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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Pintas

Uno de los aspectos más fascinantes de nuestra lengua es la polisemia o variedad de significados de una misma palabra. No es una señal de penuria léxica (nuestro idioma comprende 100.000 palabras) sino lo contrario, de riqueza de matices. Hoy les propongo jugar con la palabra «pinta», cuya primera definición es «mancha de color diferente en animales, flores y minerales». Pero pinta también define al naipe que designa el palo de triunfos («pintan bastos»), al tipo sinvergüenza o caradura («es un pinta») y a una medida de capacidad de líquidos (una pinta de cerveza son 560 cc, que no le engañen). Pero su acepción más usual es la de aspecto o apariencia exterior que ofrece un asunto (con buena o mala pinta), un objeto y, sobre todo, una persona.

No voy a referirme al uso de esta palabra como calificación final («qué mala pinta tiene Fulano» o «dónde vas con esas pintas») sino como instrumento de comparación, y lo explicaré aplicándolo a los personajes más conocidos de nuestro panorama político nacional, obviamente desde una óptica subjetiva.

Empecemos por el gobierno de la nación de naciones. Rajoy, por ejemplo, tiene pinta de prior de monasterio muy visitado. Su vice Soraya, de jueza hueso. La Cospedal, de propietaria de boutique de moda. Montoro, fácil: de ministro de Hacienda. De la Serna, de niño pijo de Getxo, Zoido de criador de toro de lidia, Báñez de directora de colegio concertado y De Guindos de pastor de ovejas (y cabras).

Con respecto a los famosos amigos catalanes, para mí que Puigdemont tiene pinta de proveedor de pompas fúnebres; Junqueras, claramente de pescatero o carnicero con puesto en la plaza; Rovira, de funcionaria implacable. Forcadell, de ama de casa. Iceta, de recepcionista de hotel, Gabriel de batasunera abertzaleta (o sea de lo mismo), Arrimadas de empleada bancaria, Rufián de lo que es: un pinta y Torrent, el nuevo, para de guardia civil de paisano.

En cuanto al resto de la fauna, nuestras alcaldesas estrella tienen pinta la una de jubilada buscando marcha en Benidorm y la otra de exclaustrada por liarse con la de matemáticas. Rivera tiene pinta de misionero mormón, Sánchez de galán de telenovela malo (no como personaje: como actor), Susana de cajera de hiper, Borrell de exjesuita sibilino, Patxi de herritabernero y la Robles de prota de «Aquí no hay quien viva». Con la caterva unipotente lo tengo claro: Iglesias tiene toda la pinta de perroflauta, Errejón de programador de videojuegos friki, Echenique de cartujo lego (no de Lego) y Garzón de mecánico de algo.

Dicho sea en ejercicio de mi sacrosanta libertad de expresión y con perdón de los amigos y amigas mecánicos, cajeras, pastores, recepcionistas, perroflautas, jubiletas en Benidorm, funerarios y demás familia. Ya saben que escribiendo columnas a veces uno es un poco cabrón. Con pintas.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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