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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Tiempo de nueces

Los de mi generación que viajaran a Bilbao por la carretera nacional recordarán que nada más bajar Barazar bordeaba un pueblito llamado Villaro. Pero si van hoy ya no verán el letrero que lo anuncia. No es que el pueblo haya desaparecido, claro. Sigue allí, pero ahora lo llaman Areatza.

En 1338 Juan Núñez III de Lara, alférez de Alfonso XI de Castilla y Señor de Vizcaya consorte por su matrimonio con María Díaz de Haro, fundó en un terreno arenoso una aldea que bautizó «Villa de Haro» en homenaje a la Casa de su mujer. Con el tiempo el nombre se contrajo en Villaro y así se conoció a la localidad durante seis siglos y medio.

Al obtener su autonomía, las Provincias Vascongadas (nominadas «Euskadi» por el fundador del PNV e inventor de la ikurriña, el xenófobo racista Sabino Arana hoy homenajeado en todos los callejeros de la región) el gobierno peneuvista, valiéndose de la Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca) inició un proceso de «normalización» del vascuence que en relación con los topónimos (nombres propios de lugares) fue una operación de limpieza lingüística a gran escala. La lengua como hecho diferencial es una piedra de toque fundamental de la ideología nacionalista en las regiones bilingües, así que urgía borrar literalmente del mapa cualquier nombre castellano, pero no devolviéndole el inexistente vasco anterior a la opresión castellana sino sustituyéndolo por uno inventado.

En el caso de Villaro, en 1980 pasó a llamarse primero Arenaza por el yermo donde se asentó, pero «arena» apestaba a español y se quedó en Areatza. La plaga normalizadora llegó hasta la riojana orilla izquierda del Ebro o Arabako Errioxa (otro palabro inventado): Biasteri (Laguardia), Eskuernaga (Villanueva de Álava), Zieko (Elciego), Bilar (Elvillar), Mañueta (Baños de Ebro), Kripan, Bastida, Iekora, Nabaridas, Oion, Lantziego…

En las últimas elecciones municipales de Areatza el 48% de los votos fueron para los que, según el jesuítico Xavier Arzalluz, sacudían los árboles para que cayeran las nueces (Bildu); el 45% para quienes las recogían (PNV) y el 2,83 y 1,89% para los que tuvieron que irse, esconderse o llevar escolta (PP y PSOE) porque los pistoleros de los sacudidores les metían un tiro en la cabeza con la bendición apostólica de los recolectores de los frutos del terror.

A pesar de ello, este PSOE made in Sánchezprefiere el apoyo de esa canalla al de los partidos defensores del orden constitucional como Ciudadanos, Partido Popular y hasta Vox si hiciera falta. ¿Tan ávidos de poder están que no les importa que los utilicen para seguir recogiendo nueces de un modo más cómodo, limpio y productivo? ¿Y tan enrabietados los que los arrojan en sus brazos con sus vetos partidistas?

Espero no ver cómo entre todos acaban llamando a mi pueblo Itsasargi (Faro), o cosas peores.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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