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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Estresados

La extraña epidemia que se ha cebado recientemente con la mitad de los controladores aéreos de algunos aeropuertos va a traer más cola que la de un Airbus 380, la mayor del mundo después de las del INEM, el elefante africano y el actor Nacho Vidal. Resulta que hasta este año su jornada laboral era de 1200 horas anuales y hasta las 1800 que muchos metían de verdad eran extras, o sea pagadas a doblón. Pero desde la aprobación de la nueva ley que regula la actividad de tan selecto gremio su jornada no alcanza las 1700, de las que sólo 80 pueden ser extras, así que ahora trabajan algo menos pero cobrando bastante menos de los doscientos y muchos mil euros anuales que los pobreticos ganaban antes de que Fomento les metiera mano. Como ha señalado el ministro Blanco, parece que el cobro de una pila de horas al triple de las ordinarias los inmunizaba contra la enfermedad, así que ha sido quitárselas y ponerse tan malos que en una semana cogieron las bajas de todo un año afectados de estrés, o sea, de una “tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”. Una presunta enfermedad no detectada por análisis ni pruebas radiológicas cuyo diagnóstico, como el de un dolor de cabeza o de espalda, se basa en la palabra del paciente que el médico ha de creer aunque sospeche que lo están engañando, ya que no puede demostrarlo. Como toda huelga declarada o encubierta de unos pocos que perjudica a muchos, el absentismo masivo de los controladores ha sublevado a la opinión pública contra este colectivo pero, de paso cañazo, indirectamente también contra los médicos de cabecera que les concedieron la incapacidad laboral transitoria, señalados como cómplices necesarios del fraude. Quienes los acusan desconocen quizá que el tiempo del que dispone un médico generalista para atender a un paciente no llega a los cinco minutos; que la tercera parte de ese tiempo se le va en papeleo (recetas, partes, informes, etc); que si por sospecha de simulación un médico le negara la baja a un controlador y por lo que fuera se le descontrolara un avión, quien se la cargaría sería el médico; y que, según un prestigioso estudio internacional, las profesiones que más estrés generan son las de maestro/a, policía/o, médico/a y enfermera/o. El secretario de Controladores Aéreos de España (siglas: CAE, hay que joderse) ha manifestado: “Quieren meternos en vereda, pero somos un colectivo con una inteligencia superior a la media”. Superior, desde luego, a la de quienes pudiendo hacerse controladores se hicieron médicos, pues controlar aviones debe de ser más fácil y menos estresante que controlar a jetas sanos pillándose bajas.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 2004.


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