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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

De fobias, odios y gustos

En plena era de la imagen el lenguaje sigue siendo un instrumento básico de propaganda y adoctrinamiento. Bajo la piel de cordero de la democracia, el lobo del neototalitarismo ha instaurado un régimen de «corrección» sociopolítica donde la perversión de las palabras resulta fundamental para implantar ideas perversas. Una de aquellas, usada como sufijo, es «fobia».

En sentido estricto, la fobia es un trastorno psiquiátrico de temor angustioso e incontrolable ante actos, ideas, objetos o situaciones que provocan un cuadro de ansiedad cuyos síntomas son palpitaciones, temblor, sudoración, falta de aire y deseo de huir del estímulo causante. Miedo, vaya. La segunda acepción de fobia, menos clínica, es «aversión exagerada a alguien o algo». Hay cientos de fobias, algunas tan extravagantes como la hexakosioihexekontahexafobia (al número 666), otras curiosas (coulrofobia, a los payasos), rarísimas (crematofobia, al dinero), visionarias (gametofobia, al matrimonio) o tan saludables como la agirofobia (a cruzar la calle) si se vive en Logroño. Pero en España las peores que te pueden diagnosticar son dos: la homofobia y la xenofobia.

En realidad no son auténticas fobias sino sambenitos que te pueden colgar por contar un chiste de maricas o de chinos que pueden ser de mal gusto pero no constitutivos de odio, el único sentimiento, por negativo que sea, penalizado como delito. Si a usted le repugna alguien o algo tan bueno como el Santo Padre o el queso podrán tildarlo de papófobo o turófobo, o de pogonófobo si le disgustan las barbas, pero nadie le llevará a la fiscalía por odiar a Francisco, al quesero del súper o a su vecino barbudo, es decir, de inspirarles rechazo o repugnancia hasta el puntode desearles el mal, pequeño matiz que diferencia la simple antipatía del odio.

La doctrina de la corrección pretende imponer no ya la aceptación sino la adhesión incondicional a colectivos minoritarios como los homosexuales y los inmigrantes con un planteamiento maniqueo: si no los amas es que los odias. Sin embargo, que asistido por razones éticas, estéticas o intelectuales,no te gustever por espacios públicos a señoras forradas de negro salvo la mirilla o a tipos medio en cueros alardeando de su orientación sexual montados en una carroza no significa que te gustaría que los partiera un rayo.

A mí, por ejemplo, me repelen el fútbol, la lidia y los que juegan con palas en la playa pero no les deseo a ninguno ni siquiera un esguince de tobillo grado I. Sencillamente, no me gustan, y sobre gustos nunca hubo nada escrito… hasta ahora. Hoy hasta quedas bien si declaras que te repugna la bandera de España, aborreces a los yanquis, detestas a los reyes o rechazas la enseñanza concertada. Pero como digas lo mismo del pendón arcoiris, los gitanos, las reinonas o la asignatura de Islam, apriétate los machos. Con perdón.

 

 

 

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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