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Fernando Sáez Aldana

El bisturí

Patas

Hace poco comimos en un restaurante de la ribera navarra que no era precisamente una tasca y cuando pregunté ingenuamente qué eran las “Patas de ministro con tomate” ofrecidas en la carta, los presentes, más asombrados por mi incultura gastronómica que yo por el insólito nombre del entrante, me aleccionaron: “De qué van a ser, ¡de cerdo!”. Comentándolo después por ahí resulta que es una denominación usual de las sabrosas manitas de cerdo, lo que confirma dos cosas: lo poco que como fuera de casa y la pésima consideración del español hacia sus políticos en general y los que mandan en particular. Y es que vivimos en un país para el que parece haber sido creada ex profeso la llamada clase política. Afectados de incapacidad congénita para la autocrítica, los españoles siempre andamos achacando nuestros males a otros (todo es “una vergüenza” salvo lo propio), pero particularmente a unos políticos incapaces a su vez de reconocer sus meteduras de pata, sistemáticamente imputadas al adversario, apalancados en la paupérrima dialéctica del “y tú más”. Muchos ciudadanos entienden la democracia como la renovación cuatrienal del depósito en urna de su cuota de soberanía, a plazo fijo e interés decreciente, para que sus representantes hagan con ella lo que les salga del BOE a cambio de seguir culpándolos de todos sus problemas, públicos o privados. Poco importará que durante los cuatro años siguientes se deprecie esa inversión de su voluntad popular con cotizaciones al alza de los valores malos (impuestos, precios, edad de jubilación) y bajadas de los buenos (pensiones, salarios, velocidad máxima); que en España exista una economía sumergida del 20% del PIB (unos 58000 millones de euros) que duplica el déficit público; que profesionales y abusuarios de los servicios públicos sean los responsables del despilfarro insostenible; que jetas insolidarios parasiten a los currantes con su absentismo injustificado, o que individuos que podrían comer en su bidé empuerquen los espacios públicos y encima le echen la culpa al ayuntamiento por no limpiar. Todo lo infligimos y a la vez soportamos estoicamente con tal de poder tirar otros cuatro años culpando de todo a los políticos y creyendo que nos vengamos de ellos poniéndolos a parir en la barra o pasándonos correos que se pitorrean de ellos. Puedo imaginar a los vencedores de la noche electoral celebrándolo en un cinco tenedores a la salud del contribuyente, a un diputado electo preguntando qué es eso de “Manitas de votante rebozadas” y a un edil contestándole: “De qué van a ser, ¡de borrego!”, para regocijo de la cámara. Dame voto y dime cerdo. En este país, hoy como siempre, el único derecho intocable es al recochineo.

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Por Fernando SÁEZ ALDANA

Sobre el autor

Haro, 1953. Doctor en Medicina especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología jubilado en 2018, ya escribía antes de ser médico y lo seguirá haciendo hasta el final. Ha publicado varios libros de relatos y novelas y ha obtenido numerosos premios literarios y accésits. El bisturí es una columna de opinión que publica Diario LA RIOJA todos los jueves desde 2004.


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