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Luismi Cámara

Desde la grada

Una copa muy especial

No hay torneo más bonito y especial que la Copa del Rey de baloncesto. He disfrutado de unas cuantas como aficionado y como periodista en Madrid, Vitoria, Zaragoza o Málaga y el ambiente que se disfruta desde todos los puntos de vista es diferente. Hace cinco años, la Copa en Málaga acabó con el colofón mágico de aquel tiro de Sergio Llull que entró cuando sólo le quedaba a la final una décima de segundo (¡qué momentazo!, ¿a que sí, Boron?) y que dio el título al Real Madrid ante el Barcelona. Aunque doloroso para los derrotados, puso la guinda a unos días en los que los equipos coincidieron en el mismo hotel con los periodistas. Los jugadores de uno y otro equipo coincidían por los pasillos, charlaban y bromeaban entre ellos. Los corrillos en el bar se sucedían, con familiares, amigos, representantes, directivos. Las noches para algunos acababan con un refrigerio tranquilo en la cafetería (tampoco quedaba otra por la huelga de taxistas que se convocó esos días y que nos dejó con poco margen para movernos del hotel).
En la cancha, máxima rivalidad, partidos igualados, otros más desequilibrados, alguna sorpresa (el anfitrión Unicaja cayó en cuartos contra el CAI Zaragoza), una final con los dos grandes y un desenlace agónico. En lo deportivo, una gozada.
En la grada se repitió eso que hace tan mágico este deporte y tan maravillosa esta competición. Ocho aficiones, cada una de distinto palo. La sonora hinchada local, los siempre vistosos y simpatiquísimos canarios con su “¡Pío, pío!”, los ilusionados maños, los entendidos vitorianos, los taronja valencianos, los culés barceloneses y los blancos madrileños.
Y aquí está lo especial. Buen rollo en las calles, ambientazo fuera y dentro del Martín Carpena, y esas alianzas que a seguidores de otras disciplinas les resultan tan extrañas. Esas que hacen que unos animen a otros rivales en los partidos en los que los suyos no están presentes. Esas que crean curiosas asociaciones entre hinchadas de distintos colores para alentar a un equipo frente a otro. Da igual si la unión viene desde el hermanamiento entre ellos o desde el odio común al adversario (es decir, no veo a la Demencia animando al Real Madrid en semifinales si el Estudiantes cae en cuartos contra los de Laso en la Copa que se nos viene encima).
Llega la Copa, y van ya 83. Vuelve un torneo que sabe más que nunca a clásico, con el regreso de históricos como el Estu o el Juventut. No hay nada igual. Así que relajémonos y disfrutemos del sabor de esta nueva Copa.

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El baloncesto visto desde el punto de vista del aficionado

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