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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Inaugura, que algo queda

Los hospitales riojanos siempre se han inaugurado mucho. Y no por cualquiera. Ya en 1871 se aprovechó la visita del rey Amadeo I a Espartero para inaugurar el Provincial, futuro Hospital de la Rioja. El 16 de Octubre de 1954 el general Franco inauguró dos de una tacada: el Sanatorio San Pedro (del Patronato Nacional Antituberculoso) y la Residencia Sanitaria del INP, luego INSALUD y ahora SERIS («residencia» era un eufemismo para marcar la diferencia con los antiguos hospitales municipales y de diputaciones, de carácter benéfico). Resultó que la Residencia llevaba dos años funcionando y el Sanatorio aún no estaba acabado, pero siguiendo una tradición vigente el egregio visitante tenía que inaugurar lo que fuera. Así que en la resi Franco pudo ver enfermos de verdad pero en el San Pedro tuvieron que meter obreros recién almorzados en camas improvisadas entre los telones que tapaban las obras, lo que hizo exclamar al dictador ante su séquito: «Hay que ver qué buen color tienen estos tuberculosos». El hospital de Calahorra, pegote añadido a un centro ambulatorio, también se inauguró dos veces, una antes de acabarlo, por el ministro Romay, y otra seis meses después de iniciar su actividad, por el presidente Aznar (que a su paso por Urgencias se encontró con que el único paciente encamado por una mala vuelta era el médico de guardia). Tres años después ya estaba en obras. En cuanto al San Pedro, seguramente el hospital más inaugurado del mundo, en 1991 el viejo se cerró para remodelarlo como Fase 1 del nuevo y después de 2.400 millones fue reinaugurado en 1996 para volver a tirarlo prácticamente (o Fase 2) siete años después con el fin de levantar sobre sus ruinas el edificio requeteinaugurado ayer por SSMM. Parece que la improvisación y falta de previsión en la construcción de nosocomios en esta región es un histórico mal incurable. Pero el récord de reformas lo ostenta la pobre Residencia, concebida en 1948, nacida en el 52, bautizada en el 54 («Antonio Coello Cuadrado») y rebautizada en el 85 («Hospital San Millán»), casada con San Pedro en el 89 y muerta de agotamiento tras sólo once lustros de actividad que parecen once siglos, durante los que fue objeto de siete reformas estructurales e innumerables obras menores para adaptarla a las nuevas necesidades (destacan el añadido del ambulatorio en los 60 y la gran ampliación de 1973, cómo no inaugurada por Licinio de la Fuente, un ministro estrábico que debió de echarle el mal de ojo). La propaganda asegura que tras esta última edificación tendremos San Pedro para un cuarto de siglo. ¿No querrá decir Sanz Pedro? Yo más me creo esto.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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