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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Nadie es perfecto

Salir del terruño para visitar otros países puede ser instructivo, sobre todo si sus habitantes son más cívicos que los del tuyo. Como California, que fue española hasta la independencia de México en 1821 y en 1850 fue anexionada por Estados Unidos. Su capital es Sacramento y cientos de topónimos, entre ellos las principales ciudades (Los Ángeles, San Francisco, San José, San Diego) conservan su nombre sin reivindicación alguna de cambiarlos. Por doquier hay letreros en inglés y español sin lo segundo tachado, porque la función básica del idioma es facilitar la comunicación y no lo contrario. Una lección para la excluyente, cerril y pueblerina política lingüística de esas regiones que, a diferencia de Texas, Nuevo México o Arizona, también bilingües no por ley sino por sensatez, todavía son España.

Aquí todos viven en casas independientes con sus cocheras y sorprende no ver jamás un vehículo aparcado delante de ellas sin necesidad del sacaperras municipal del vado. Al ser de sentido común que los vehículos puedan salir y entrar en sus garajes, a nadie se le ocurre obstaculizarlos. También asombra que si no estás en casa te dejen un paquete en la puerta con la seguridad de que nadie se lo llevará. Y si estás puedes dejarla abierta por fuera sabiendo que no entrará ningún delincuente, entre otras cosas porque si le disparas la ley se pone de tu lado (por eso hay tantas armas y tanta gente que se sentiría desprotegida si las prohibieran). Ninguna casa se protege con tapia, alarma o ventanas enrejadas.

Pero hay dos cosas que especialmente envidiables en esta tierra donde todo el mundo te sonríe cuando te cruzas con ellos. Una, que los restaurantes ofrezcan agua fría ilimitada gratis. La otra es algo que solo un aborigen riojano puede apreciar en todo su valor: el exquisito respeto de los automovilistas hacia el peatón. No tienes que encomendarte a tu santo o virgen preferidos cuando te echas a la calle porque sabes que regresarás a casa sano y salvo, sin necesidad de llamativos pasos de cebra superseñalizados: basta con una raya blanca de la que nadie se pasa. Porque, lejos de salir a la caza del viandante, los coches circulan muy despacio y cuando te ven a dos metros del paso frenan hasta casi detenerse a cinco o seis y no prosiguen hasta que lo cruzas del todo.

A menudo se piensa que este es un país de bárbaros pero hay menos víctimas tiroteadas por zumbados que atropelladas por conductores agresivos en el nuestro. La violencia tiene muchas caras y la conducción temeraria es una de ellas, por mucho que sigamos calificando al intento de homicidio al volante de «accidente». Por supuesto, ellos también tienen cosas que aprender de nosotros. A comer bien, por ejemplo. Y, desde luego, a mejorar pero que mucho la relación calidad-precio de sus vinos. Nobody’s perfect.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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