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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Cáncer legal

El artículo 359 del Código Penal condena el delito de elaborar, suministrar y despachar sustancias nocivas para la salud. Dado que el tabaco es una de las más nocivas que se conocen (contiene docenas de cancerígenos que matan a 56.000 españoles cada año), fabricar y expender tabaco debería considerarse una actividad delictiva. Pero, como todos sabemos, no es así, y luego desvelaré la razón de este contrasentido. Sigamos ahora con las maldades del tabaquismo. Lo peor del hábito de fumar no es que destruya la salud de sus adictos, allá ellos, sino la de los llamados fumadores pasivos, entre los que destacan por su mayor indefensión los más pequeños. En muchos hogares, locales y vehículos se expone a los niños al humo ambiental, un carcinógeno de clase A cuya relación con ciertos tumores ha quedado demostrada. Cosa que no se puede afirmar, por ejemplo, de las antenas de telefonía móvil. En algunas ciudades, Logroño entre ellas, existe un rechazo popular a la instalación de emisores de ondas electromagnéticas en los edificios, especialmente en los cercanos a colegios, por su presunta insalubridad. Pero, mientras que no hay evidencia científica de que las antenas produzcan enfermedades (salvo, quizás, la ansiedad inherente a la antenofobia), nadie se moviliza contra la existencia de puntos de venta de una sustancia tan cancerígena como el tabaco. Es más, se han visto vecinos despotricando contra su tótem maligno sin dejar de darle al cigarro mientras sostienen hijos o nietos en brazos. Y no es que repruebe la creencia en la capacidad cancerígena de un poste telefónico. Conozco gente muy respetable que cree en el Juicio Final. Lo que me choca es que no se metan con el bar o el estanco de la esquina. Y ahora descubramos la trampa legal: el artículo mencionado al principio exime del delito contra la salud pública a las personas “debidamente autorizadas”. Acabáramos. El tabaco es una droga y un tóxico, pero conforme a la ley. Así que, amigos antenófobos, antes de proseguir su cruzada indaguen si la instalación que tanto aborrecen está debidamente autorizada, y en ese caso dense por jodidos. Pues ya poco importará si el presunto cáncer que emite su antena es real o ficticio. Será legal y punto.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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