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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Veneno D.O. Rioja

Se comprende que inmersos en una crisis económica tan grave como la que padecemos los países desarrollados (en los otros siempre fue así) cual moderna epidemia de peste que destruye empleos, cercena hipotecas, fuerza migraciones y diezma economías familiares, el crecimiento de una empresa se celebre en la región agraciada como una excelente noticia aunque fabrique veneno a gran escala, como Altadis, y aunque el crecimiento se produzca a base de supervivientes de escabechinas perpetradas por la plaga en forma de EREs tanto en la propia factoría riojana como en otras de la misma empresa. Los lectores saben que en esta columna se procura llamar a las cosas por su nombre, y dado que “veneno” es cualquier “sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte” y “cosa nociva a la salud” (DRAE), estarán conmigo en que el tabaco sin duda lo es. Y puesto que el Código Penal considera delito “elaborar, suministrar y despachar sustancias nocivas para la salud” (Art. 359), resulta que las fábricas de tabaco, señoras y señores, son auténticos instrumentos de un crimen organizado que opera contra la salud pública en absoluta impunidad y para mayor beneficio (56%) de ese hampón insaciable que es el Estado. En estos tiempos de guerra sin cuartel al narcotráfico por tierra, mar y aire, resulta inexplicable que el de la droga responsable de una adicción como el tabaquismo, causante de graves enfermedades y de miles de muertes cada día incluso en no fumadores expuestos a su humo, escape al alcance de las leyes que protegen y garantizan el derecho a la salud de los españoles. En este sentido resulta absurdo que, mientras los poderes públicos destinan ingentes recursos para la prevención y el tratamiento de multitud de enfermedades, incluso raras, permitan la libre fabricación, distribución y consumo de la sustancia nociva que más enfermedades y muertes evitables ocasiona. Adoptar tímidas medidas como la Ley Antitabaco, que este país se ha pasado por el arco del triunfo, resulta insuficiente. Si de verdad se quiere luchar contra esta plaga es preciso eliminar su causa, perfectamente conocida. Encontrar nuevas vacunas o remedios contra grandes males como el cáncer o la enfermedad cardiovascular necesita décadas de investigación. Acabar con el tabaco, en cambio, puede ser cuestión de semanas. Bastaría con que el Gran Truhán aplicara la misma Ley con que persigue el “envenenamiento o adulteración, de un modo peligroso para la salud, aguas potables o sustancias alimenticias o medicinales, destinadas al uso público o al consumo de una colectividad de personas” a la intoxicación del aire que tenemos que inspirar unas 16 veces por minuto para seguir viviendo. Con el refuerzo de la antigua Tabacalera en El Sequero, La Rioja es ya un referente internacional en dos elementos de la racial tríada carpetovetónica de hábitos considerados ahora no saludables: la copa y el puro. Ya sólo nos falta el café. ¡Qué chorra I+Da!

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 2004.


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