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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Irresponsabilidades

De acuerdo en que es mejor prevenir que curar, pero cuando se declara un mal la prioridad será socorrerlo donde esté y no quedarse en el sitio de retén por si sucede algo improbable, ¿no? Pues aquí se ha denunciado que bomberos desplegados ante la llegada del neciamente criticado helicóptero real a Las Gaunas tuvieran que abandonar el estadio para sofocar un incendio. No me extraña que estén hasta donde dicen, a quién se le ocurre mandarlos a apagar un fuego mientras aterrizan los Reyes Magos. Ítem más, un sindicato de funcionarios ha denunciado que ante el «caótico colapso» de Urgencias por la epidemia de gripe tenga que reforzarse esta área asistencial con personal de otras menos presionadas.

Una gestión correcta de los recursos incluye que no se deban dimensionar permanentemente paran afrontar infrecuentes picos máximos de demanda. Ningún hospital puede dotar Urgencias como si todos los días hubiese pandemia de gripe, ningún cuerpo de policía o de Protección Civil puede disponer todo el año de efectivos capaces de acudir —muchas veces con exageración de medios— a varias situaciones extraordinarias simultáneas y ninguna autovía puede disponer siempre de los quitanieves necesarios para resolver la gran nevada que cae cada cinco años, máxime si coches cruzados por no llevar cadenas o colapsando todos los carriles les cortan el paso.

El caso es que hemos creado una sociedad de trémulos solidarios con causas remotas pero incapaces de echarle una mano al compañero y de quejicas blanditos que culpamos a quien sea de nuestros infortunios sin asomo de autocrítica ni asunción de nuestra parte de responsabilidad. A una mamá atrapada en la ratonera de la AP-6 le indignaba que «allí» (dónde, ¿en el arcén?) no hubiese «ni mantas, ni agua, ni calefacción, ni biberones, ni pañales, ni nada». Y en muchos casos, señora, ni gasolina en el depósito, ni cadenas en el maletero, ni una pizca de sensatez en la mollera ante la recomendación de no coger el coche salvo extrema necesidad. Un buen temporal de nieve es un bofetón de la madre Naturaleza a esta sociedad infantilizada que ha perdido el respeto al invierno y cree que sus flamantes todoterrenos poseen superpoderes que los hacen imparables… hasta que se varan en la nieve y se los tienen que sacar a mano cientos de esos militares tan neciamente denostados por algunos que en plenos Reyes seguramente preferirían estar en casita con su familia.

Que tantos exigentes de responsabilidades a las autoridades por considerarlas culpables de los efectos de una nevada se expongan voluntariamente una y otra vez a las consecuencias de su, según ellos, manifiesta incompetencia para atajarlos, ¿no es una irresponsabilidad más evidente por su parte?

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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