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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Coñazo hasta la aurora

Si me hubiesen buscado el pasado sábado 28 de mayo a las seis y media de la mañana pudieron encontrarme haciendo cualquier cosa en cualquier sitio menos participar en un rezo colectivo del rosario por el centro de Logroño. No sólo por no ser católico practicante en general ni devoto de la Virgen en particular. Es que en recua no voy ni a patear las montañas que tanto me gustan. Así que de un misántropo laicista no puede esperarse demasiada simpatía por manifestaciones callejeras como el Rosario de la Aurora. Y como defensor a ultranza del respeto a los demás y especialmente de su derecho al descanso y al silencio, desapruebo que propaguen la rogativa con megafonía, como si fuera el medio físico necesario para elevar la plegaria hasta una destinataria que se encuentra en los cielos. A ver, no solo respeto profunda y sinceramente la fe religiosa sino que en el fondo la envidio porque hará mucho más soportable el tránsito por esta mierda de mundo camino del venidero. Pero entiendo que la oración debe ser un acto de íntimo recogimiento individual, y si se quiere realizar en grupo para eso están los templos, no las calles y menos a altavoz en grito mientras los vecinos disfrutan de su descanso sabatino. Así que me parece bien privar de coche murga al Rosario de la Aurora y yo iría más lejos prohibiendo los rezos callejeros incluso silenciosos, pero no se confundan, también las procesiones civiles, algaradas reivindicativas, juergas privadas y marejadas ciudadanas de cualquier signo que ocasionen la menor molestia a los ciudadanos, tanto si están circulando por la vía pública como metiditos en sus casas.

Dicho esto, contrasta la sensibilidad cívica de silenciar un acto anual limitado en tiempo y espacio con la tolerancia e incluso la complicidad institucional en multitud de actividades públicas o particulares más ruidosas, numerosas, frecuentes, duraderas e intempestivas que todos los años por estas fechas contaminan la atmósfera riojana como una plaga bíblica devastadora de un derecho fundamental al sosiego no reconocido por la Constitución. El paradigma de esta agresión nocturna masiva son esos horrísonos conciertos festeros cuyos ecos pueden escucharse allende el término municipal hasta la mismísima aurora, condenando a miles de personas a no dormir o a irse del pueblo huyendo de un coñazo insoportable y encima financiado con sus impuestos. A los organizadores de escandaleras nocturnas y a los participantes que se acuestan rayando el alba les amenizaba yo la vigilia montándoles bajo el balcón un rosario pero de dieciséis misterios y a toda pastilla, en desagravio de sus infernales megáfonos verbeneros.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 2004.


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