El autodenominado Ministerio de Igualdad quemó el fin de año pasado una traca de subvenciones por un total de 2,5 millones (ver BOE del 15 de Diciembre). De las 67 asociaciones agraciadas con esta lotería navideña con cargo a los presupuestos, 66 son de mujeres y sólo una de varones: “Hombres por la igualdad de género”, qué se pensaban. Entre las entidades gratificadas están las de mujeres Colaboradores con las presas, Cineastas, Concejalas del 79, Separadas y divorciadas, Empresarias, Ucranianas, Abogadas, Violadas, Madres solteras, Del mundo rural, Progresistas, Directivas y ejecutivas, Prostituidas, Jóvenes, Gitanas, Juristas o De la Música. Y entre los programas vestidos con tela pública, los de “promoción de la visibilidad de las mujeres lesbianas” (28000), “sensibilización, integración y empoderamiento (textual) de mujeres saharauis en España” (18000), “acceso de mujeres y familias inmigradas (tal cual) a servicios de salud (!)” (22000), “talleres de educación afectiva-sexual” para sindicatos de la enseñanza intersindical (se lo juro: 15000), e “impulso del asociacionismo, igualdad y formación (?) de viudas” (100000). Por otro lado, para que en este país toda diosa posea un título académico, el Ministerio de presunta Educación convalidará a las amas de casa “que hayan trabajado organizando la vida doméstica, aprovisionando la casa o cocinando o cuidado a personas dependientes o a sus hijos” los módulos de asignaturas correspondientes de la Formación Profesional, previa evaluación de los méritos alegados. Así que dispónganse las aspirantes a demostrar ante un tribunal sus habilidades preparando unas pochas (3 créditos), cambiando el pañal al bebé (1) o a su bisabuela (2), planchando las calzorras del maula (4) o recogiendo la leonera de los niños (5). Me parece estupendo, pero dado que los títulos sirven para acceder a trabajos, me pregunto quién querrá aspirar a uno tan ingrato y sacrificado si para su desdicha ya lo tiene, en propiedad y con carácter vitalicio. ¿Y los amos de casa, qué? Como con la crisis nunca se sabe, estoy por pedir que me convaliden materias de Electromecánica de Vehículos (una vez le cambié la correa del ventilador al R-5), Explotación de Sistemas Informáticos (otra me explotó un monitor en las narices), Elaboración de Productos Lácteos (de estudiante hacíamos flan chino con los únicos polvos que se podían echar en aquel piso), Planes de Obra (obro de reloj), Alojamiento (cuando no es la suegra son los amigos), Sistemas de Regulación y Control Automáticos (sé darle al termostato), Buceo de Media Profundidad (practiqué esnórquel en las vacaciones) o Restauración y Carpintería (chupado para un traumatólogo). Para acabar mi denuncia de la discriminación varonil por el lobby feminista, quisiera saber por qué las mejores plazas del aparcamiento del Espolón pueden utilizarlas embarazadas y no tripudos cerveceros de barrigón gemelar a término, con iguales o mayores dificultades de movilidad y accesibilidad que además no desaparecen al cabo de unos meses. ¿Eh?