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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

El cuerpo electoral

Técnicamente se conoce como «cuerpo electoral» el conjunto de ciudadanos de un país con derecho al sufragio directo activo, es decir, a votar a los candidatos a cargos públicos que se presenten a unas elecciones democráticas. El año pasado el Congreso modificó la ley para integrar en ese cuerpo a cien mil personas con discapacidad intelectual, enfermedad mental o deterioro cognitivo (se entiende que reconocidas oficialmente como tales, porque muchos más que encajarían sin saberlo en alguna categoría diagnóstica del DSM* ya votaban antes sin problema) con lo que el sufragio en España es prácticamente universal para los mayores de dieciocho.

Pero, a tres días vista de otros comicios, no quiero referirme al concepto jurídico y por tanto aburrido del cuerpo electoral, sino a la entraña con la que los electores ejercerán su derecho al sufragio el domingo: los sesos, el corazón o las tripas, dependiendo del partido al que entreguen su voto.

En el cerebro humano reside la capacidad de pensar, razonar, distinguir entre el bien y el mal, tomar decisiones acertadas y esas cosas. En una palabra, de la inteligencia. Con menos sentido desde un punto de vista fisiológico, se considera al músculo que nos bombea la sangre por el cuerpo como la sede los buenos sentimientos. Y el mondongo, en fin, es la fuente del comportamiento dominado por fuertes emociones irracionales, es decir, de la visceralidad.

Fijémonos, por ejemplo, en la carga fiscal, o sea, en los impuestos que pagamos. Si usted cree que lo razonable es pagar menos y gestionar mejor el dinero público, tiene que votar a los hermanos separados del centro-derecha (PP y Cs), porque las autonomías gobernadas por la izquierda son y serán las más impositivas. Pero si le parece bien que le metan aún más la mano en el bolsillo para derrochar su dinero que no es de nadie hasta arruinar el país porque es muy social, solidario, igualitario y demás nobles propósitos ventriculares, sus partidos son el PSOE y no digamos Unidas Podemos aunque su lideresa sea un macho alfa que vive a cuerpo de rey. Si lo que más le solivianta a su yeyuno de usted es la segunda reconquista de una católica España unida frente a la desintegración territorial, la degeneración moral y la morisma, vote a Vox aunque eso sea hacer de tripas corazón porque seguramente beneficiará a los de la mano en su bolsillo. Y si le pone el riesgo y quiere jugarse el voto a la ruleta, entonces elija al PR+. Ahora bien, si cree que todos los políticos son iguales y está de ellos y sus campañas hasta las partes del cuerpo encargadas de la reproducción, quédese en casa el domingo. Con un par.

* Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders.

 

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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