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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Otros tiempos

Imagino lo dura que debe de ser una existencia atormentada por la obsesión de cambiar nombres de calles hasta el extremo de encaramarse por las fachadas (¿lo pillan?) a cambiar rótulos por su cuenta y riesgo. Riesgo es un decir cuando la policía municipal te sopla 200 euros in fraganti por estacionar mal un ratito pero ni un céntimo a fecha de hoy por sustituir el rótulo de una vía pública con alevosía y diurnidad. La autoridad es implacable con el débil ciudadano anónimo que cometa una infracción callejera pero se arruga ante el grupo de presión. Permítanme que insista: José Calvo Sotelo fue un diputado de derechas asesinado por sus ideas políticas por pistoleros de izquierdas antes de la sublevación militar de 1936. A mí me da igual que le quiten la calle, pero (1) legalmente, (2) previa consulta democrática a sus vecinos, (3) sin invocar una ley que no puede ampararlo y (4) hombre, no para dársela a quien ya se le ha dedicado otra en la misma ciudad (el general Zurbano, que ganó otra guerra civil un siglo antes que Franco, tiene calle en su barrio de Varea natal).

Si lo que persigue la Ley de Memoria Histérica es no dejar ni rastro del paso del régimen franquista por la historia de España lo tiene crudo porque (esperen que me ajusto la chichonera) también acertó haciendo cosas tan buenas como ese pilar básico de nuestro envidiado Bienestar que es la Seguridad Social. He escuchado muchas veces a dirigentes izquierdistas, ignorantes o mentirosos descarados, arrogarse la instauración en España de una Sanidad pública universal y gratuita que surgió en 1942 con la creación del SOE, sin P («Seguro Obligatorio de Enfermedad», para siempre «el seguro») por importación del sistema bismarckiano en plena germanofilia del régimen franquista. La asistencia sanitaria, encomendada a la Obra Sindical 18 de Julio, creció en infraestructura, prestaciones y cobertura hasta la creación de una red de ambulatorios y hospitales modélica en Europa que ya cubría al 80% de la población cuando el PSOE de los buenos tiempos ganó en 1982 con diez millones de votos –casi el doble que el 25-D-, el mío entre ellos.

Los pueblos son hijos de su Historia y pretender eliminar de su memoria los capítulos que disgustan es un empeño tan pueril como borrar del árbol genealógico a un antepasado indeseable. Asumamos de una vez nuestro pasado y trabajemos por un futuro mejor. Además, al fin y al cabo, Calvo Sotelo no fusiló a mansalva ni bombardeó a civiles como Zurbano y su jefe Espartero, de quienes los riojanos con la memoria justita nos sentimos tan orgullosos. ¿Qué aquellos eran otros tiempos? Los del franquismo también.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 2004.


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