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Teri Sáenz

Chucherías y quincalla

Tensión

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Como sólo puede suceder en esos turbadores relatos del realismo mágico donde lo improbable alcanzan la condición de ordinario, el día que se descubrió varada a las afueras de la ciudad la escultura ‘Elementos en tensión’ arrancaba en Santa Lucía de Ocón una nueva edición de Arte en la Tierra. La imponente obra que se retiró de la glorieta de Vara de Rey con motivo de los trabajos que se realizan en la zona no llegó directamente a su destino natural en el Parque de Servicios de Logroño, donde debía aguardar temporalmente. Una críptica justificación, resumida primero en «cuestiones técnicas ligadas al acceso» y luego en «cierta descoordinación en la parte técnica» hasta recalar en la sinceridad de «un error», hizo que su viaje se detuviera en una desolada parcela municipal de Las Cañas, en mitad de la nada. Imagino el mohín de extrañeza de ese paisano que, seguramente como otros tantos días, paseaba alrededor de la capital y dio la voz de alerta al topar de repente con la gigantesca escultura. Cómo su imaginación bullió para explicarse aquella estampa tan irreal. Si no llegaría a elucubrar que se trataba de una de esas creaciones de Land Art que, como en Santa Lucía, comulgan con la tierra para explorar los ángulos de la belleza y el alcance de la intervención humana. El descubrimiento fortuito fue también la autorreivindicación de ‘Elementos en tensión’ –nunca un nombre resultó tan idóneo– para que la pieza de José María Sánchez Cuesta no acabara sumida en el olvido y todos los problemas logísticos, de transporte y hasta de emplazamiento se superaran como por ensalmo para ser extirpada de su altar en la nada y ser reubicada (y restaurada) a la vista de todos.

Fotografía: Enrique del Río


agosto 2019
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