y recursos que se desvían hacia otras urbes, quizás con menos encanto pero mucho más robustas económicamente. Localidades donde van menguando el censo y las oportunidades y que, quizás, dentro de unas décadas protagonizarán la próxima España Vacía.

Fotografía: Nick Brandt


junio 2019
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