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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Callejeando

El último paquete de calles logroñesas «franquistas» rebautizadas a capricho de unos ediles sentados en torno a una mesa demuestra la persistencia de trazas de autoritarismo en los órganos de poder españoles, en este caso locales, ya que los consistorios democráticos tampoco les preguntan a los afectados si quieren otro nombre para su calle o les gusta el nuevo, cuando no se chotean de ellos como con aquel cambalache de los Calvos Sotelos.

Dicen que así cumplen una ley de Memoria Histórica, pero lo cierto es que también se podía renombrar calles antes de promulgarla y Juan Yagüe ya era «el carnicero de Badajoz» cuando el PSOE ganó la alcaldía hace 37 años y durante los ocho que gobernaron la ciudad no les molestó —ni a nadie, seamos sinceros— que todo un barrio llevara el nombre con el que sus moradores seguirán nombrándolo. Si es por «popular», también lo sería para sus vecinos la calle de Jorge Vigón, un tecnócrata monárquico con las manos limpias de sangre que hizo bastante por el desarrollo de la ciudad. Desde luego, para aumentar la cuota femenina en el callejero logroñés no podían elegir mejor que a la admirable Pilar Salarrullana, aunque quizá hubiera sido más acertado dedicarle la calle Milicias, vecina a la casa donde vivió y soportó la cerril protesta a la peatonalización (por cierto, milicias y milicianos hubo en ambos bandos de la guerra civil y esa calle no se llamaba «Milicia nacional»). En cuanto a retirar una calle a un inocente asesinado por los republicanos (Víctor Pradera) y adjudicar otra a una inocente asesinada por los nacionales (Luisa Marín Lacalle) parece más Revancha Histórica. Y en lugar de Rosa Chacel podían haberse acordado de la gran soprano y maestra de cantantes Lola Rodríguez Aragón, nacida en Logroño, aunque claro, había que conocer su existencia.

Pero lo más llamativo ha sido dedicarles una plaza (que seguirá siendo «La fuente de Murrieta») y una avenida a entelequias como Diversidad y Solidaridad porque, sin adjetivos que las califiquen, no significan nada. Solidaridad es «adhesión a la causa de otros», pero ¿a cuál y de quiénes?, y diversidad quiere decir «variedad, diferencia o abundancia», ¿pero de qué? Ya metidos en el asunto, mejor haberles dado todo el gusto a sus impulsores llamándola sin tapujos «Plaza de la Diversidad Sexual» en vez de dejarlos a medias con un melindroso nomen interruptus.

A ver cuándo se enteran todos los ediles sentados en torno a una mesa que a la mayoría ciudadana se la refanfinfla el nombre de su calle, que cambiarlo proporciona más inconvenientes que satisfacción y que están ahí para resolver las inquietudes de los vecinos, no las suyas. Ustedes continúen bautizando calles como les parezca, que nosotros seguiremos llamándolas como nos dé la gana.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 1994.