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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Donde hay confianza da fiasco

Hace días recibí una carta del banco celebrando la confianza que según ellos debía presidir nuestra relación. Y es que, según los entendidos, la palabra clave para explicar cómo funciona el sistema financiero es esa, confianza. Una confianza que por fuerza ha de ser recíproca para evitar el colapso del tinglado económico-monetario-bancario.

Por un lado, quienes creemos tener dinero en el banco a la vista o en depósitos, fondos de inversión o planes de pensiones, debemos confiar en que así sea. Pero, más que confianza, hace falta mucha credulidad para dormir tranquilos convencidos de que el dinero que nos ingresan en la cuenta por nómina, pensión o lo que sea va a parar a una bolsa con nuestro nombre, donde está más seguro que debajo del colchón, y que podremos retirarlo cuando queramos. Porque los bancos sólo están obligados a mantener un depósito de dinero de verdad (billetes y monedas) de, pongamos un 2%. El resto lo invierten o lo prestan, lo que significa dos cosas. Primera, que los números que reflejan nuestros ingresos, gastos y saldo resultante solo son anotaciones contables. Si yo te hago una transferencia de 100 euros al momento mi saldo se reduce y el tuyo aumenta en esa cantidad, pero no ha existido un traslado real de dinero. Segunda, y peor, que si todos los clientes quisiéramos retirar a la vez nuestro teórico dinero, en el mejor de los casos no nos lo darían y en el peor quebraría y nos quedaríamos sin nada.

Por el otro lado, más que confianza, los bancos tienen la absoluta certeza de que esa retirada masiva simultánea de dinero nunca se producirá, y por eso siguen prestando a muchos años el dinero que les confiamos, incluso a gente que no podrá devolverlo, con las catastróficas consecuencias conocidas para la economía mundial menos para la suya, porque antes que permitir la muerte bancaria les inyectarán por vena la pasta de todos que haga falta.

Entonces, si la existencia real del dinero de tocar es una filfa; si, por ejemplo, yo no tengo un saldo de pongamos 12.564,87 euros reales en una cuenta corriente sino sólo esa cifra escrita en un papel o reflejada en la pantalla del ordenador, ¿qué problema habría en añadir por decreto un cerito a todas las cifras de todo el mundo al mismo tiempo? Así todos tendríamos de repente diez veces más pseudodinero, que comenzaríamos a gastar con alegría reactivando a tope una economía basada en el hiperconsumo. Total, en los bancos habría la misma cantidad de dinero verdadero que antes del subidón, ninguna. Sólo haría falta que todos multiplicáramos por diez nuestro nivel de estúpida confianza.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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