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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Carta al Demiurgo*

Grandísimo chapucero:

Aun esforzándome en comprender la dificultad que entrañaría crear y organizar un Universo cuyos límites los terrícolas no alcanzamos ni a vislumbrar, me resulta del todo injustificable el poco esmero que pusiste creando el único astro habitado por seres vivos y presuntamente racionales, mientras no encuentren otro.

Para empezar, lo suspendiste en el sistema solar torcido, con un eje de rotación inclinado más de 23º. No quieras saber la que te puede caer en este planeta si dejas con la cuarta parte de ese error una viga, una curva de ferrocarril o un hueso roto. Pero a ti qué demonios te importaba, ¿verdad?, que por culpa de esa inclinación no haya dos días con la misma insolación y cada año se sucedan cuatro estaciones que nos obligan a reorganizar el armario y a hacinarnos durante dos meses en playas y piscinas. ¿Tanto te había costado dejar la Tierra bien derechita, con una temperatura constante en todas partes y allá cada cuál en la suya? Y, ya que no fuiste capaz de apagar ese inmenso horno incandescente que bulle en el interior del planeta antes de permitir la vida en la superficie, podías haberte molestado en asentar como Dios manda la corteza terrestre y sellar bien sus grietas, y no que millones de años después sigamos soportando día tras días seísmos, maremotos y erupciones volcánicas. ¿No te da vergüenza, plurigenocida impune?

Con respecto a los seres vivos, tu incapacidad fue mayúscula. Si desde Darwin sabemos que por una selección natural sobreviven los mejores individuos de cada especie, y estamos tan mal hechos ¿cómo serían los peores? ¿Cómo permites que cada día desaparezcan maravillosos animales y vegetales mientras sobreviven moscas, ratas, cucarachas y ortigas? Mira, podría llenar la columna con ejemplos de defectos de fabricación del ser humano, pero solo destacaré algunos tan frecuentes como la pésima calidad del cristalino, la próstata o el disco lumbosacro, sin entrar en escándalos como la enfermedad cardiovascular, la artrosis o el cáncer. Pero vamos adonde quería yo llegar. Sin meternos en patologías, ¿cuántos millones de años habrán de transcurrir antes de librarnos los humanos de errores de diseño corporal tan burdos como obligarnos a llevar las glándulas mamarias o los testículos colgando? ¿Tan difícil era hacerles un hueco a las primeras dentro del tórax, o lograr que los espermatozoides soporten la temperatura corporal sin tener que mantenerlos en esa incómoda fresquera? ¿Tienes idea, cacho cabrón, de lo que duele un balonazo en los huevos como el que me propinó ayer mi nieto? Anda y que se te socarren los tuyos eternamente en ese infierno que nos dejaste bajo los pies. Pedazo de incompetente. So manazas. Casco inepto.

(* En la filosofía gnóstica y las religiones dualistas, el Demiurgo («hacedor») es el principio organizador de la materia visible por delegación del Dios celestial creador del espíritu invisible.)

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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