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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

El débil nunca gana

Hace no mucho leí en este periódico un artículo que me reconfortó porque su autor, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, defendía con valentía dos derechos fundamentales en una sociedad que presume de libre y democrática pero que en la nuestra están claramente amenazados: el de concebir cualquier idea y el de poder expresarla. Decía el articulista que una persona tiene todo el derecho no solo a proclamarse socialista, liberal o de derechas sino incluso comunista, franquista o ultra, derechista o izquierdista, sin que los intolerantes de enfrente quieran machacarlo. Estoy de acuerdo, pero hasta los países más democráticos establecen límites legales al derecho a decir lo que te salga.

En Alemania, por ejemplo, negar públicamente el Holocausto es un delito que te puede llevar a la cárcel. Bien. Ahora imaginen que un partido ultraderechista alcanza el poder en uno de sus länder (Estado federado), pongamos Baviera, y que su presidente, un iluminado, niega públicamente el genocidio nazi en el parlamento bávaro. Automáticamente ordenan su detención pero el tipo se mete en un maletero y aparece en la Costa del Sol. El juez alemán solicita su extradición pero como negar la shoah no es delito en España, se lo rechazan. Podemos imaginar la que nos caería encima, pero no que los correligionarios del prófugo se colgaran un lacito color weissbier de la solapa para dejar bien claro que son sus cómplices, y menos aún que Merkel los recibiera en su despacho, ellos con el lacito puesto y ella con su mejor sonrisa para los fotógrafos, demostrando su voluntad de diálogo con delincuentes políticos.

Pero en esta España nuestra huérfana de estadistas de primera y pródiga en politicastros papanatas, buenistas y más flojos que el viento que sopla en la luna, todo es posible. Es posible que partidos que han intentado un golpe de Estado valiéndose de sus propias instituciones no sólo no sean ilegalizados (como el neonazi en Alemania) sino que puedan volver a presentarse y hasta gobernar, aunque hayan perdido las elecciones. Es posible que estos sediciosos que no representan ni a la mitad de los ciudadanos catalanes alardeen de su golpismo exhibiendo el lacito e imponiéndolo en todos los rincones del Principado, como si fuera su finca particular. Y es posible que el presidente de gobierno de España y hasta el mismísimo rey reciban a ese títere bobotorra que odia y denigra cuanto puede a España con su lacito amarillo, que significa me too golpista, venido arriba porque en Alemania no es delito proclamar unilateralmente la República de Baviera (ya que no entra en ninguna cabeza que eso suceda).

Dicen que el criminal nunca gana pero, además de estupidez institucional, la hipercorrección política genera debilidad, y en un pulso el débil siempre lleva las de perder, aunque el criminal sea el otro.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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