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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Salir de casa

Creo que fue Chesterton quien aseguró que lo peor de su vida le había sucedido por salir de casa. Hace poco, un amigo mío se cruzó en el centro con un tipo que paseaba a un perrazo suelto y, cuando le pidió de buenas maneras que lo llevara sujeto, como dispone la ordenanza municipal, el animal de dos patas acabó llamándolo cabrón y mandándolo a la mierda. En verdad, si en lugar de dar un paseo se hubiera quedado viendo la tele, mi amigo se habría ahorrado el desagradable incidente. Semanas atrás, otro logroñés que paseaba a su nieto se tropezó con un tipo que hacía lo mismo con una pitbull preñada. Tanto el niño como la perra iban sueltos pero la ley sólo obliga a llevar atado y con bozal al chucho, así que el abuelo le pidió al otro que hiciera favor. Seguramente sabría que semanas antes sendos pitbull habían matado a dentelladas a un niño de tres años en Tenerife y a otro de dos en Galicia. El dueño de la perra, un joven reincidente al parecer en pasearla suelta, se negó y el hombre, en vez de denunciarlo otra vez, para qué, pensaría, optó por tomarse la justicia por su mano. Subió a casa, cogió su escopeta de caza, disparó contra el animal y muerto el perro se acabó el peligro. Está claro que si ambos paseadores hubiesen preferido no salir aquella mañana de sábado, habrían evitado la fatal coincidencia. El inocente bicho continuaría vivo, su amo seguiría vulnerando impunemente una norma de convivencia ciudadana a la que, dada la raza de su mascota, es particularmente sensible la ciudadanía, y el yayo justiciero no se enfrentaría a las consecuencias de su reprobable acción: una multa y un juicio en el que se ha personado como acusación particular la Asociación Protectora de Animales de La Rioja, con el apoyo jurídico de la Ley de Protección Animal de La Rioja, que considera a las agresiones a animales graves infracciones castigadas con hasta 15000 euros de multa. Como ciudadano respetuoso con las normas, acato la que prohíbe disparar contra un perro peligroso aunque su dueño incumpla la de llevarlo atado y sostengo que la actitud civilizada es denunciarlo, aunque se sospeche que servirá de poco. Pero, como paseador de nietito, si se me pusiera delante un perro potencialmente asesino de niños suelto, el dueño me mandara a donde mandaron a mi amigo si se lo recriminara y tuviese a mano un trabuco, no sé si resistiría la tentación de dejarlo seco allí mismo. Al perro, claro. Mientras no exista una Asociación Protectora de Nietos de La Rioja, apoyada en una Ley de Protección Infantil Ante Perros Peligrosos, los abuelos lo tenemos crudo. Porque tanto el niño como el perro, quieras que no, te obligan a salir de casa.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 2004.


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