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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Votad, votad, malditos

Todas las encuestas públicas y privadas coinciden en que los políticos son uno de los principales problemas de España (incluso para el CIS, sólo detrás del paro). Tamaña anomalía sociológica en un país supuestamente democrático se ha agravado con el reciente informe europeo de la Fundación BBVA según el cual nada menos que el 82% de los encuestados opinan que «los políticos dedican más atención a sus propios intereses que a los de la sociedad» a la que supuestamente sirven, porcentaje sólo superado, faltaría más, por Italia.

Pues bien, el irritante fracaso de la formación de un gobierno tras las elecciones generales ¡de abril! ha demostrado que los líderes de los cuatro partidos políticos más importantes son unos perfectos incompetentes, que se han comportado como niñatos ensoberbecidos por sus egos, y que con sus «no te ajunto» de patio de colegio han abocando al país a un callejón sin salida por el que nos están arrastrando a todos hasta darnos de bruces contra el muro que bloquea la salida.

El mayor irresponsable de esta frustrante situación es sin duda Pedro Sánchez, ese caradura sin vergüenza, impostor y plagiario sin escrúpulos, que con su obstinada negativa a compartir el poder que tanto le pone se ha asegurado al menos otros seis mesecitos instalado en esa Moncloa a la que ha convertido en sede de su auténtico partido, el sanchismo, sin que los ciudadanos lo hayamos votado nunca. Pero los otros tres líderes, con sus noesnoes, sus fobias, sus tuits adolescentes, sus distintas ambiciones y su misma falta de visión de Estado, no están libres de culpa. Casado, Rivera e Iglesias son también culpables de las cuartas elecciones en un lustro, a las que estos Cuatro Jinetes de la Paralipsis tendrán la desfachatez de volver a concurrir para pedirnos de nuevo el voto en lugar de marcharse a sus casas dejando que otros lo intenten.

En cualquier empresa (privada, se entiende) cuando un trabajador de la plantilla, sea el consejero delegado o el último peón, proporciona sobradas muestras de ineptitud manifiesta para su trabajo, lo despiden sin contemplaciones y por la por la propia supervivencia (ahora lo llaman «sostenibilidad») de la compañía. Pues, señoras y señores, España es nuestra empresa común y esta pandilla de incapaces la ha metido de cabeza en la peor crisis institucional, social, económica y territorial de los últimos cuarenta años. ¿A qué esperamos para echarlos? ¡Ah!, ya entiendo, que no se puede, que eso tendrían que ser los suyos y cómo van a hacerlo si los han puesto ellos. Pues nada, resignados rehenes de este pervertido sistema político al que llaman democracia: remedando aquel cruel filme de Sydney Pollack, mientras el cuerpo electoral aguante, a seguir votándolos hasta la extenuación.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

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