Por si quedaba alguna duda, el fútbol se beneficia de una dispensa social en este país. ¿Se imaginan que estando como estamos en campaña electoral los implicados en un hediondo asunto relacionado con el ‘caso Torbe’ fuesen candidatos políticos en lugar de jugadores de fútbol? ¿De verdad que la reacción colectiva hubiese sido la misma que la que ha habido con De Gea y Muniain? Quiero pensar que no.
Pero el mundo del fútbol es cosa aparte. Y eso se constata ya con el comportamiento de los periodistas. Discrepo del enfoque que le dieron mis colegas de la prensa deportiva a la polémica de Muniain y De Gea. Escuché varias veces la comparecencia del portero el día que saltó el escándalo, concentrado en Ré con la selección nacional, y de verdad que sentí rubor: qué almibarados los periodistas, qué tacto, qué comprensión. Lo más incómodo que se le cuestionó es si este escándalo le afectaría a su juego. A lo que evidentemente el guardameta dijo que no porque «todo es mentira» y tal y pascual.
Ya por la noche, en un programa deportivo radiofónico, presté oídos a la entrevista que le hicieron al seleccionador Vicente del Bosque. Hombre, pues si el chico dice que no hay nada, hay que creerle, comentó, añadiendo que cuenta con el respaldo del vestuario y del cuerpo técnico. No se le ha muerto el perro. Recordemos. Se le ha implicado en un tema relacionado con la prostitución y el abuso sexual de menores.
Este asunto aún no ha llegado a manos de un juez, cierto, pero se suma al juicio contra Leo Messi y su padre por fraude fiscal. ¿Vieron las imágenes de la entrada de la estrella blaugrana en la Audiencia de Barcelona hace unas semanas jaleado por los gritos de ánimo de los aficionados? No entiendo cómo estas personas descuidan que son parte de los posibles defraudados y conforman la escuadra por donde el astro quiso meternos un gol a todos.
Nota: la foto pertenece a nbcdeportes