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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Ojo con las ganas

En la prestación de cualquier bien o servicio, sea la barra de pan, renovar el pasaporte o una operación de cadera, si la demanda supera a la oferta se originan colas, citas diferidas y listas de espera. Nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS) es de los mejores del mundo, pero de sus propias fortalezas («gratuidad» y universalidad) deriva su mayor debilidad: retrasos inaceptables en acceder a una consulta, una prueba o una operación.

Sería deseable que el SNS (disgregado en diecisiete autonómicos) pudiese atender toda la demanda asistencial con sus recursos en plazos razonables. Pero como por varios motivos no es así ni en La Rioja ni en ninguna otra comunidad, en todas se recurre a la concertación, concebida como una colaboración beneficiosa para los pacientes y desde luego para los proveedores de tales servicios, que no son ONGs sino empresas con un ánimo de lucro tan lícito como el de los fabricantes de ecógrafos, implantes quirúrgicos o antibióticos.

La salud es un derecho de todos pero resulta que sólo 350 de los 800 hospitales españoles son públicos, por lo que la concertación con los privados no debilita al SNS, lo fortalece. Frente a las críticas, el Tribunal Constitucional ha sentenciado que «la externalización de servicios sanitarios —que no privatización, como se pretende confundir a la opinión pública— no desnaturaliza su esencia pública».

Así que, ante la anunciada extinción del concierto con Viamed por el nonato gobierno riojano, esperamos que tengan a punto un buen plan alternativo para evitar que la actual demora media quirúrgica, de presumir gracias en buena parte al concierto, se dispare como el chupinazo. Porque suprimirlo solo por tenerle ganas, sustentadas en prejuicios ideológicos trasnochados y concesiones a grupos de presión políticos y sociales, sin prever sus consecuencias, sería irresponsable.

Tras cuatro décadas largas dedicado al ejercicio de mi especialidad médica y haber desempeñado la dirección asistencial de todos los hospitales riojanos, públicos y privados, felizmente jubilado y sin interés alguno en ninguna de las partes, me siento autorizado para advertir de que la realidad es muy testaruda y el SERIS, como todos los servicios regionales de salud, tendrá que aliviar su insuficiencia asistencial crónica recurriendo a la colaboración público-privada que sea. Se han probado otras fórmulas pero a largo plazo solo ésta resulta eficaz. Y quien piense que estoy abogando por Los Manzanos se equivoca: siempre fui contrario al concierto con la Seguridad Social porque sí desnaturaliza la esencia privada de un hospital que no lo necesita para subsistir, así que por un lado me alegraré si lo extinguen. Pero por otro, como uno está ya en edad de próstata, catarata y artrosis, este usuario del sistema público es el primer interesado en que funcione lo mejor y antes posible.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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