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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Paridad y mediocracia

Uno de los tics más recalcitrantes de la llamada izquierda cuando ejerce el poder público es su afán por intervenir en los asuntos privados, individuales incluso, de los ciudadanos. El actual Gobierno, por boca de esa vicepresidenta regañona con aspecto de espantapájaros que tenemos, continúa la rancia tradición de indicarnos cómo debemos comportarnos en nuestra organización y hasta en nuestra casa como si fuésemos niños o tontos. Y una de las instrucciones que esta sociedad está recibiendo de sus actuales gobernantes es observar el principio de la paridad, entendida como igualdad de sexos en la composición de gobiernos, candidaturas, consejos, equipos, plantillas, etc. De modo que los presuntos erradicadores del machismo están dispuestos a conceder a las mujeres la mitad del pastel, pero ni una pizca más. Es como decir: señoras, les permitimos a ustedes ocupar el mismo número de carteras ministeriales (¿no deberían ser bolsos?) que a los tíos, pero ni una más, ¿entendido? ¿Y por qué no habrían de ocupar las dos terceras partes, o la totalidad, si resultara que en cada ramo la persona mejor preparada fuese una mujer? El actual presidente, varón por supuesto, llevó esa obsesión de la paridad hasta sus últimas consecuencias al formar Gobierno, con el conocido resultado: exceptuando la competente titular de Sanidad, las señoras ministras han contribuído notablemente a consolidar la mediocracia que parece haberse instalado en este país. Fiel también a su tradición de contradicción, este presunto Gobiermo de izquierdas ha roto la paridad sexual más exacta y perfecta que haya conocido la sociedad, el matrimonio, cuyo reparto ha pasado del 50% fijo al 0 o 100%, según parejas. Pues yo, qué quieren que les diga, no estoy de acuerdo con la paridad por decreto, sino con la selección para cada puesto del mejor candidato disponible, sea cual fuere su sexo. Bajo ese empeño en el mitá y mitá subyace quizás la convicción de que entre varón y mujer realmente existe una diferencia que es preciso corregir. Pero sólo hay un género, el humano, aunque la mitad de sus miembros dispongan de ovarios y la otra de testículos, realidad que ni éste ni ningún otro gobierno podrá subvertir. Y hablando de gónadas, a ver quién es el guapo o guapa (la vice no, desde luego) capaz de imponer la paridad en un convento de clarisas o en el próximo cónclave, en una sociedad gastronómica, en un equipo de fútbol o en un prostíbulo. Este debate recuerda al del sexo de los ángeles. Mucho que no tenían pero al pobre Lucifer, el ángel caído, siempre lo pintan con rabo. Será por si las moscas.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 2004.